"El BCRA no tiene reservas por sus disparatadas decisiones monetarias", advierte Juan Luis Bour, de FIEL

ECONOMÍA 25/12/2021 Por Mariano Jaimovich*
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La Argentina está en un "momento crítico", considera Juan Luis Bour, director y economista jefe de FIEL, a iProfesional, en una entrevista en la que habla de la actualidad del país y la gestión del Gobierno.

De cara a lo que puede suceder el año que viene, este experto sostiene que "hoy el riesgo país es el de una economía en default", y que Guzmán "quemó" todos los libros al asumir como ministro.

-¿Qué evaluación hace de este momento económico del país donde el acuerdo con el FMI y el presupuesto concentran toda la atención?
-La Argentina está, como en muchos períodos de su historia, en un momento crítico. Es decir, tuvo un rebote muy fuerte tras la pandemia, que se explica por dos factores: viento de cola por los precios internacionales record, que aún se mantienen, más el regalo de los u$s4.300 millones del FMI, una demanda explosiva de los mercados mundiales, junto con una oferta limitada del resto del mundo por problemas esencialmente logísticos.

El segundo factor es el alto nivel de capacidad ociosa de comienzos de 2020, tras dos años de recesión (2018 y 2019). Ese rebote puede confundir a más de uno, a menos que miren con detalle las razones del aumento exportador por las condiciones externas inmejorables. Y del rebote de la construcción y la importación de bienes de capital, que son la forma de dolarizarse de individuos y empresas ante la degradación y cierre del mercado de capitales.

El rebote, en efecto, se produce a pesar de, y no a raíz de las políticas públicas. Las empresas huyen de Argentina en medio de un crecimiento del PBI de 10%. El empleo asalariado privado formal es menor que en 2019 en términos absolutos. La Argentina perdió su ya lamentable status de economía de frontera en este año de rebote, y hoy el riesgo país es el de una economía en default. A pesar de tener un superávit cercano a los u$s15 mil millones en el mercado de bienes, el Banco Central se encuentra sin reservas por sus disparatadas decisiones monetarias.

Además, el PBI está frenándose, y de hecho cae cuando se lo ajusta por estacionalidad. Y la inflación llega a 51% a pesar de que INDEC mide precios con más de 13% de "precios cuidados" congelados, más de 15% de precios regulados frenados, y con otros precios, como el tipo de cambio, que son usados como anclas nominales.

-¿Cómo juega en contra la falta de un programa claro de gobierno?
-El Presidente Fernández y su ministro Guzmán están decididos a transcurrir los próximos dos años sin presupuesto real, ya que el proyecto que tienen en mente es tener un presupuesto discrecional, manejado a punta de DNU. Con ello, tener mecanismos que les permitan gozar de amplias libertades para asignar gasto, aumentar la tributación (sin actualizar escalas, por ejemplo) y premiar a subgrupos de la población afines.

Ese "programa" difícilmente será digerible para el FMI, y en cualquier caso, como en el hipotético escenario de un acuerdo light que evite entrar en cesación de pagos con el Fondo Monetario y el Club de Paris, implica que los mercados voluntarios de deuda permanezcan cerrados.

Al menos, esto será hasta fines de 2023, si es que no sobreviene un nuevo y generalizado default. Todo configura un escenario crítico.

-En este contexto, ¿qué puede ocurrir con el dólar y la inflación?
-Si bien todas las miradas están puestas en lo que pasará con el dólar y la inflación en el corto plazo, la respuesta a estos interrogantes es contingente del programa fiscal, monetario y regulatorio en general que defina el Gobierno.

Entonces, si tenemos más de lo mismo, como represión generalizada de precios, con ajustes puntuales de tarifas para algunos segmentos y aumentos de impuestos localizados, devaluación por debajo de la inflación y tasas de interés real negativas, el escenario será altamente volátil y el período terminará con brecha cambiaria y riesgo país en niveles récord.

Por el contrario, un programa económico que corrija desequilibrios fiscales, básicamente por el lado del gasto, llevaría a un menor financiamiento monetario y un cambio de expectativas, que reduciría las brechas en el mercado de cambios.

Este segundo escenario, sin embargo, no está en la caja de herramientas de Guzmán, que ha devenido en un clásico político argentino que, tal como fuera Amado Boudou, quemó los libros al asumir su cargo en Economía.

-¿Por qué la inflación no baja con tantas restricciones a los precios?
-Altos niveles de inflación son necesarios en el programa de Fernández-Guzmán para licuar flujos, como jubilaciones y salarios que se ajustan rezagadamente, y stocks, que es la enorme deuda de títulos que acumula el Banco Central.

Si la inflación cayera al 33% en 2022, sería una tragedia para el Gobierno, porque explotarían tanto el déficit primario como el déficit cuasifiscal.

Por eso, las intervenciones del secretario de Comercio congelando precios son sólo gestos para la tribuna, que caerán en el momento que deban ajustarse esos precios, como ocurre tras un congelamiento tarifario.

Da la impresión que el rol de este funcionario sólo es relevante 3 o 4 meses antes de las elecciones, para diluirse después.

Por supuesto que, técnicamente, la inflación no cede porque hay exceso de oferta de pesos, y las expectativas de ajustes inminentes que llevan al mínimo el uso del peso como reserva de valor.

-Entonces, ¿qué futuro nos espera como país?
-De lo anterior se infiere que el principal problema que enfrenta la Argentina no tiene que ver con falta de demanda del resto del mundo, viento de frente por bajos precios internacionales, falta de cooperación del Fondo Monetario para prorrogar vencimientos o malas cosechas.

El problema es que el capitán a cargo del barco, que es el tándem entre Fernández y Guzmán, quiere manejarse sin leer los instrumentos que le indican que vamos en curso de colisión.

Para el resto del mundo un nuevo choque de Argentina, entrando en default generalizado, no sería dramático, pues el país es insignificante en el mercado financiero, y sólo afectaría en el margen nuestra provisión de productos primarios exportables.

Para los argentinos, en cambio, lo que nos ofrece una gestión procrastinadora, que rehúye corregir los problemas gestados en décadas de populismo, es un viaje sin brújula que requiere de mucha suerte para llegar a un mejor destino.-

 

 

* Para www.iprofesional.com

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