


La morosidad empresarial se dispara y golpea con fuerza a las PyMEs
ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior
- La morosidad de los préstamos empresariales pasó del 0,7% al 3,7%, mostrando un fuerte deterioro de la capacidad de pago.
- Construcción y comercio aparecen entre los sectores más comprometidos, mientras minería, energía y servicios financieros mantienen niveles reducidos de incumplimiento.
- Las empresas textiles y del cuero registran uno de los mayores niveles de mora dentro de la industria manufacturera, muy por encima de otras ramas fabriles.
- Las PyMEs concentran la mayor parte del problema, con tasas de incumplimiento mucho más elevadas que las grandes compañías.
- El número de empresas con deudas en situación irregular aumentó de 16.200 a casi 37.500 CUITs.
- El endurecimiento de las condiciones crediticias de los bancos puede profundizar las dificultades financieras y afectar la recuperación de la actividad económica.
La evolución de la economía argentina comienza a mostrar un frente de preocupación que va más allá de los indicadores tradicionales. Mientras la inflación y el mercado cambiario dejaron de concentrar todo el foco sobre las dificultades del programa económico, el deterioro empieza a reflejarse con mayor claridad en las cuentas de las empresas. La morosidad del crédito corporativo se multiplicó por cinco y expuso las dificultades que atraviesan numerosos sectores, con especial impacto sobre las pequeñas y medianas empresas.
El 3,7% de los préstamos otorgados a compañías registra atrasos superiores a 90 días, frente al 0,7% que se observaba a fines de 2024. Aunque el nivel permanece por debajo del máximo de 8,1% alcanzado durante la crisis de 2020, la velocidad con la que aumentaron los incumplimientos genera preocupación entre las entidades financieras y los analistas que siguen la evolución del crédito productivo.
El deterioro se produjo, además, en un contexto de fuerte expansión del financiamiento bancario destinado al sector privado. El crédito a las empresas pasó de representar el 5,7% al 9,8% del Producto Bruto Interno desde el inicio de la gestión de Javier Milei. Una parte importante de ese crecimiento estuvo vinculada con los préstamos denominados en dólares, que actualmente representan más de un tercio del financiamiento empresarial.
Sin embargo, la expansión del crédito no alcanzó de la misma manera a todas las actividades. La recuperación económica muestra diferencias marcadas y esas brechas también aparecen cuando se observa la capacidad de las empresas para cumplir con sus obligaciones financieras.
Minería, energía y servicios financieros se encuentran entre los sectores con menores niveles de incumplimiento, con tasas inferiores al 0,5%. En el extremo contrario aparecen la construcción y el comercio, donde la morosidad alcanza el 7,7% y el 6,5%, respectivamente.
La industria manufacturera presenta una situación intermedia, aunque con fuertes contrastes entre sus distintas ramas. Las terminales automotrices y los fabricantes de equipos de transporte muestran una mora cercana al 0,4%, mientras que las empresas textiles y del cuero llegan al 14,6%. La diferencia refleja el impacto desigual que tuvo la recuperación sobre actividades más dependientes del consumo interno.
El problema adquiere una dimensión mayor cuando se observa el tamaño de las empresas endeudadas. Entre las compañías que accedieron a préstamos inferiores a $5 millones, la mora alcanza el 9,3%. Para créditos de entre $5 y $200 millones, el indicador se reduce al 7,6%, mientras que entre las empresas con financiamiento de mayor volumen cae hasta el 1,8%.
También aumentó significativamente la cantidad de compañías que ingresaron en situaciones de irregularidad. El número de CUITs con deudas problemáticas pasó de 16.200 a casi 37.500, equivalente al 13,4% del universo de empresas endeudadas. En el caso de las PyMEs que utilizan garantías de Sociedades de Garantía Recíproca, los casos de mora prácticamente se triplicaron.
La tensión también comenzó a trasladarse a la cadena de pagos. Los atrasos con proveedores, bancos y organismos fiscales se duplicaron. Las empresas procuran preservar el vínculo con las entidades financieras porque perder el acceso al crédito puede comprometer su continuidad, por lo que primero suelen extender los plazos con proveedores y postergar obligaciones tributarias.
A este escenario se suma una mayor cautela de los bancos, que comenzaron a endurecer las condiciones para otorgar nuevos préstamos. Si esa tendencia se profundiza, el deterioro de la capacidad de pago podría transformarse en un obstáculo adicional para la actividad, especialmente entre las empresas de menor tamaño.






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