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Argentina, 1989: cuáles son las similitudes y diferencias entre este año y el último de Alfonsín

ECONOMÍA 20/03/2023 Agencia de Noticias del Interior Agencia de Noticias del Interior

El martes pasado, con el dato de 6,6% mensual en febrero, la Argentina alcanzó los tres dígitos de inflación por primera vez en más de 30 años y surgieron incógnitas con respecto a qué distancia se encuentra hoy la economía de la de septiembre de 1989, en las vísperas de la hiperinflación.

Una importante diferencia entre ambas épocas es que la inflación de tres dígitos llevaba años de vigencia en aquella ocasión. En el noveno mes de 1987, había marcado 387,4%, mientras que el año anterior, se había ubicado en 135,3%.

Desde agosto de 1988, el aumento generalizado de precios estaba arriba del 400%. Entre octubre de 1988 y febrero del año siguiente, hubo cerca de un 10% mensual de inflación, “una baja a lo anterior, una pausa antes de la aceleración a la hiperinflación”, explicó María Castiglioni, de C&T Asesores Económicos. “Es verdad que no se preveía, pero había un contexto previo”, agregó.

El campo, en sequía
Un primer dato se destaca. En ambos años, el campo transitó una profunda sequía durante el verano. En el caso de 1989, impactó especialmente en la producción de maíz, de mayor importancia que la soja en ese momento. La producción se recortó a la mitad, apuntó Iván Ordóñez, economista especializado en agronegocios.

Además, transcurrió una combinación de dos factores que deprimieron los precios de las commodities y generaron una pérdida de incentivo a la inversión. Desde los años 80 que la cotización internacional se encontraba a la baja, lo que se agudizó en el plano nacional debido a que el gobierno de Raúl Alfonsín implementó una suba de retenciones y precios máximos bajos.

“En consecuencia, cayó el área sembrada y la producción, que entre todos los granos se recortó un 28%”, explicó Ordóñez.

En este punto, el panorama es similar en 2023. Las proyecciones de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires muestran una caída del 44,4% entre la producción esperada para 2023 y el promedio de las últimas cinco campañas. Implicará una baja interanual del 35% en trigo, cebada, maíz, sorgo y girasol, además de soja.

Debilidad política
La debilidad política tiene, en general, una similitud y una coincidencia. En ambos casos, los especialistas consideran que ambos gobiernos comparten una flaqueza. En el caso de Alfonsín, Castaglioni opina que se debió principalmente a la oposición peronista y al sindicalismo (”fuerte y combativo”), más allá de la figura del presidente y su confiabilidad para con la sociedad, mientras que hoy “esos grupos forman parte del Gobierno”.

La debilidad del Frente de Todos presenta distintas aristas ligadas a la falta de aprobación de gestión de una importante porción de la sociedad y, por otro lado, relacionadas con sus internas, que por ahora no produjeron el quiebre de la coalición. En el año 89 hubo múltiples paros generales, manifestaciones y enfrentamientos. Eso no se registra de manera similar ahora.

Los dólares
En el plano de los dólares, ambos años comparten -en distinta medida-, una fuerte caída de las reservas internacionales. Castiglioni explicó que la pérdida fue más brusca en 1989. Además, la mayor diferencia radica en la crisis de default de deuda de los países de Latinoamérica en los años 80, y el incumplimiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en el año de la hiperinflación.

Los desembolsos de la entidad de crédito todavía no están en riesgo, ya que el Gobierno está cumpliendo con las metas. “La gran diferencia es que el tipo de cambio era mucho más alto, pero muy inestable también”, destacó.

“En aquella época, había cepo y saqueo de reservas internacionales para sostenerlo y financiar al gobierno, como está sucediendo ahora. En nuestra historia tuvimos 23 cepos, de los cuales, 21 se intentaron sostener y dos terminaron en hiperinflación. Son una máquina de perder reservas”, destacó Aldo Abram, de la Fundación Libertad y Progreso.

Déficit fiscal y gasto público
“Se cayó el crédito de la Argentina, se excedía en el gasto y no había crédito externo, solo local. Tendieron a gastar con emisión, mucho más de lo que la gente quería. Este gobierno también viene gastando continuamente en exceso. Lo mismo ocurría en el de Raúl Alfonsín”, agregó Abram.

Castiglioni opinó que en el aspecto fiscal, hay una enorme diferencia, si bien en ambos momentos la situación estaba “complicada”. El déficit con intereses era 8% del PBI, en aquel entonces. Este año, se ubica cerca del 4,5%, muy alto, pero menor al panorama de 1989. “Todo financiado con emisión monetaria en ese momento, lo que explica el piso de inflación tan alta”, dijo, y explicó que la economía estaba completamente indexada, con plazos fijos semanales, lo que aceleró los tiempos, aunque la tecnología también podría hacerlo en 2023.

El detonante
Los economistas coinciden en que una hiperinflación se desata cuando la demanda de pesos se derrumba. Las personas dejan de querer tenerlos en su poder y “se los sacan de encima con muchísima rapidez”, con consumo o compra de divisas. Se comienza a gestar un círculo vicioso que hace tender a cero el valor de la moneda. Usualmente, pero no siempre, requiere de un evento disruptivo en la economía, la sociedad o la política.

Ordóñez consideró: “Hay un caldo de cultivo que nos predispone a tasas de inflación muy, muy altas. Creo que una híper, que implica un derrumbe de la demanda de dinero, no ocurrirá en el corto plazo porque no considero que los actores más importantes de la economía estén fogoneándolo, y menos probabilidades hay en una economía encepada. No se puede descartar, pero no es el más probable”. En similar línea se ubicó Castiglioni.

Fausto Spotorno, economista y director de la Escuela de Negocios de la Universidad Argentina de la Empresa, considero que no es un riesgo cercano, pero asume que la Argentina “está lanzada hacia ahí”. “A la larga te lleva a la híper. Se han hecho estudios que de que con un 100% de inflación estás de cinco a siete años de distancia, cuando la demanda de dinero baja a cero y lo rechaza de forma absoluta. Por eso, la única salida es un plan como el de la convertibilidad o dolarización”, consideró.

“Hay una probabilidad de que esto derive en una hiperinflación porque tenemos un ADN determinado y nadie sabe cuándo la gente empieza a gatillarlo. Tienen que bajar rápido el ritmo de emisión”, dijo Abram.

Destacó como positivo que la desconfianza de la ciudadanía hacia el gobierno contrasta con cierta expectativa por las elecciones de este año y la posibilidad de que una nueva gestión pueda ayudar a resolverlo. “Con un poco de suerte y conejos de la galera, podríamos zafarla. El próximo gobierno tiene que ganar credibilidad y aumentar demanda de precios y créditos”, aseguró.

Por último, destacó que una crisis internacional podría derivar en un escenario similar al 2008, que profundice los problemas locales.

FUENTE: LANACION.COM

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