


Qué pasa en el cuerpo cuando se dejan los medicamentos GLP-1 y la tirzepatida
SALUD Y NUTRICIÓN
Ana COHEN
Cuando Sarah Le Brocq comenzó a utilizar medicamentos para bajar de peso, su relación con la comida cambió por completo. Según contó, dejó de pensar constantemente en comer, recuperó energía y pudo realizar actividades que antes le resultaban difíciles. En poco más de dos años, perdió cerca de 51 kilos.
Su experiencia refleja uno de los principales efectos buscados con los medicamentos contra la obesidad. Sin embargo, existe otra cuestión que comenzó a ocupar un lugar central en las investigaciones: qué ocurre cuando el tratamiento se interrumpe.
Entre los medicamentos más utilizados se encuentran los agonistas del receptor GLP-1, como semaglutida, y la tirzepatida, que actúa sobre los receptores de GLP-1 y GIP. Estos fármacos ayudan a regular el apetito, aumentar la sensación de saciedad y reducir la ingesta de alimentos.
El problema es que sus efectos no necesariamente permanecen después de suspenderlos.
Qué ocurre con el peso después de dejar la medicación
Uno de los estudios más importantes sobre el tema fue el ensayo SURMOUNT-4, realizado con adultos con sobrepeso u obesidad tratados con tirzepatida.
Después de 36 semanas de tratamiento, los participantes habían perdido, en promedio, 20,9% de su peso corporal. Luego, una parte continuó recibiendo tirzepatida y otra pasó a recibir placebo durante un año.
Los resultados mostraron una diferencia marcada: quienes dejaron la medicación recuperaron en promedio un 14% del peso durante las siguientes 52 semanas, mientras que quienes continuaron con tirzepatida perdieron un 5,5% adicional.
Una investigación posterior analizó específicamente qué ocurrió con los beneficios metabólicos después de la suspensión. Entre los participantes que habían logrado una pérdida significativa de peso, el 82,5% recuperó al menos el 25% del peso que había perdido durante el tratamiento en el plazo de un año.
Esto no significa que todas las personas recuperen todo el peso perdido. De hecho, la magnitud del aumento varía considerablemente entre individuos. Pero los datos muestran que recuperar parte del peso después de suspender el tratamiento es un fenómeno frecuente.
Los cambios no se limitan a la balanza
El aumento de peso tampoco es el único aspecto que preocupa a los investigadores.
El análisis publicado en JAMA Internal Medicine encontró que, cuanto mayor era la recuperación del peso después de retirar la tirzepatida, mayor era también la reversión de algunas de las mejoras metabólicas obtenidas durante el tratamiento.
Entre ellas se observaron cambios en la circunferencia de cintura, la presión arterial, el colesterol no HDL, la glucemia y la resistencia a la insulina.
Por eso, los investigadores plantean que el tratamiento de la obesidad no debería analizarse únicamente en función de cuántos kilos se pierden, sino también de cómo se mantienen esos resultados a largo plazo.
Cuáles son los efectos adversos más frecuentes
Como ocurre con cualquier medicamento, los tratamientos con GLP-1 pueden provocar efectos secundarios.
Entre los más habituales aparecen náuseas, vómitos, diarrea y estreñimiento, además de otros síntomas gastrointestinales. La Organización Mundial de la Salud señala que también se siguen evaluando posibles asociaciones con problemas como enfermedades biliares, pancreatitis aguda, obstrucción intestinal y gastroparesia, aunque no todos estos riesgos tienen el mismo nivel de evidencia.
Por este motivo, la indicación y el seguimiento médico resultan fundamentales, especialmente cuando se trata de tratamientos prolongados.
Además, una pérdida de peso importante puede requerir atención sobre la alimentación, el consumo adecuado de proteínas y nutrientes y la actividad física, para evitar que el descenso de peso implique también una pérdida excesiva de masa muscular u otras deficiencias nutricionales.
La importancia de pensar el tratamiento a largo plazo
La evidencia disponible llevó a modificar la manera de entender estos medicamentos. La Organización Mundial de la Salud considera a la obesidad una enfermedad crónica que puede presentar recaídas y señala que los tratamientos con GLP-1 pueden utilizarse a largo plazo en adultos con obesidad, siempre dentro de un abordaje integral.
La recomendación también contempla alimentación saludable, actividad física y acompañamiento de profesionales de la salud como parte del tratamiento.
Por eso, los medicamentos no deberían interpretarse como una solución aislada. Suspenderlos puede provocar una recuperación significativa del peso y parte de las mejoras metabólicas obtenidas, mientras que el mantenimiento de los resultados requiere una estrategia de seguimiento a largo plazo.
La principal conclusión de las investigaciones recientes es que la obesidad necesita un tratamiento sostenido y personalizado. Los medicamentos pueden ser una herramienta eficaz, pero su uso, continuidad o eventual suspensión deben evaluarse junto con un profesional de la salud y no únicamente en función del número que aparece en la balanza.









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