


La mujer que asesinó en pleno tribunal al hombre que había violado a su hijo de siete años: “Hice de juez y jurado”
JUDICIALES Mariano JASOVICH
Ellie Nesler sacó la pistola del bolso en el pasillo del juzgado de Jamestown, California, entró a la sala y disparó cinco veces. Era el 2 de abril de 1993. Daniel Mark Driver, esposado y sentado a un pie del abogado defensor, murió casi de inmediato. Un sexto disparo falló y quedó incrustado en la pared.
Nesler fue detenida en el acto. Afuera, en el pueblo de 2.200 habitantes que había servido de escenario para docenas de westerns de Hollywood, la gente decía que merecía una medalla.
Una mujer del Gold Country
Ellena “Ellie” Starr Nesler era la mayor de tres hijas de un minero de carbón y su esposa. Creció en las colinas alrededor de Jamestown, en el condado de Tuolumne, en el corazón del llamado Gold Country californiano. Ese territorio de pueblos fundados durante la fiebre del oro del siglo XIX que para los años 80 vivían del turismo. De joven conducía tractores para rancheros locales, cavaba zanjas, instalaba tuberías de irrigación y trabajaba en mecánica, según le contó su madre al Los Angeles Times en 1993.
Se casó joven, se divorció, y luego conoció a Bill Nesler, minero de oro y fumigador aéreo. Tuvieron un hijo, Willie, y se mudaron a Liberia, donde nació su hija Rebecca. Cuando estalló la guerra civil a finales de los años 80, Ellie regresó a California con los niños. Su marido se quedó en África. De vuelta en Tuolumne County, sobrevivía con cheques de asistencia social y trabajos ocasionales.
Fue entonces cuando apareció Daniel Mark Driver. Driver era un vagabundo que en 1983 había sido condenado por abuso sexual de menores en el condado de Santa Clara. Pasó apenas tres meses en la cárcel. En 1986 regresó a la casa de su madre en Tuolumne County. Cargaba una Biblia y recitaba versículos de memoria. La hermana de Ellie, Jan Martínez, propuso enviar a los niños a un campamento cristiano de verano donde Driver trabajaba como lavaplatos.
Cuando Ellie expresó dudas, Martínez la disuadió. “No seas ridícula, carga una Biblia. Es un hombre de Dios”, le dijo.
Años antes, Driver había admitido ser culpable de múltiples cargos de abuso sexual de menores en el área de San José. El juez en ese caso recibió numerosas cartas de miembros de la iglesia de Driver avalando su carácter y le concedió libertad vigilada. Eso no lo sabía Ellie. Willie, que entonces tenía siete años, fue al campamento en el verano de 1988.
Lo que Willie contó
Al regresar del campamento, el niño empezó a comportarse de manera extraña. Meses después, durante una noche en casa de su tía, Willie confió que Driver le había hecho “cosas sucias”. Le pidió que no dijera nada. Driver le había advertido que mataría a su madre, a su hermana y a él mismo si contaba algo.
Según el fallo de la Corte Suprema de California en el caso People v. Nesler (1997), durante ese período Willie se volvió hipervigilante. Temía que Driver lo secuestrara. Empezó a hacerle preguntas a su madre sobre el suicidio. En una ocasión, Ellie lo encontró con un arma. Asustada, buscó orientación psicológica para el niño.
El mismo fallo documenta que Ellie le confesó a su hermana Martínez que cuando ella era niña había sido violada de la misma manera que Willie, y que hubo un tiempo en que ella también quiso morir.
En mayo de 1989, Nesler presentó una denuncia que alegaba siete cargos de abuso sexual de menores contra cuatro niños, incluido Willie. Para entonces, Driver había huido. Lo arrestaron a finales de 1992 por un robo en Palo Alto, y fue devuelto al condado de Tuolumne para enfrentar los cargos de abuso. La audiencia preliminar quedó fijada para el 2 de abril de 1993 en el juzgado de Jamestown.
Willie tendría que testificar. Antes de que llegara esa fecha, Ellie protestó cuando supo que su hijo debería enfrentarse a Driver en el tribunal. Pidió que el testimonio de Willie se grabara en video. No era una opción disponible. Pidió entonces que la audiencia se celebrara a puertas cerradas. La petición fue denegada.
El cruce del niño y su violador
La mañana del 2 de abril, Willie no podía dejar de vomitar. Siguió haciéndolo después de llegar al juzgado. Ellie apareció nerviosa, tensa y angustiada, según el expediente judicial. Intentó calmar al niño. Cuando Driver llegó al tribunal, conducido por agentes del alguacil, miró a Willie con lo que los testigos describieron como una mueca burlona, despreciativa y altanera. Ellie se lanzó hacia Driver. Martínez la sujetó del brazo.
