


Rafaela cumple 145 años: Viotti recibe visitas, pero los baches, la inseguridad y la suciedad siguen
RAFAELA R24N
Resumen
Leonardo Viotti recibió a representantes de Sigmaringendorf, Fossano y Carcabuey, en el marco de los festejos por los 145 años de Rafaela.
El hermanamiento entre ciudades es un gesto institucional valioso, pero no resuelve los problemas cotidianos de los rafaelinos.
Las calles destruidas, los baches que reaparecen después de cada lluvia y los arreglos precarios siguen esperando una respuesta seria.
La higiene urbana, el tránsito caótico y la inseguridad también deberían formar parte de las prioridades municipales.
Rafaela merece que sus 145 años se festejen con gestión, obras duraderas y soluciones concretas, no solamente con recepciones protocolares y fotografías oficiales.
Mucho hermanamiento, pero poco arreglo de las calles
Rafaela está a punto de celebrar sus 145 años y el intendente Leonardo Viotti decidió recibir a representantes de tres ciudades hermanadas con nuestra ciudad: Sigmaringendorf, Fossano y Carcabuey. Una iniciativa bonita, sin dudas. Recibir visitantes, intercambiar experiencias, fortalecer vínculos internacionales y conversar sobre proyectos de cooperación es parte de la vida institucional de cualquier comunidad que se precie de tal.
El problema aparece cuando uno vuelve a poner los pies sobre las calles de Rafaela. Allí, lejos de los saludos protocolares, las delegaciones internacionales y las buenas intenciones, la realidad cotidiana de muchos vecinos sigue siendo bastante menos elegante que una recepción en el Palacio Municipal.
Porque, seamos sinceros, el hermanamiento con ciudades europeas puede fortalecer los lazos de amistad, pero difícilmente consiga que un rafaelino deje de romper el tren delantero del automóvil por culpa de un bache. Tampoco parece que las conversaciones diplomáticas vayan a tapar los pozos de avenida Brasil, de los barrios periféricos o de tantas otras arterias que necesitan una intervención municipal en serio.
Los representantes extranjeros llegaron a Rafaela después de visitar Rosario, recorrer el Monumento Nacional a la Bandera y conocer la zona costera. Fueron recibidos por autoridades provinciales y, posteriormente, por Viotti y miembros de su gabinete. La agenda contempla actividades durante toda la semana, hasta llegar al acto central del 24 de octubre, cuando la ciudad celebrará un nuevo aniversario.
Todo muy correcto. Todo muy institucional. Todo muy fotogénico.
Pero mientras se estrechan manos y se intercambian experiencias, los vecinos siguen esquivando pozos, reclamando por la basura, padeciendo un tránsito cada vez más complicado y mirando con preocupación los problemas de inseguridad.
Y aquí aparece una pregunta que el intendente debería hacerse: ¿no sería esta celebración una excelente oportunidad para demostrar que Rafaela también puede hermanarse con algo mucho más urgente que una ciudad extranjera? Por ejemplo, con el mantenimiento de sus calles, la limpieza urbana, el ordenamiento del tránsito y la recuperación de la tranquilidad en los barrios.
No estamos proponiendo que se suspendan las recepciones ni que se cierren las puertas del municipio a los visitantes. Sería absurdo desconocer el valor de las relaciones entre ciudades. Lo que planteamos es algo mucho más sencillo: que el protocolo no termine ocupando el lugar que le corresponde a la gestión.
Si hay algo que los rafaelinos esperan de su intendente no es que les cuente cuántas delegaciones recibió, sino que les explique cuándo van a arreglar las calles y, sobre todo, cómo piensa garantizar que esos arreglos duren.
Porque otro de los grandes problemas es la calidad de los trabajos. En ocasiones, los baches parecen tener una extraordinaria capacidad de supervivencia: llega la cuadrilla municipal, aparece el parche, el problema parece solucionado y, con la primera lluvia o al poco tiempo, el viejo conocido vuelve a saludar desde el asfalto. Un fenómeno casi milagroso, aunque bastante menos simpático para quien tiene que pagar las reparaciones de su vehículo.
Tapar un bache no debería ser una operación de maquillaje urbano. Debe ser un trabajo hecho a conciencia, con materiales adecuados, procedimientos correctos y controles que permitan garantizar una solución duradera. De lo contrario, se gasta dinero público, se movilizan recursos municipales y se termina pagando dos veces por una tarea que debió hacerse bien desde el principio.
Y si de celebrar los 145 años se trata, pocas cosas serían más significativas que ver a las cuadrillas trabajando en todos los sectores que necesitan reparación, con un plan concreto, prioridades claras y resultados que puedan comprobarse. Sería una manera de homenajear a Rafaela mucho más tangible que cualquier discurso.
Lo mismo vale para la higiene de la ciudad. Una Rafaela limpia no se consigue solamente con campañas de concientización o declaraciones de buenas intenciones. Requiere planificación, limpieza sostenida, controles y una respuesta rápida ante los reclamos. El tránsito, por su parte, necesita orden, fiscalización y decisiones que no se limiten a aparecer cuando ocurre un problema. Y la inseguridad exige coordinación, prevención y medidas concretas para que los vecinos puedan vivir más tranquilos.
Son cuestiones que afectan la vida diaria de miles de personas. No son asuntos menores ni problemas que puedan quedar relegados porque el calendario marca una semana de festejos.
Los 145 años de Rafaela deberían servir para mirar hacia adelante, pero también para revisar qué cosas todavía no funcionan como deberían. Una ciudad con historia, producción, trabajo y una comunidad que ha sabido crecer merece servicios a la altura de sus aspiraciones.
Por eso, nuestro pedido al intendente Viotti es tan sencillo como razonable: aproveche este aniversario para salir del protocolo y entrar de lleno en los problemas reales de la ciudad. Que los vecinos vean máquinas trabajando, calles reparadas de verdad, espacios públicos limpios, tránsito ordenado y acciones concretas frente a la inseguridad.
Que los visitantes de Sigmaringendorf, Fossano y Carcabuey se lleven una buena impresión de Rafaela, por supuesto. Pero que los propios rafaelinos también puedan sentirse orgullosos de la ciudad en la que viven, sin tener que hacer una excursión de obstáculos cada vez que salen en automóvil.
Porque una ciudad no se gobierna con fotografías, reuniones ni discursos; se gobierna resolviendo los problemas de la gente.
Y si el intendente quiere hacerle un verdadero regalo a Rafaela en sus 145 años, no hace falta buscarlo en Europa. Está acá, a la vuelta de la esquina, esperando que alguien tape el bache, limpie la vereda, ordene el tránsito y se ocupe de los problemas que los vecinos reclaman desde hace tiempo.
Después de todo, sería una forma novedosa de hermanar al municipio con sus propios ciudadanos. Y, a juzgar por el estado de algunas calles, quizá sea el hermanamiento más urgente de todos.





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