


Cada vez más personas creen tener SIBO o IMO: qué son y cuáles son las señales de alerta
SALUD Y NUTRICIÓN
Ana COHEN
La hinchazón abdominal que aparece después de comer, los gases persistentes y los cambios constantes en el tránsito intestinal son síntomas que muchas personas experimentan a diario. Tras meses o incluso años de malestar, dietas sin resultados y estudios médicos que no logran identificar una causa clara, cada vez más pacientes llegan a la consulta convencidos de que tienen SIBO o IMO, dos trastornos digestivos que han ganado protagonismo en los últimos años.
Qué son el SIBO y el IMO
El SIBO (Small Intestinal Bacterial Overgrowth) es un trastorno que ocurre cuando bacterias que normalmente habitan en el colon migran al intestino delgado y se multiplican en exceso. Esto provoca una fermentación prematura de los alimentos, generando síntomas como distensión abdominal, gases, dolor digestivo y alteraciones en el ritmo intestinal.
Por su parte, el IMO (Intestinal Methanogen Overgrowth) presenta características similares, aunque con una diferencia fundamental: los microorganismos involucrados no son bacterias, sino arqueas, que producen metano en lugar de hidrógeno.
Según el gastroenterólogo Facundo Pereyra, esta diferencia explica por qué los síntomas suelen variar:
- El SIBO suele asociarse principalmente con diarrea.
- El IMO suele relacionarse con constipación o estreñimiento.
En los casos más prolongados, ambas condiciones pueden provocar déficit de hierro, anemia, falta de vitamina B12 y otras deficiencias nutricionales.
Además, algunos especialistas señalan que también podrían estar vinculadas con problemas como irritaciones en la piel, alergias, infecciones urinarias recurrentes o alteraciones hormonales, aunque estas asociaciones aún continúan siendo objeto de investigación.
Por qué suelen confundirse con el síndrome de intestino irritable
Durante años, muchos pacientes con SIBO o IMO recibieron el diagnóstico de síndrome de intestino irritable, ya que los síntomas son muy similares.
Dolor abdominal, distensión, diarrea o estreñimiento suelen encajar dentro de ese cuadro clínico, lo que dificulta identificar la verdadera causa del problema.
Los especialistas explican que, en algunos casos, el diagnóstico inicial de intestino irritable es incorrecto y el paciente en realidad presenta SIBO o IMO. Sin embargo, también es frecuente que ambas condiciones coexistan, potenciando los síntomas digestivos.
Quiénes tienen mayor riesgo
Existen ciertos grupos con más probabilidades de desarrollar estas alteraciones intestinales.
Entre los principales factores de riesgo se encuentran:
- Diabetes.
- Hipotiroidismo.
- Uso prolongado de omeprazol.
- Constipación crónica.
- Cirugías abdominales previas.
- Estrés elevado.
- Trastornos de la motilidad intestinal.
También podrían influir factores tempranos de la vida, como el nacimiento por cesárea, la falta de lactancia materna o el uso frecuente de antibióticos durante la infancia.
Cómo se diagnostican
La herramienta más utilizada es el test de aliento, un estudio no invasivo que mide los gases producidos durante la digestión.
Para realizarlo, el paciente ingiere una solución específica y luego se analizan los niveles de hidrógeno y metano presentes en el aire que exhala.
Los especialistas destacan que es fundamental medir tanto hidrógeno como metano, ya que de lo contrario podrían producirse falsos negativos.
Sin embargo, el estudio no es perfecto. Algunos expertos advierten que puede presentar entre un 30% y un 40% de falsos positivos, por lo que el diagnóstico siempre debe complementarse con la evaluación clínica del paciente.
Cómo se tratan
El tratamiento suele incluir antibióticos específicos que actúan directamente en el intestino.
La opción más utilizada es la rifaximina, mientras que en los casos de IMO suele combinarse con otros medicamentos como la neomicina.
No obstante, los especialistas coinciden en que el tratamiento no debe limitarse a los fármacos.
También resulta fundamental:
- Mejorar la alimentación.
- Reducir el estrés.
- Dormir adecuadamente.
- Corregir hábitos de vida poco saludables.
En algunos casos se incorporan probióticos, prebióticos o medicamentos que favorecen la motilidad intestinal.
El papel de la alimentación
Una de las estrategias más utilizadas es la dieta baja en FODMAP, que reduce el consumo de carbohidratos fermentables presentes en alimentos como:
- Ajo.
- Cebolla.
- Trigo.
- Algunos lácteos.
- Determinadas frutas.
Este enfoque puede ayudar a disminuir la fermentación y aliviar los síntomas, aunque los especialistas aclaran que no cura el SIBO ni el IMO y que no debe mantenerse durante períodos prolongados debido a su carácter restrictivo.
Un problema que puede reaparecer
Las recaídas son frecuentes si no se modifican los factores que favorecieron el desarrollo del trastorno.
Los expertos advierten que hasta el 50% de los pacientes puede volver a presentar síntomas si mantiene altos niveles de estrés o hábitos alimentarios inadecuados.
Por eso, el mensaje final es claro: sospechar que se tiene SIBO o IMO no significa que deba iniciarse un tratamiento por cuenta propia.
La automedicación, especialmente con antibióticos, puede resultar perjudicial. Ante síntomas persistentes, la recomendación es consultar con un profesional para obtener un diagnóstico adecuado y definir el tratamiento más apropiado.











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