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8 de octubre, la fecha del “sálvese quien pueda” que evalúan Cristina y Kicillof

OPINIÓN 22/05/2023 Fernando González*
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Si en política ya es difícil repetir experiencias del pasado, mucho más complicado es poner en práctica maniobras electorales que nunca sucedieron. Es lo que le pasa en estos días a Axel Kicillof.

El gobernador de Buenos Aires quiere ir por su reelección, pero le teme al impacto que pueda tener la situación de la Argentina sobre las elecciones bonaerenses. Sospecha, y sospecha bien, que la suba imparable de la inflación; el dólar desbocado y el crecimiento dramático de la pobreza pueden hundir su candidatura junto con la postulación presidencial de Sergio Massa, o de quien termine siendo el elegido de Cristina Kirchner para someterse al calvario de ser candidato del Frente de Todos.

Por eso, es que Kicillof viene insistiendo (ante Cristina y ante Massa) con la intención de adelantar las elecciones bonaerenses y despegarlas así de los comicios presidenciales. El Gobernador ya ha apurado algunas consultas y sabe que solo puede adelantar las elecciones generales de la Provincia. No puede hacer lo mismo con las PASO. En ese escenario, la fecha más probable que evalúa es hacer los comicios bonaerenses el 8 de octubre, dos semanas antes del super domingo electoral del 22 de ese mes.

Kicillof y alguno de sus colaboradores han estudiado el proyecto que María Eugenia Vidal quiso poner en marcha a comienzos de 2019. El gobierno de Mauricio Macri iba de mal en peor y la entonces gobernadora intentó adelantar las elecciones bonaerenses creyendo que podría lograr una victoria, y así revitalizar las chances de Juntos por el Cambio para que Macri fuera con mejores posibilidades a competir por su reelección.

Las gestiones no tuvieron éxito. Vidal habló personalmente con Macri, y llevó la idea de su jefe de gabinete (Federico Salvai) que respaldaban varios de los dirigentes más importantes del PRO y también algunos radicales como Gerardo Morales y Alfredo Cornejo. Pero el ex presidente, influenciado entonces por Marcos Peña, consideró que se trataba de una suerte de conspiración para abandonarlo a su suerte en las elecciones presidenciales.

La historia es contra fáctica. Nadie sabe que hubiera pasado si Vidal y Macri hubieran ido en elecciones desdobladas, pero sí se sabe lo que sucedió con las elecciones coincidentes. Mauricio fue derrotado por 16 puntos en las PASO, con lo que resultó condenado a la derrota de antemano en la elección general. Y hubo una hecatombe económica y financiera en los días posteriores a aquel 11 de agosto de 2019, que obligó al cambio del ministro de Economía (Hernán Lacunza reemplazó a Nicolás Dujovne) y a postergar el pago de los bonos con deuda en pesos.

Vidal también perdió las PASO por una diferencia similar a la del ex presidente, pero con la complicación extra de que el comicio a gobernador no tiene segunda vuelta. Macri rearmó como pudo su proyecto, encabezó algunos actos callejeros y terminó acortando la distancia que le había sacado Alberto Fernández a ocho puntos. Kicillof mantuvo una ventaja del 14% sobre Vidal.

La debacle de la dupla Macri-Vidal en 2019 y las victorias que el peronismo viene obteniendo en las provincias que adelantaron sus elecciones locales sostienen el afán desdoblador de Kicillof. Una suerte de “sálvese quien pueda” kirchnerista que todavía no convence a quien siempre tiene la última decisión: Cristina.

Con esos datos estadísticos, Kicillof ha ido a ver a Cristina Kirchner al Senado como si se tratara de una mesa examinadora. Medalla de oro en la carrera de Economía en la Universidad de Buenos Aires, mucho más difícil es convencer a la Vicepresidenta que no confía nada en su criterio político. De hecho, fue ella la que le intervino su gabinete a los gritos durante una reunión de cinco horas en El Calafate que se ocupó de hacer llegar a la prensa con todos sus detalles escabrosos. Fue después de la dura derrota del Frente de Todos en la elección legislativa de 2021.

Kicillof puso sobre la mesa de Cristina en el Senado los resultados de las elecciones en La Rioja, La Pampa, Tierra del Fuego y Salta, aunque el de Gustavo Sáenz es un triunfo más de Massa que del peronismo. “A todos los que se despegaron de las elecciones nacionales, les fue muy bien”, es el argumento del Gobernador frente a los peronistas bonaerenses y el mismo que desplegó ante Cristina. En algo tiene razón. Hasta Alicia Kirchner desdobló la elección en Santa Cruz, y eso es con aval de la Vicepresidenta.

