Con el riesgo país en mínimos de seis años, el Gobierno explora el regreso de la Argentina a los mercados internacionales

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior
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  • El riesgo país cayó por debajo de los 500 puntos y alcanzó su nivel más bajo desde 2018.
  • El Gobierno inició contactos con bancos y fondos de Wall Street para evaluar una emisión.
  • La acumulación de reservas del Banco Central es una condición central para los inversores.
  • El caso de Ecuador funciona como referencia reciente para el regreso a los mercados.
  • En julio vencen más de 4.000 millones de dólares que el Ejecutivo busca refinanciar.
  • La llegada de dólares del agro podría abrir una ventana para volver al crédito externo.

La caída sostenida del riesgo país volvió a encender expectativas en el frente financiero y reactivó un objetivo largamente postergado: el regreso de la Argentina a los mercados internacionales de deuda. En las últimas semanas, el Gobierno inició contactos preliminares con bancos de inversión y fondos de Wall Street para tomar el pulso del apetito inversor, en un contexto que muestra señales más favorables que en años anteriores.

El indicador de riesgo soberano cerró recientemente por debajo de los 500 puntos básicos, un umbral que el mercado interpreta como clave. Con 494 unidades, alcanzó su nivel más bajo desde mediados de 2018, antes de que el país quedara virtualmente excluido del financiamiento externo. Para muchos operadores, esa marca ubica a la Argentina en una incipiente “zona de emisión”, aunque todavía condicionada por la evolución de las reservas y la estabilidad macroeconómica.

La mejora no se explica solo por factores locales. El repunte de los activos de mercados emergentes a nivel global también juega a favor, al igual que una mayor previsibilidad monetaria. En ese marco, el Banco Central volvió a mostrar una presencia activa en el mercado cambiario, con compras diarias de divisas que apuntan a recomponer reservas. En lo que va del año, ya adquirió más de 1.000 millones de dólares, un dato seguido de cerca por los inversores como señal de fortalecimiento financiero.

El antecedente inmediato que miran los financistas es Ecuador. El país andino concretó una colocación por 4.000 millones de dólares en bonos con vencimientos en 2034 y 2039, tras siete años sin acceso al crédito internacional. La operación, con una tasa promedio cercana al 9% anual, fue presentada como un regreso exitoso, con alta demanda y margen para recomprar deuda próxima a vencer. Para el mercado, ese caso funciona como referencia sobre el tipo de condiciones que hoy se convalidan para economías con historiales complejos.

En la Argentina, la urgencia pasa por el calendario de vencimientos. En julio próximo expiran alrededor de 4.200 millones de dólares, en su mayoría en manos de acreedores privados. El objetivo oficial es refinanciar ese pasivo y evitar un pago neto que presione sobre las reservas. En enero, una situación similar se resolvió con un acuerdo de recompra de deuda con bancos internacionales y una colocación en el mercado local. Ahora, se analiza repetir una estrategia de canje o avanzar directamente con la emisión de nuevos títulos.

El descenso del riesgo país es condición necesaria, pero no suficiente. Los inversores reclaman una posición de reservas más robusta y señales claras de continuidad en el programa económico. En ese sentido, la acumulación de dólares por parte del Banco Central aparece como una pieza central de la estrategia oficial para mejorar la percepción de solvencia.

Las próximas semanas serán determinantes. Los analistas proyectan que, si se mantiene el clima favorable para los emergentes, el riesgo país podría seguir bajando. El inicio del otoño asoma como una ventana potencial para salir al mercado, coincidiendo con el ingreso de divisas de la cosecha gruesa. La producción agrícola sería récord en volumen, aunque el impacto en dólares estaría moderado por la caída de los precios internacionales.

A eso se suma un escenario menos dinámico para el sector energético, también afectado por valores más bajos. Así, el desafío del Gobierno no pasa solo por captar los dólares que ingresen, sino por lograr que permanezcan en el Banco Central. De ese equilibrio dependerá, en buena medida, que el regreso al financiamiento internacional deje de ser una expectativa y se convierta en una decisión concreta.

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