Plan llegar: avanzando hacia el abismo

OPINIÓN 16 de noviembre de 2022 Por Manuel Solanet (h)*
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La economía argentina es como un lugar montañoso donde, a lo lejos, podemos ver un paisaje idílico de bosques, lagos y montañas nevadas. Todos los políticos nos prometen llevarnos hasta allá en un viaje placentero, pero los caminos de montaña son sinuosos, peligrosos y con precipicios en lugar de banquinas.

Nuestro país no tiene un único chofer, sino varias personas al volante que no logran ponerse de acuerdo en cómo dirigir la economía. Mientras una aprieta el acelerador, el otro aprieta el freno. Uno trata de doblar hacia la derecha y la otra hace fuerza en el volante hacia la izquierda. Sólo están de acuerdo en que, al llegar a determinado punto, las elecciones, la velocidad tiene que ser la mayor posible sin importar las curvas que se tienen por delante. Esta combinación entre la duda sobre dónde está el piloto y un sendero estrecho y sinuoso no es otra cosa que la receta perfecta para el desastre.

Sobran los ejemplos del doble comando. Mientras una parte del Gobierno reduce el gasto aprovechando la inflación para atrasar salarios y jubilaciones, otra parte promueve el pago de un bono de fin de año. Al darse cuenta de que esta medida podría ser equivalente a echar nafta al fuego, se limitaría el bono a los trabajadores privados. Como si las empresas tuvieran bolsillos infinitos e ignorando que estas medidas también tienen impacto en la economía.

Otro. Se decretó un aumento de las tarifas de los servicios públicos, una medida que es racional y que genera los incentivos correctos para que no se consuma energía en exceso. Pero, por las pujas políticas, la medida fue tardía e incompleta, ya que una parte del Gobierno resistía el recorte de los subsidios, la inflación está retrasando nuevamente las tarifas y un gran número de consumidores quedó exceptuado del aumento.

Una más. Al BCRA le sacan los dólares de las manos por varias razones. Al que los genera, el campo, lo castigamos con retenciones, lo que redunda en menor producción de bienes exportables. Y promovemos las importaciones manteniendo un tipo de cambio oficial artificialmente bajo, al que todo el que puede intenta acceder. En vez de solucionar este problema se acude a los parches para no lastimar las sensibilidades políticas: dólar soja, dólar Coldplay, dólar Qatar (para que el argentino que viaja no gaste), dólar turista receptivo (para que el extranjero que viene gaste), dólar software y decenas de etcéteras.

Penúltimo ejemplo, un tema menor pero que muestra la miopía de nuestros gobernantes. El billete de mayor denominación ($ 1.000) equivale a USD 3,50. Es tan absurdamente bajo su valor, que los hinchas del Corinthinas, en su visita a la Bombonera, se burlaban de los de Boca rompiendo billetes de $1.000 y sobran los videos de turistas pagando con fajos enteros sus compras. Con billetes de mayor denominación se podrían ahorrar unos USD 400 millones al año en costos de impresión. La (sin)razón de no autorizar billetes de $ 5.000 (USD 17) y $ 10.000 (USD 35) es que dejaría aún más en evidencia la inflación galopante.

Finalmente, ante el susto de una inflación que no afloja, se va a implementar un plan de control de precios. Una vez más, en vez de atacar las razones de la fiebre se le pone una traba al termómetro. Quizás quieran emular el plan Gelbard, aunque vale recordar que nos llevó al desabastecimiento y al Rodrigazo. Aquel plan duró dos años, o sea que, si se repitieran los tiempos, sería más que suficiente para llegar a las elecciones del año que viene. La bomba de un nuevo Rodrigazo quedarían para el que siga.

Retomando la alegoría inicial, a los pasajeros nos muestran un destino de una tierra de bosques, lagos y montañas, pero el viaje es a los barquinazos y con una rueda por fuera del camino. El objetivo de los choferes es evitar el choque antes de las elecciones, pero el problema es que, si tenemos la suerte de que lo logren, nos dejarán enfilando hacia el abismo. Y a máxima velocidad.

 

 

* Para www.infobae.com

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