El trabajo y la producción empiezan a buscar un país después de 2027

OPINIÓN Ricardo ZIMERMAN

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Por RICARDO ZIMERMAN

x: @RicGusZim1

Hay algo más profundo que una simple agenda de reuniones detrás de los dos encuentros que, a fines de agosto, sentarán en la misma mesa a sindicalistas y empresarios. En apariencia, se trata de jornadas destinadas a discutir producción, empleo, productividad y economía. En el fondo, expresan una preocupación bastante más incómoda: qué queda de la Argentina productiva después de casi tres años de un modelo que hizo del ajuste, la apertura y la retracción del Estado sus principales herramientas de transformación.

Que empresarios y dirigentes sindicales decidan encontrarse para elaborar propuestas destinadas al próximo presidente no debería ser interpretado como una anécdota corporativa. Es, en todo caso, una señal política. Y acaso una de las más interesantes que está produciendo el escenario argentino. Porque cuando quienes representan al capital y quienes representan al trabajo empiezan a discutir qué país quieren construir más allá de 2027, lo que están haciendo es admitir que el presente no alcanza y que tampoco parece existir demasiada confianza en que las actuales políticas puedan resolver por sí solas los problemas estructurales de la economía.

El dato que funciona como telón de fondo es contundente. Desde la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada, el universo de empresas registradas y el empleo privado formal sufrieron una contracción significativa. Más de 30.000 empresas habrían dejado de operar y se perdieron alrededor de 240.000 puestos de trabajo formales. Detrás de cada número hay una fábrica que redujo turnos, un comercio que cerró, una pyme que dejó de contratar o un trabajador que pasó a engrosar las filas de quienes buscan una oportunidad que ya no aparece con facilidad.

El problema, por supuesto, no consiste solamente en contabilizar cierres y despidos. La cuestión central es qué tipo de economía emerge cuando la reducción de costos se convierte prácticamente en el único horizonte. Una economía puede mejorar determinados indicadores financieros y, al mismo tiempo, deteriorar su entramado productivo. Puede exhibir equilibrio fiscal y perder capacidades industriales. Puede contener determinadas variables macroeconómicas mientras expulsa empresas, trabajadores y conocimiento acumulado durante décadas.

Por eso resulta significativa la elección de Rosario como escenario del encuentro denominado “Argentina Produce”. Que una discusión de estas características salga de Buenos Aires tiene un valor que excede la geografía. El interior productivo suele aparecer en el discurso político como una fotografía conveniente durante las campañas electorales, pero desaparece cuando llega la hora de diseñar políticas nacionales. Sin embargo, buena parte de la industria, las pymes y las cadenas de proveedores se encuentran precisamente lejos de los despachos porteños donde se toman muchas de las decisiones que determinan su supervivencia.

Santa Fe, Córdoba, San Nicolás y otros polos industriales conocen bien las consecuencias de una economía que pierde demanda interna, financiamiento y previsibilidad. Y allí aparece una coincidencia que durante mucho tiempo parecía difícil de imaginar: empresarios y sindicalistas pueden tener conflictos salariales, discutir costos laborales y enfrentarse por la distribución del ingreso, pero existe un punto elemental que los obliga a mirarse a la cara. Sin empresas no hay empleo privado y sin trabajadores con empleo no existe mercado interno capaz de sostener una parte importante de esas empresas.

Ese razonamiento, que parece obvio, adquiere una dimensión política cuando se lo coloca frente al paradigma oficial. La discusión no debería reducirse a elegir entre empresarios y trabajadores, como si fueran actores condenados a enfrentarse permanentemente. El verdadero desafío es construir las condiciones para que ambos puedan desarrollarse. Una empresa necesita rentabilidad para sobrevivir, invertir y crecer. Un trabajador necesita salario, estabilidad y derechos para vivir dignamente. El conflicto distributivo existe y seguirá existiendo, pero convertirlo en una guerra permanente sólo termina debilitando al sistema productivo.

El segundo encuentro, impulsado por organizaciones sindicales e industriales, profundiza esa misma búsqueda desde otro ángulo. La inclusión de temas como educación técnica, inteligencia artificial, productividad, calidad de vida e industria demuestra que la discusión empieza a desplazarse de la coyuntura hacia el futuro. Y allí aparece una cuestión que el debate político argentino suele esquivar: ningún proyecto productivo serio puede limitarse a discutir cuánto se paga de salario o cuánto tributa una empresa. También debe preguntarse qué se fabrica, cómo se fabrica, con qué tecnología, quiénes son los trabajadores que lo hacen y qué capacidades necesita el país para competir.

La paradoja es que quienes durante años estuvieron enfrentados por salarios, convenios y condiciones laborales ahora parecen coincidir en algo básico: tampoco quieren que desaparezcan las empresas. Y los empresarios, que históricamente reclamaron flexibilidad y reducción de costos, necesitan comprender que una economía sin trabajadores con poder de compra también termina destruyendo mercados.

Los encuentros de Rosario y Cañuelas pueden fracasar, convertirse en fotografías protocolares o terminar en documentos que acumulen buenas intenciones. Pero sería un error despreciar lo que expresan. Hay una parte del entramado productivo que está intentando adelantarse a la discusión electoral de 2027 para plantear una pregunta que el oficialismo todavía no responde satisfactoriamente: ¿qué Argentina queda después del ajuste?

Porque gobernar no consiste solamente en ordenar las cuentas. También implica decidir qué capacidades productivas se quieren preservar, qué empleos se quieren crear y qué sectores serán capaces de generar riqueza dentro de una década. Y si empresarios y trabajadores empiezan a buscar esas respuestas juntos, tal vez estén señalando, antes que la política, dónde se encuentra una de las discusiones verdaderamente importantes de la Argentina que viene.

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