La apuesta de Milei: El peronismo ante el laberinto de las PASO

OPINIÓN Ricardo ZIMERMAN

ChatGPT Image 3 oct 2026, 13_00_35

multimedia.normal.bafb21c667547d1a.bm9ybWFsLndlYnA=

Por RICARDO ZIMERMAN

x: @RicGusZim1

Hay momentos en que una decisión electoral deja de ser una cuestión de calendario para convertirse en una radiografía del poder. La discusión sobre la continuidad de las PASO empieza a ocupar ese lugar dentro del peronismo. No porque las primarias hayan sido alguna vez una solución mágica para ordenar las internas, sino porque su eventual desaparición obligaría al justicialismo a resolver por otros medios aquello que hasta ahora podía postergar. Y el problema, precisamente, es que nadie parece tener demasiado claro cuáles serían esos medios.

En el oficialismo consideran que existen condiciones para suspender las primarias y que esa modificación puede complicar la organización electoral de una oposición que todavía no consiguió reconstruir una conducción común. Las conversaciones impulsadas alrededor de la reforma política, con Diego Santilli como uno de los principales interlocutores con los gobernadores, colocaron nuevamente a las PASO en el centro de la negociación. El viaje de Javier Milei a París, acompañado por mandatarios provinciales, funcionó además como escenario para esas conversaciones.

La cuestión tiene una lógica sencilla: si las PASO desaparecen, el peronismo pierde un mecanismo institucional para dirimir una pelea que todavía no sabe cómo resolver. A partir de allí, cada fotografía adquiere otro significado, cada reunión puede ser interpretada como un movimiento de posicionamiento y cada dirigente que recorre una provincia empieza a ser observado con la calculadora electoral en la mano.

El interrogante ya no sería solamente quién puede ser candidato, sino quién tiene autoridad suficiente para sentar a todos alrededor de una mesa. Esa es una diferencia sustancial. El peronismo puede sobrevivir a una interna áspera; lo que resulta más difícil es construir una candidatura única cuando los principales sectores consideran que tienen razones para reclamar protagonismo.

En ese escenario aparece Cristina Kirchner como una referencia que el kirchnerismo pretende mantener en el centro de la discusión. Máximo Kirchner volvió a expresar que su sector quiere que la ex presidenta sea candidata, aunque al mismo tiempo dejó abierta la posibilidad de que otros dirigentes recorran el país y construyan su propio camino. Esa combinación es políticamente significativa: reivindicar una conducción histórica sin cerrar completamente el juego futuro.

La visita de Máximo Kirchner a San Juan junto a dirigentes del kirchnerismo y su encuentro con Sergio Uñac agregaron una dosis adicional de especulación. Uñac intenta construir una identidad nacional desde una mirada fuertemente vinculada con las provincias y las economías regionales. Que el kirchnerismo haya compartido escenario con él no significa que exista una candidatura definida ni un acuerdo cerrado, pero sí muestra que el tablero peronista tiene más casilleros de los que algunos quisieran admitir.

Y allí aparece Axel Kicillof, que eligió otro camino. En lugar de esperar una negociación de cúpula, trabaja sobre una construcción territorial que pretende extenderse desde la provincia de Buenos Aires hacia el resto del país. El Movimiento Derecho al Futuro avanzó en su despliegue nacional y sumó presencia en Mendoza, entre otros territorios. El mensaje de fondo es claro: la discusión que viene no puede reducirse a una pelea bonaerense ni a una disputa entre dirigentes nacionales.

La estrategia tiene una dificultad evidente. Construir desde abajo lleva tiempo, exige presencia territorial y obliga a convencer a dirigentes que no necesariamente tienen los mismos intereses. Pero también tiene una ventaja política: permite llegar a una eventual negociación con una estructura propia y no solamente con expectativas. Kicillof parece apostar justamente a eso. No esperar que la mesa nacional determine su lugar, sino intentar llegar a esa mesa con suficientes respaldos como para que resulte difícil ignorarlo.

El problema es que mientras todos construyen, nadie termina de ordenar. Cristina conserva una referencia política propia; Máximo expande su presencia territorial; Uñac procura instalarse como alternativa desde el interior; Kicillof desarrolla su armado federal. Y detrás de ellos aparecen gobernadores, intendentes, legisladores, sindicalistas y dirigentes que también quieren participar de la definición. El viejo mecanismo del dedo parece cada vez más difícil de aplicar sin provocar una nueva fractura.

Si las PASO finalmente desaparecen, el peronismo tendrá que inventar una instancia de legitimación distinta. Podrá ser una mesa más amplia, un acuerdo entre sectores, una candidatura de consenso o alguna fórmula que todavía no aparece sobre la superficie. Pero cualquiera de esas variantes tendrá que responder una pregunta elemental: ¿quién representa al conjunto y con qué autoridad?

Ahí reside la verdadera discusión. No se trata solamente de reemplazar una elección primaria por una negociación. Se trata de determinar cuánto poder conserva cada uno y cuánto está dispuesto a ceder para construir una candidatura común. Porque una cosa es alcanzar un acuerdo entre dirigentes y otra, bastante diferente, es conseguir que las estructuras territoriales, sindicales y militantes acepten ese acuerdo como propio.

El Gobierno observa esa dificultad y entiende que la eliminación de las PASO puede profundizarla. El peronismo, mientras tanto, intenta demostrar que puede resolver sus diferencias sin romperse. La paradoja es que ambos movimientos pueden ocurrir al mismo tiempo: puede haber unidad electoral sin unidad política, o puede haber una candidatura común después de una pelea interna que deje demasiados heridos.

Por eso la discusión sobre las primarias funciona como algo más que una disputa institucional. Es una prueba de organización. Si el peronismo consigue reemplazar la competencia formal por un mecanismo que otorgue legitimidad al candidato elegido, habrá encontrado una salida. Si no lo consigue, la desaparición de las PASO habrá dejado al descubierto algo más profundo: que el problema nunca estuvo solamente en las reglas electorales, sino en quién tiene capacidad para conducir una fuerza política donde el poder dejó de estar concentrado en un único lugar.

Y en esa disputa, cada sector ya está jugando su propia partida. Cristina y Máximo preservan una identidad política; Uñac busca ampliar el mapa; Kicillof intenta construir una alternativa nacional desde el territorio. El próximo paso dependerá menos de los discursos que de la capacidad de cada uno para transformar presencia en poder. Porque, cuando desaparece la urna de la interna, la negociación se convierte en la verdadera elección.

ÚLTIMAS NOTICIAS
Te puede interesar
Lo más visto
PERIODISMO INDEPENDIENTE