Pero la idea no genera entusiasmo en los poderosos intendentes peronistas del Gran Buenos Aires. “El desdoblamiento es una fábula de los Axel Boys; si la mano viene de derrota para Kicillof va a ser derrota el 8, o el 22 de octubre”, señala uno de ellos.

Para esos barones del conurbano, que también se juegan en muchos casos sus intendencias, la elección desdoblaba en la Provincia pondría mucho más el foco en la gestión de Kicillof.

Y después de la escandalosa licencia-renuncia de Sergio Berni al ministerio de Seguridad; del corte insólito de la Autopista Ricchieri la semana pasada y de la lista impresionante de asaltos y muertes que sufren los bonaerenses a toda hora y en todo lugar de la Provincia, nadie está seguro sobre la conveniencia de plebiscitar en soledad una gestión que también exhibe un desgaste parecido al del gobierno en coma de Alberto Fernández.

En el caso de que concrete el desdoblamiento de las elecciones bonaerenses, Kicillof cuenta con una ventaja. Tiene tiempo hasta comienzos de julio para convocarlas porque la ley lo obliga a hacerlo por lo menos sesenta días antes de la fecha elegida. Eso significa que puede hacer el anuncio después del 24 de junio, el día en el que vencen los plazos para presentar las candidaturas.

El Gobernador tendrá a mano entonces y por anticipado la información estratégica sobre quienes serían sus potenciales adversarios, tanto de Juntos por el Cambio (hoy son Diego Santilli y Néstor Grindetti), como el candidato a gobernador de Javier Milei, el secreto mejor guardado hasta ahora en esta elección.

El accionista único del populismo libertario espera el momento de elegir a su candidato a gobernador porque lo considera parte importante de su estrategia nacional. Por razones que jamás explicó en profundidad, Milei rompió su vínculo con José Luis Espert, quien había sacado el 7,5% de votos en la Provincia en 2021 y quien ahora es precandidato presidencial en el espacio de Juntos por el Cambio. También corrió el nombre del abogado Fernando Burlando como posible candidato, pero se desinfló.

Este fin de semana, surgió la versión de que le había ofrecido la postulación a la periodista Marcela Pagano, pero el mismo Milei se encargó de desmentirlo. En realidad, le planteó sumarse a la Libertad Avanza, pero sin especificación de cargos, y quedaron en definirlo al regreso de su viaje a México. Uno de los más interesados en saber quién será el candidato a gobernador de Milei es Kicilof. El proyecto de desdoblamiento electoral está basado en el convencimiento de que los libertarios podrían sacarle a Juntos por el Cambio los votos suficientes como para que el gobernador logre la reelección pese a la crisis actual.

Con Santilli, como candidato a gobernador de Horacio Rodríguez Larreta, y desde esta semana Grindetti, como su adversario en línea con Patricia Bullrich, los principales dirigentes de Juntos por el Cambio creen que la hipótesis del desdoblamiento electoral en la Provincia ha dejado de ser una amenaza para pasar al terreno de las posibilidades concretas. La elección del 2019 todavía está demasiado fresca en muchos de ellos y, pese a que las encuestas los muestran competitivos, temen que el piso alto del peronismo en territorio bonaerense les impida llegar a la Gobernación.

Son pocos los que recuerdan la elección a gobernador de 2015, en los que María Eugenia Vidal representaba la renovación de la política y le asestó un golpe durísimo al peronismo al derrotar por siete puntos a Aníbal Fernández. La coalición opositora se debate hoy en una interna salvaje, donde la marca Juntos por el Cambio ha sufrido mucho en las encuestas por el desgaste de la confrontación extrema. En estas horas, un hombre habitualmente calmo como el senador provincial Joaquín De la Torre le pedía en términos durísimos a Rodríguez Larreta que se bajara anticipadamente de la apuesta presidencial en la que compite desde hace dos años con Bullrich. La pregunta que queda flotando es siempre la misma: ¿Cómo harán para seguir juntos estos dirigentes después de las PASO del 13 de agosto?

De todos modos, el opositor más encarnizado que tiene Kicillof para desdoblar las elecciones bonaerenses es el mismísimo ministro de Economía. Como Macri hace cuatro años, tampoco Sergio Massa quiere dar en soledad la batalla presidencial en la que tiene dos enemigos mucho más temibles que el Gobernador y que todos sus potenciales adversarios electorales.

Son el dólar y la inflación, las dos variables que el tambaleante gobierno de Alberto no ha podido controlar ni mejorar con sus tres ministros de economía. Si estos dos demonios se siguen escapando, cualquier extravagancia será posible. Incluso, hasta la de desdoblar la elección bonaerense para que sus habitantes no recuerden en el cuarto oscuro lo que les sucede todos los días.

 

 

* Para www.infobae.com

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