Por qué el yogur está asociado a menor riesgo de enfermedades crónicas

SALUD Y NUTRICIÓNAna COHENAna COHEN

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En la rutina diaria, incorporar un alimento tan común como el yogur podría tener efectos beneficiosos sobre la salud a largo plazo. Distintas investigaciones internacionales encontraron una asociación entre su consumo habitual y un menor riesgo de enfermedades crónicas, entre ellas la diabetes tipo 2, la obesidad y algunos trastornos cardiovasculares.

Estos resultados pusieron el foco en el yogur y, especialmente, en su relación con la microbiota intestinal, un conjunto de billones de microorganismos que cumplen funciones importantes en el sistema inmunológico y el metabolismo.

Durante años, la prevención de enfermedades crónicas estuvo principalmente relacionada con factores como el peso corporal, la presión arterial y el tabaquismo. En los últimos tiempos, la comunidad científica comenzó a prestar mayor atención a la salud intestinal y al papel que cumple la alimentación en la composición de la microbiota.

Según el equipo de PROFENI (Profesionales en Nutrición), la relación entre la microbiota y las enfermedades crónicas se convirtió en uno de los campos de investigación más activos dentro de la nutrición.

La hipótesis es que una alimentación variada puede contribuir a desarrollar una microbiota más diversa y saludable. En ese contexto, los alimentos fermentados, como el yogur, adquieren especial relevancia porque contienen microorganismos vivos.

Yogur: un alimento fermentado con microorganismos vivos

Entre los alimentos fermentados, el yogur ocupa un lugar destacado. Se produce a partir de la fermentación de la leche mediante bacterias como Lactobacillus delbrueckii subsp. bulgaricus y Streptococcus thermophilus, que permiten que el producto conserve microorganismos vivos.

Algunos yogures también incorporan otras cepas probióticas, como Lactobacillus casei o Bifidobacterium lactis, que son estudiadas por su posible relación con distintos aspectos del metabolismo.

La doctora Andrea González, integrante de PROFENI y jefa del Departamento de Alimentación del Hospital de Gastroenterología Dr. C. Bonorino Udaondo, explicó que la investigación nutricional está avanzando hacia una mirada más integral sobre los alimentos y su interacción con la microbiota intestinal.

Además de aportar calcio, proteínas y otros nutrientes, el yogur constituye una alternativa para incorporar microorganismos vivos a la alimentación cotidiana.

Los especialistas también diferencian al yogur de otros productos fermentados. PROFENI advierte que el kéfir y la kombucha pueden generar trazas de alcohol durante la fermentación, motivo por el cual desaconseja su consumo en niños.

Qué dicen los estudios sobre el consumo de yogur

La evidencia científica sobre los posibles beneficios del yogur se incrementó en los últimos años. Un metaanálisis que incluyó a 483.090 personas de Estados Unidos, Reino Unido, Países Bajos, España, Australia y Japón encontró una asociación entre el consumo de yogur y un menor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.

Según ese análisis, cada 50 gramos adicionales de yogur consumidos diariamente se asociaron con una reducción del 7% en el riesgo de diabetes tipo 2.

Otro estudio, realizado sobre más de 27.000 participantes, encontró que una mayor ingesta de alimentos con microorganismos vivos estaba asociada con mejores indicadores cardiometabólicos, entre ellos la presión arterial, la glucemia, la insulina, los triglicéridos, el colesterol HDL y el perímetro de cintura.

La doctora María Elena Torresani, directora de la Carrera de Especialistas en Nutrición con orientación en Obesidad de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA) e integrante de PROFENI, destacó que los posibles beneficios no necesariamente se explicarían únicamente por los nutrientes del yogur, sino también por la presencia de microorganismos vivos y su interacción con la microbiota intestinal.

La “dosis diaria” de microorganismos vivos

Uno de los conceptos que comenzó a ganar espacio en la investigación nutricional es el de “dosis diaria de microorganismos vivos”.

La propuesta plantea que, así como existen recomendaciones para determinados nutrientes, podría ser útil promover una ingesta habitual de microorganismos vivos a través de la alimentación.

Este enfoque también comenzó a aparecer en algunas recomendaciones internacionales. Por ejemplo, las Guías Alimentarias de Estados Unidos incorporaron referencias a los posibles beneficios de los alimentos fermentados.

Uno de los mecanismos estudiados está relacionado con el butirato, un ácido graso de cadena corta producido por la actividad de determinadas bacterias intestinales. Esta sustancia contribuye al mantenimiento de la barrera intestinal y participa en la regulación de procesos inflamatorios.

La doctora Mónica Katz, expresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición e integrante de PROFENI, señaló que una microbiota intestinal diversa y saludable está asociada con una mejor regulación de procesos inflamatorios, inmunológicos y metabólicos, factores vinculados con el desarrollo de distintas enfermedades crónicas.

El consumo de alimentos fermentados en Argentina

En Argentina, el consumo de alimentos fermentados y la ingesta adecuada de calcio y vitamina D continúan siendo bajos, según PROFENI.

Sin embargo, los especialistas remarcan que estos resultados no significan que el yogur sea un alimento capaz de prevenir por sí solo una enfermedad.

No existe un único alimento que pueda prevenir las enfermedades crónicas. Los beneficios observados deben interpretarse dentro del contexto de una alimentación equilibrada, actividad física y un estilo de vida saludable.

En ese sentido, el yogur aparece como una alternativa sencilla para incorporar proteínas, calcio y microorganismos vivos a la dieta habitual, mientras la ciencia continúa estudiando el papel de la microbiota intestinal en la prevención de enfermedades a largo plazo.

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