La morosidad récord frena los planes oficiales de reactivación crediticia

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El plan de reactivación económica diseñado por el Palacio de Hacienda enfrenta un obstáculo imprevisto en el sistema financiero. Mientras el Gobierno apuesta a que la minería, la energía y el agro sostengan la macroeconomía, su estrategia para encender el consumo interno mediante una nueva expansión del crédito choca de frente con niveles récord de morosidad. El deterioro del empleo, la informalidad y la persistente caída de los ingresos reales han dejado a millones de familias fuera del circuito financiero.

La magnitud del problema es alarmante. Estimaciones privadas calculan que el nivel de impago de los hogares afecta a entre 5,3 y 5,8 millones de argentinos, lo que equivale a casi un 27% de las personas que cuentan con algún tipo de financiamiento activo. Los analistas advierten que esta preocupante cifra podría quedarse corta, ya que las entidades bancarias suelen dilatar el cambio de categoría de sus clientes mediante refinanciaciones de último momento, ocultando un universo de deudores en problemas aún mayor que el registrado en las estadísticas formales.

Esta parálisis interrumpe el fuerte dinamismo que el crédito al consumo había experimentado entre fines de 2024 y 2025. Tras el complejo desarme de las Letras fiscales y la posterior volatilidad cambiaria, el financiamiento acumula siete meses de estancamiento en términos reales. Aunque algunas proyecciones de las entidades bancarias auguran que el pico de morosidad del sector privado comenzó a ceder tras alcanzar un máximo estimado de hasta el 8% a mitad de año, el retroceso proyectado hacia diciembre resultaría insuficiente para dinamizar de forma masiva el otorgamiento de préstamos.

Para revertir esta tendencia y recuperar la capacidad crediticia, los especialistas señalan que no basta con una desaceleración inflacionaria. Se requiere una mejora consistente del ingreso disponible de los hogares, hoy fuertemente condicionado por el encarecimiento de las tarifas de servicios públicos, además de un freno definitivo al desempleo.

Por el momento, la realidad impone cautela. Ante el riesgo de un incremento en sus carteras vencidas, los bancos han endurecido sus filtros de aprobación. Esta prudencia financiera golpea con especial dureza a los segmentos más jóvenes de la población, quienes lideran las tasas de morosidad y corren el riesgo de quedar marginados de manera permanente del sistema crediticio formal, frustrando el ansiado efecto derrame sobre la economía real.

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