Consumo en disputa: entre los números oficiales y el malhumor de la calle

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • El Gobierno sostiene que el consumo alcanzó niveles récord y niega una crisis económica.
  • Consultoras privadas advierten una caída del consumo masivo y menor actividad en supermercados.
  • PxQ detectó una diferencia entre las estadísticas oficiales y la percepción del mercado interno.
  • El peso creciente de tarifas y servicios reduce la capacidad de compra de los hogares.
  • Los salarios podrían volver a ganarle a la inflación por primera vez en casi un año.
  • La recuperación del consumo dependerá de la baja inflacionaria y de la mejora del poder adquisitivo.

El debate sobre el consumo volvió a instalarse con fuerza en la escena económica y política argentina. Mientras el Gobierno insiste en que la actividad muestra signos de recuperación y niveles históricamente elevados, distintos sectores opositores y consultoras privadas advierten que la mejora no se percibe de manera uniforme en la vida cotidiana. La discusión sumó un nuevo capítulo tras la difusión de un informe de la consultora PxQ, que planteó la existencia de una aparente desconexión entre las estadísticas oficiales y algunos indicadores concretos del mercado interno.

El presidente Javier Milei aseguró recientemente que el consumo atraviesa un momento récord y descartó de plano la idea de una crisis. Como parte de esa defensa, el mandatario compartió en redes sociales imágenes de centros comerciales y restaurantes repletos de clientes, especialmente durante fines de semana y cierres de mes. La intención fue contrarrestar el relato de recesión impulsado desde la oposición y mostrar una economía con señales visibles de recuperación.

Sin embargo, algunos datos privados parecen ir en otra dirección. La consultora Scentia indicó que el consumo masivo cayó un promedio de 3,3% durante el primer cuatrimestre del año. Ese indicador, vinculado especialmente a las compras cotidianas en supermercados y autoservicios, refleja que todavía existen dificultades en amplios sectores de la población para recuperar hábitos de gasto previos.

El informe de PxQ introduce un elemento adicional en la discusión. Allí se reconoce que el consumo privado registró un crecimiento interanual del 7,9% en 2025 y alcanzó niveles máximos históricos. No obstante, la consultora advierte que ese dato convive con una realidad salarial mucho más débil. Según el análisis, la masa salarial real todavía se encuentra 11% por debajo del pico registrado en 2015, mientras que las ventas en supermercados continúan rezagadas respecto de años anteriores.

La explicación de esa aparente contradicción se encuentra en la metodología utilizada para medir el consumo. PxQ sostiene que, desde el punto de vista estadístico, todo ingreso que no se destina al ahorro se considera consumo. Bajo esa lógica, un incremento en gastos inevitables como tarifas, alquileres o servicios públicos puede hacer crecer el consumo medido por las estadísticas, aunque eso no implique una mejora efectiva en la calidad de vida ni en la capacidad de compra de bienes.

La consultora ejemplifica la situación con un caso sencillo: si un hogar deja de ahorrar para poder afrontar mayores gastos fijos, el consumo total aumenta en términos contables, aun cuando la familia no compre más productos ni mejore su bienestar. A partir de esa premisa, el informe recalcula el indicador descontando rubros como servicios públicos, turismo en el exterior y bienes importados. El resultado es significativamente menor: el llamado “consumo del mercado interno” habría crecido apenas 1,4%, muy lejos del 7,9% informado en el cálculo general.

Las diferencias también aparecen cuando se observan períodos más largos. Desde 2017 hasta la actualidad, las ventas en supermercados acumulan una caída cercana al 17%, mientras que las importaciones de bienes finales crecieron y el consumo eléctrico aumentó de manera considerable. Para los analistas, esto sugiere que el patrón de gasto de los hogares cambió profundamente y que parte de la recuperación se concentra en sectores específicos con mayor capacidad adquisitiva.

En paralelo, el comportamiento de los salarios sigue siendo una variable central para entender la dinámica del consumo. La consultora Synopsis señaló que los acuerdos paritarios de mayo registraron una mejora promedio de 2,5%, un nivel que podría ubicarse por encima de la inflación mensual estimada por las principales consultoras privadas. De confirmarse esa tendencia, sería la primera vez desde mediados de 2025 en que los salarios logran ganarle al avance de los precios.

Aun así, la recuperación del poder adquisitivo continúa siendo parcial. En los últimos doce meses, los incrementos salariales quedaron varios puntos por detrás de la inflación acumulada. Además, algunos de los gremios más numerosos acordaron subas inferiores incluso a las proyecciones inflacionarias de mayo, lo que refleja las dificultades para recomponer ingresos en un contexto todavía marcado por la cautela empresarial y el control oficial sobre las negociaciones salariales.

Otro factor que condiciona el escenario es el fuerte aumento del peso de los servicios básicos dentro del presupuesto familiar. Diversos estudios privados sostienen que tarifas, salud y educación absorben hoy una porción considerablemente mayor de los ingresos que hace apenas dos años. Esa situación limita el margen disponible para gastos considerados no esenciales y explica por qué muchos comercios todavía no perciben una recuperación contundente en las ventas.

En este contexto, las perspectivas de recuperación del consumo aparecen atadas a dos variables clave: la consolidación de una baja sostenida de la inflación y la recomposición gradual del salario real. Los analistas coinciden en que el crédito también jugará un papel importante durante los próximos meses, especialmente si la estabilidad macroeconómica se mantiene y mejora la capacidad de financiamiento de hogares y empresas.

La discusión, de todos modos, parece lejos de cerrarse. Mientras el Gobierno pone el foco en los indicadores agregados y en algunos sectores que muestran signos de fuerte dinamismo, buena parte de la población sigue evaluando la economía desde la experiencia cotidiana del bolsillo. Y en ese terreno, las estadísticas muchas veces no alcanzan para disipar la sensación de incertidumbre que todavía atraviesa a millones de argentinos.

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