Fuera de la sala, en el pasillo, otra madre que había testificado antes contra Driver le dijo a Ellie que su declaración había sido débil y que Driver “iba a salir libre”. Esa mujer también le dijo que quería conseguir un arma y matarlo ella misma. Le pidió a Ellie que lo hiciera mejor.
Justo antes de que la llamaran a declarar, Ellie le preguntó a un investigador de la fiscalía si él y sus colegas tendrían problemas si “algo le pasaba” a Driver. El investigador, creyendo que se refería a una agresión previa que Driver había sufrido en la cárcel, respondió que no. Nesler interpretó esa respuesta como una señal. Ella y Martínez entraron a la sala. El juez no estaba presente. Driver, esposado, estaba sentado en una silla cerca de su abogado defensor.
Nesler sacó del bolso una pistola semiautomática calibre .22. Se colocó detrás del abogado defensor. Disparó cinco veces en el lado izquierdo de la cabeza y el cuello de Driver. Los disparos se sucedieron en rápida sucesión. Un sexto disparo falló y fue encontrado en la pared.
Driver murió casi de inmediato. Al salir de la sala, Nesler dijo: “No entienden. Él ha violado a cientos de niños”. Horas después, en una declaración grabada ante los investigadores, dijo que no había planeado matar a Driver ese día y que no sabía si había hecho lo correcto, pero que estaba agotada de todo el dolor que él había causado.
“Quizás no soy Dios, pero te digo algo soy lo más parecido que existe para todos esos niños. Simplemente sentí que debía morir, así que hice de juez y jurado”, declaró ante los investigadores.
En esa misma declaración grabada, Nesler negó haber consumido drogas o alcohol ese día. Después de que apagaron el grabador, admitió que había “fumado crack” una vez esa mañana. Mientras la trasladaban para tomarle una muestra de sangre, volvió a admitirlo, pero dijo que no lo hacía habitualmente. El análisis reveló una concentración de metanfetamina en su sangre consistente con un consumo sustancial, según determinó el experto en psicofarmacología que declaró en el juicio.
“Buen disparo, Ellie”
Dos bancos de la zona abrieron fondos de defensa para Ellie Nesler. Las tiendas y bares de la calle principal de Jamestown colocaron frascos de vidrio para recolectar dinero en efectivo. Aparecieron camisetas y calcomanías que decían “Buen disparo, Ellie”. Llamadas de apoyo llegaron desde toda la nación y desde Canadá, Italia, España y Dinamarca. Sus seguidores recaudaron USD 40.000 para su defensa legal. Miles de cartas llegaron a su dirección.
La imagen de madre protectora empezó a agrietarse en las semanas siguientes al disparo, cuando el análisis de sangre confirmó la presencia de metanfetamina. También salió a la luz que Nesler tenía antecedentes penales. La mujer había sido condenada por robo de auto a los 18 años y cumplió varios meses en un centro juvenil del estado. Y los investigadores estatales determinaron que había contemplado matar a Driver más de dos años antes del disparo.
El juicio: cuatro días de deliberación
El juicio comenzó en julio de 1993 en Sonora, la cabecera del condado. La fiscalía, que había tomado el caso porque el fiscal de distrito local había presenciado el asesinato, argumentó premeditación y venganza planificada.
“Ella quiso, esperó, tuvo la intención de matar a Daniel Driver —dijo la fiscal Jo Graves al jurado durante los alegatos finales—. Estamos hablando del asesinato de un hombre bajo custodia, esposado.”
La defensa, encabezada por el reconocido abogado J. Tony Serra, construyó su argumento sobre la cadena de eventos de esa mañana. Serra era conocido por haber representado a los Panteras Negras y a los Ángeles del Infierno. No iba a abandonar un pueblo todavía enamorado de sus raíces de frontera.
El jurado deliberó cuatro días. El 11 de agosto de 1993, poco antes de las 7 de la tarde, devolvió su veredicto. La declararon culpable de homicidio voluntario sin premeditación. No de asesinato en primer grado. No de asesinato en segundo grado. El cargo más grave que la fiscalía había pedido quedó descartado.
La segunda fase era la audiencia de cordura. El jurado debía determinar si Nesler era legalmente insana en el momento del disparo. Si lo era, iría a una institución psiquiátrica por un mínimo de seis meses. Si no, enfrentaría hasta 16 años de prisión.
La batalla de los peritos
La fase de cordura comenzó en septiembre de 1993 y duró tres semanas. Tres psiquiatras de la defensa testificaron que Nesler era legalmente insana en el momento del disparo. Dos la diagnosticaron con trastorno de estrés postraumático derivado de su propio abuso sexual sufrido en la infancia y de la agresión de Driver contra Willie.
