



Por Carlos Zimerman
Javier Milei es, sin discusión, el fenómeno popular más importante de la Argentina de los últimos treinta años. Ningún dirigente en este período logró generar un nivel de adhesión, identificación y expectativa de cambio tan profundo como el que hoy encarna el Presidente. Su figura excede a un partido político: expresa un hartazgo social acumulado durante décadas y, al mismo tiempo, una esperanza colectiva largamente postergada.
Milei tomó un país con la democracia plenamente consolidada, pero devastado económica, social y moralmente por años de populismo, improvisación y corrupción. Frente a ese escenario, decidió dar la batalla que nadie se animó a dar: enfrentar de manera concreta a la inflación, el impuesto más injusto y perverso que castiga con mayor dureza a los sectores más vulnerables. Si bien el problema aún existe, dejó de ser una condena eterna y avanza claramente hacia su extinción.
El argentino es, en su esencia, liberal. Cree en el trabajo, en el esfuerzo personal, en el mérito y en la libertad como motor del progreso. Milei entendió esa matriz cultural profunda y le devolvió a la gente algo que parecía definitivamente perdido: la esperanza. La convicción de que el sacrificio vale la pena, de que esta vez el ajuste no es para sostener privilegios políticos sino para ordenar el país y sentar las bases de un futuro distinto.
La Argentina, además, comenzó un proceso firme de reinserción en el mundo. Volvió a ocupar un lugar en la agenda internacional, a ser escuchada y respetada en los estamentos más importantes del planeta. Al mismo tiempo, el populismo dañino y corrupto que gobernó durante años empieza a quedar atrás, jubilado por su propio fracaso y por el rechazo social que generó.
Este ya es otro país. Por primera vez en mucho tiempo, los argentinos miran hacia adelante con expectativa y no con resignación. Todo indica que en dos años Javier Milei será reelecto y que se impondrá en las principales provincias del país, consolidando un liderazgo nacional contundente.
El gran cambio, incluso, todavía está por venir. Su segundo mandato será el de las transformaciones profundas, el de las reformas estructurales que permitirán despegar definitivamente. El camino que se abre no es otro que el de la prosperidad y el desarrollo.
Javier Milei le devolvió la esperanza a la gente. Y cuando un pueblo recupera la esperanza, el futuro deja de ser una promesa vacía para convertirse en una posibilidad real.









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