Venezuela: crónica de un ataque anunciado desde hace meses

INTERNACIONALES Pablo Scarpellini*
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Bombardeo en el Fuerte Tiuna, en Caracas.STRAFP

Los bombardeos de Estados Unidos sobre Caracas y otros puntos de Venezuela son parte de una crónica bélica que se veía venir desde hace meses. Donald Trump, el presidente que durante años presumió de no tener guerras en su haber y que persigue desde hace tiempo el premio Nobel de la Paz, llevaba meses amenazando y lanzando advertencias al régimen de Nicolás Maduro, a quien el Departamento de Estado ha calificado como el jefe de un "estado narcoterrorista". Primero fueron los ataques indiscriminados a lanchas con rumbo a Estados Unidos, causando la muerte de al menos 115 presuntos narcotraficantes, y después la incautación de buques cargados con petróleo venezolano. Un ataque a mayor escala era solo era cuestión de tiempo.

Desde finales de agosto, el Pentágono ha concentrado tropas, aeronaves y buques en el Caribe con el pretexto de la guerra contra el narcotráfico a la que Trump se ha referido en numerosas ocasiones. En un solo mes, aviones militares de carga C-17 han realizado al menos 16 vuelos hacia Puerto Rico con equipo y tropas que sumar a los 15.000 efectivos que ya están desplazados en el Caribe. De fondo, el plan para derrocar a Maduro del que se hablaba en Washington y que empezó a tomar forma tras la confirmación por parte del propio Trump.

"Estados Unidos ha llevado a cabo con éxito un ataque a gran escala contra Venezuela y su líder, el presidente Nicolás Maduro, quien fue capturado y trasladado en avión, junto con su esposa, fuera del país. Esta operación se realizó en colaboración con las fuerzas del orden estadounidenses. Se proporcionarán detalles próximamente. Hoy a las 11:00 a. m. habrá una conferencia de prensa en Mar-a-Lago. ¡Gracias por su atención! Presidente Donald J. Trump", escribió en su red social, Truth Social.


Oleada de bombardeos a Venezuela y el país acusa a Estados Unidos del ataqueEL MUNDO
La vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, exigió "al gobierno de Donald Trump una prueba de vida inmediata" de Nicolás Maduro ya que desconoce su paradero. La captura de Maduro habría sido llevada a cabo por la fuerza Delta.

Es la culminación, al menos parcialmente, de una operación para acabar con Maduro que ha sido una suerte de obsesión para Trump desde el principio. Desde su llegada a la Casa Blanca en 2017, el republicano convirtió a Venezuela en un caso ejemplar de su política exterior: máxima presión, retórica sin matices y desprecio abierto por las vías diplomáticas tradicionales. Maduro fue señalado desde el inicio como un fraude electoral, un dictador sostenido por el crimen organizado y una amenaza directa a la seguridad hemisférica. La narrativa no solo deslegitimó al régimen sino que preparó el terreno para justificar medidas extraordinarias.

Primero fueron las sanciones financieras y petroleras para asfixiar al Estado venezolano, Después, en marzo de 2020, el Departamento de Justicia acusó formalmente a Maduro de narcoterrorismo y puso precio a su cabeza. Con ese gesto, Washington cruzó una frontera simbólica: dejó de tratarlo como un jefe de Estado y lo convirtió en objetivo criminal.

Desde entonces, la presión ha adquirido un cariz militar. Bajo el paraguas de la "guerra contra las drogas", el Pentágono desplegó fuerzas navales y aéreas en el Caribe en una escalada inédita en décadas. Embarcaciones pequeñas fueron atacadas, rutas marítimas vigiladas y el uso de fuerza letal normalizado bajo el argumento de un conflicto armado con cárteles. Cada operación reforzaba la idea de que el enfrentamiento ya no era hipotético, sino operativo.

La línea se volvió aún más difusa cuando la CIA entró en escena con acciones encubiertas y ataques selectivos. El mensaje era inequívoco: Estados Unidos estaba dispuesto a llevar la confrontación dentro del territorio venezolano. Paralelamente, la ofensiva contra petroleros y cargamentos de crudo buscó estrangular la última palanca de supervivencia del régimen, empujándolo hacia una crisis terminal.

En octubre, Trump comenzó a coquetear con la idea de atacar territorio venezolano y en noviembre habló "de días contados" para Maduro en el poder. Después, jugó al despiste al descartar una intervención tan fulminante como la que ha llevado a cabo el sábado de madrugada en Caracas y otras regiones del país.

Son las dos caras del republicano, empeñado por un lado en mostrarse como el valedor de la paz en el mundo, presumiendo de haber acabado con ocho conflictos en 11 meses —sin que en realidad se le pueda atribuir ese mérito— y rompiendo en mil pedazos, por otro, su halo de mandatario antibelicista. En los 11 meses que lleva de vuelta en la Casa Blanca ha lanzado ataques en Irán, Somalia, Irak, Yemen, Nigeria, Siria y ahora Venezuela. El cambio de paradigma es notorio y su próximo objetivo, impredecible.

*Para El Mundo

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