


El endeudamiento de las familias acelera su crecimiento en un contexto de presión financiera
ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior
- El crédito no bancario ya equivale al 34% del ingreso mensual de los hogares.
- La morosidad en este segmento supera ampliamente los niveles del sistema financiero general.
- Trabajadores informales y cuentapropistas presentan ratios de endeudamiento más elevados.
- El financiamiento no bancario mantiene volúmenes históricamente altos pese a la desaceleración.
- La cautela de las entidades reduce el acceso a nuevos préstamos.
- La presión financiera doméstica tiene impacto directo en la dinámica macroeconómica.
El creciente peso del financiamiento no bancario en la economía doméstica se convirtió en un indicador clave para entender las tensiones que enfrentan los hogares argentinos. En un contexto donde los ingresos corren detrás de los gastos, las deudas asumidas con entidades por fuera del sistema bancario —entre ellas las billeteras virtuales— ya equivalen al 34% de la masa salarial mensual. El dato no solo revela la expansión de este tipo de crédito, sino también una señal de alerta: la morosidad en ese segmento continúa en ascenso.
La evolución del endeudamiento muestra una aceleración sostenida. Si se incorpora también el crédito bancario, el peso total del financiamiento sobre los ingresos familiares asciende al 141% de la masa salarial. Esto implica que el apalancamiento de las familias supera ampliamente su capacidad de generación mensual de recursos, una dinámica que obliga a destinar una porción creciente del ingreso al pago de obligaciones previas.
El fenómeno es todavía más marcado entre trabajadores informales y cuentapropistas, donde el crédito no bancario equivale al 143% de la masa salarial. Este grupo, con acceso más limitado al financiamiento tradicional, encuentra en las plataformas digitales y financieras alternativas una vía de liquidez inmediata, aunque a costa de mayores riesgos financieros.
La morosidad refleja esa tensión. Los niveles de irregularidad en las carteras de entidades no bancarias alcanzan el 22,8%, una cifra que multiplica varias veces los ratios observados en el sistema financiero total. El deterioro en la capacidad de pago no solo responde a la fragilidad de los ingresos, sino también al ritmo con que creció este financiamiento en los últimos meses. Tras una pausa en septiembre, el crédito no bancario retomó su expansión y ya acumula dos meses consecutivos de crecimiento real, con un stock que supera los $13 billones.
Aunque la comparación interanual muestra una moderación en la tasa de crecimiento —lejos de los picos registrados meses atrás—, el volumen actual permanece en niveles históricamente elevados. En términos reales, el financiamiento no bancario supera ampliamente los registros de años previos, consolidándose como un componente estructural del crédito al consumo.
Este segmento también ganó participación relativa dentro del sistema financiero. Hoy representa cerca de una cuarta parte del crédito destinado al consumo, con una concentración significativa en pocas empresas que dominan el mercado. Esa centralización refuerza la relevancia sistémica de estas plataformas en la vida financiera cotidiana.
El trasfondo macroeconómico agrega complejidad. El endurecimiento de las condiciones monetarias y la desaceleración de la actividad impactaron de lleno en la cadena de pagos. El aumento de la morosidad se acerca a niveles observados en etapas críticas, lo que impulsa a las entidades a extremar criterios de aprobación. Este mayor filtro reduce el flujo de nuevos préstamos, particularmente en moneda local, y contribuye al estancamiento del crédito al sector privado.
Más allá de los balances individuales, la suba de la morosidad tiene efectos macroeconómicos. Un sistema financiero más cauteloso limita la expansión del crédito, lo que a su vez restringe el consumo y la inversión. Para las familias, el resultado es una combinación de acceso más difícil al financiamiento y mayores cargas por obligaciones previas.
La expansión del crédito no bancario y el deterioro en los pagos configuran así un cuadro de presión financiera creciente. En un escenario de ingresos ajustados y políticas monetarias restrictivas, la economía doméstica enfrenta un delicado equilibrio entre sostener el consumo y administrar deudas cada vez más pesadas.




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