Israel y Libano entre la búsqueda de un acuerdo de paz histórico y el fuego en el terreno

INTERNACIONALES Simón DERONDA

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La séptima ronda de conversaciones entre Líbano e Israel, celebrada en Roma bajo la mediación de Estados Unidos, ha vuelto a poner sobre la mesa la posibilidad concreta de un acuerdo de paz duradero entre dos naciones que permanecen técnicamente en estado de guerra desde 1949. A pesar de que la sesión debió suspenderse temporalmente tras un ataque militar israelí en la localidad de Tebnin que dejó un saldo mortal y varios heridos, el Departamento de Estado norteamericano ratificó que existen avances sustanciales para estructurar un marco de pacificación definitivo.

La viabilidad de una paz sostenible en la región se apoya en el compromiso alcanzado el pasado junio en Washington, el cual establece una hoja de ruta con mecanismos de reciprocidad clara. Por un lado, el plan exige la retirada gradual y total de las fuerzas armadas israelíes del sur del territorio libanés; por el otro, condiciona ese repliegue al desarme integral de la milicia chií Hezbollah y al despliegue exclusivo del Ejército nacional libanés en las zonas fronterizas evacuadas, un proceso piloto que ya dio sus primeros pasos en la localidad de Zawtar al Garbiya.

Para que las negociaciones trasciendan una tregua temporal y se consolide un acuerdo de paz formal, la diplomacia internacional busca formalizar mesas de trabajo técnicas en tres ejes estratégicos: la delimitación precisa de las fronteras internacionales, un cronograma de desarme verificado para las milicias locales y un plan multinacional para la reconstrucción de la infraestructura devastada en el sur de Líbano. El primer ministro libanés, Nawaf Salam, ha presionado internamente para consolidar estos puntos y avanzar hacia la restitución plena de la soberanía de su país.

Sin embargo, el camino hacia la paz enfrenta serios obstáculos que amenazan su concreción. El secretario general de Hezbollah, Naim Qassem, ha rechazado tajantemente la vía diplomática por considerarla una capitulación, negándose a entregar el armamento sin un compromiso de evacuación inmediata e incondicional por parte de Tel Aviv. A esto se suma la constante dinámica de ataques en el terreno, donde el recuento de víctimas supera los 4.300 muertos desde marzo, lo que demuestra que la firma de un tratado de paz definitivo dependerá de la capacidad de Washington para contener las ofensivas militares y neutralizar el veto de los sectores más extremistas.

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