



En la Plaza Tiananmen (Pekín) el 4 de junio de 1989, perecieron entre 400 y 2.000 manifestantes en manos del ejército chino, quienes protestaron durante dos meses, de forma pacífica, exigiendo el fin de la corrupción y más libertades -una exigencia que aún tiene vigencia-, e hizo peligrar por primera vez desde su llegada al poder, en 1949, la dictadura del Partido Comunista (PCCh). Aún en la actualidad hay manifestantes encarcelados, mientras que activistas y víctimas desean que Europa presione más al Gobierno comunista para que asuma su responsabilidad en la matanza. Las protestas de la plaza de Tiananmen dañaron la reputación de la República Popular China en los países occidentales, cuyos medios de comunicación habían sido invitados para cubrir la visita del político ruso y Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov en mayo, y se encontraban, por tanto, en una posición excelente para cubrir en directo la represión del gobierno chino, especialmente la BBC y la CNN. Los manifestantes aprovecharon esta oportunidad, creando carteles dirigidos a la opinión pública internacional. La cobertura se facilitó por los conflictos gubernamentales acerca de la manera de tratar las protestas, lo que tuvo como resultado que las emisiones no fueran interrumpidas inmediatamente.






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