El psicólogo Philip Trompetter, perito de la defensa, diagnosticó intoxicación por anfetaminas y abuso de sustancias psicoactivas.
Trompetter declaró que, en su opinión, el factor predominante que desencadenó el impulso de Nesler de matar a Driver fue el pensamiento de que él quedaría libre y su hijo tendría que seguir viviendo con miedo.
Cuatro expertos de la fiscalía concluyeron lo contrario. Dijeron que Nesler era legalmente cuerda en el momento del homicidio. El psicólogo John Chellsen, designado por el tribunal, fue directo. Sí, estaba muy alterada emocionalmente. Era impulsiva. Pero no era psicótica. No estaba delirando”, afirmó.
El jurado deliberó cinco días. El 29 de septiembre de 1993 declaró a Nesler legalmente cuerda en el momento del disparo.
El 8 de enero de 1994, el juez William G. Polley la sentenció a 10 años de prisión. Al dictar la pena, el juez calificó el asesinato de Driver como “una ejecución” que demostraba “un alto grado de violencia”.
El jurado contaminado y la Corte Suprema
Durante la fase de cordura del juicio, una jurada llamada Katherine Elizabeth Boje estuvo sentada en un bar mientras una mujer desconocida hablaba durante media hora sobre Nesler. La mujer decía que la conocía, que había cuidado a sus hijos, que Ellie los dejaba solos por días, que era una mala madre, que consumía drogas más de lo que el juicio mostraba. Boje no se identificó como jurada. No se fue. No informó al tribunal de lo que había escuchado.
En cambio, durante las deliberaciones de la fase de cordura, Boje introdujo esa información repetidamente. Llamó a Nesler “crankster”, término que designa a quien consume metanfetamina de forma habitual. Dijo que conocía a la niñera de Nesler. Dijo que sabía que Ellie usaba más drogas de lo que la evidencia mostraba. Lo hizo en los momentos en que discrepaba con otros jurados, según declararon varios de ellos ante el tribunal.
Después de que se leyó el veredicto, otra jurada escuchó a Boje decir: “Por fin recibió lo que merecía”.
El tribunal de primera instancia negó la moción de nuevo juicio presentada por la defensa. El tribunal de apelaciones confirmó esa decisión. Pero en agosto de 1997, la Corte Suprema de California revirtió el veredicto de la fase de cordura en People v. Nesler. El tribunal determinó que la conducta de Boje establecía una probabilidad sustancial de sesgo real. La jurada había recibido información externa, la había usado deliberadamente para intentar influir en otros jurados.
La condena por homicidio voluntario quedó en pie. Pero la fase de cordura debía repetirse.
Antes de que llegara a ese punto, Nesler llegó a un acuerdo con la fiscalía. Se declaró culpable de homicidio y quedó libre tras cumplir tres años de los diez a los que había sido condenada, en parte porque le habían diagnosticado cáncer de mama en 1994. Salió de prisión en 1997.
La heroína del Mother Lode
El debate sobre el caso se trasladó a la cultura popular. La película de televisión Judgment Day: The Ellie Nesler Story, protagonizada por Christine Lahti, se estrenó en la cadena USA en 1999. La familia recibió más de USD 250.000 de los productores.
Pero el caso también dejó una pregunta sin respuesta cómoda. ¿Qué había pasado con Willie? El niño que había sido abusado, que había vomitado de los nervios esa mañana en el juzgado, que había crecido mientras su madre cumplía condena y había terminado detenido al menos 18 veces como adulto en el lapso de cinco años. La hija de Ellie, Rebecca, le dijo a su madre en sus últimos años que había “salvado a muchos niños” al matar a Driver. “Sí -respondió Ellie-, pero no salvé al mío.”
El regreso y el final
Ellie Nesler salió de prisión en 1997. Cuatro años después, volvió a ser detenida. En octubre de 2001, le entregó metanfetamina a un informante. Días después, le compró 10.000 tabletas de pseudoefedrina, un precursor químico de la droga. En julio de 2002, se declaró culpable de los cargos relacionados con la venta y posesión de metanfetamina y fue condenada a seis años de prisión.
Fue liberada en 2006 de la prisión de mujeres de Chowchilla. El cáncer de mama, diagnosticado en 1994 y que había contribuido a su liberación anticipada la primera vez, había regresado.
Ellie Nesler murió el 26 de diciembre de 2008, a los 56 años, en el Centro Médico UC Davis de Sacramento. El hospital confirmó la muerte a través de su vocera Phyllis Brown, sin revelar la causa oficial, aunque Nesler era conocida por haber batallado contra el cáncer de mama desde 1994.
Fuente: Infobae


















:format(webp):quality(75)/https://radiorafaelacdn.eleco.com.ar/media/2025/12/cine_belgrano_3.jpeg)





