Lula y su Gobierno proyectan normalidad en la resaca del asalto a la democracia

INTERNACIONALES Por Naiara GALARRAGA GORTÁZAR
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El presidente de Brasil quiere que la resaca del brutal ataque perpetrado el domingo por bolsonaristas contra los poderes institucionales no distraiga a su Gobierno de la misión que le encomendó el electorado. Luiz Inácio Lula da Silva dedicó este martes, décimo día de su mandato, a despachar con varios ministros en la sede de la Presidencia, donde los daños aún son evidentes. “Bom dia. Trabajando en el palacio de Planalto”, ha tuiteado el mandatario que pretende embarcarse ya a todo vapor en elaborar “medidas de reconstrucción del país”. En paralelo, los jueces y la policía se ocupan de los detenidos por participar en la invasión mientras investigan quién más está tras el ataque.

El mensaje que el mandatario ha querido enviar este martes venía a ser “volvemos al trabajo, que este Gobierno tiene una tarea ingente por delante. Además de la crisis institucional abierta por el asalto y del desgaste que supone la polarización, están otros asuntos urgentes para millones de brasileños: el hambre, la miseria, el desempleo, las deudas de las familias…'. Lula quiere que su Gabinete no se obsesione con las dificultades en el horizonte y que se centre en ofrecer resultados tangibles cuanto antes. Ganó por la mínima y sabe que le miran con lupa.

Entre sus primeras citas de este martes, las que ha mantenido con la ministra de Salud, Nisia Trindade, de 64 años, y con el de Educación, el exgobernador Camilo Santana, de 55. Titulares ambos, según ha destacado Lula, de sendas áreas “destruidas y negligenciadas en los últimos años”. Inmediatamente ha anunciado el aumento de las meriendas escolares —cruciales para niños en hogares donde falta comida— y la reanudación de las campañas de vacunación.

Mientras el jefe del Estado recibía a los ministros, los equipos de limpieza se afanaban en los edificios atacados por hordas de bolsonaristas. Buena parte de la fachada acristalada de la planta baja del palacio de Planalto ha desaparecido, así como la galería con las imágenes de todos los presidentes. Las señoras de la limpieza pasaban esta mañana la escoba mientras las cámaras hacían guardia a la espera de algún ministro o el presidente.

El lunes por la noche el mandatario brasileño conversó con su homólogo estadounidense, Joe Biden, y le confirmó que viajará a Washington a principios de febrero. Es decir, después de visitar Buenos Aires y antes de ir a Pekín. Las llamadas de solidaridad y apoyo al Gobierno salido de las urnas y a las instituciones se suceden. Este martes el jefe de la diplomacia de la Unión Europea, Josep Borrell, ha transmitido por teléfono al ministro de Exteriores, Mauro Vieira, la plena confianza de las instituciones europeas hacia la fortaleza de las instituciones brasileñas y el deseo de reactivar plenamente la alianza estratégica.

Si el mensaje del martes era normalidad; el del lunes fue, unidad tras el ataque más grave sufrido por la democracia brasileña en casi cuatro décadas, desde la redemocratización. Lula dedicó la jornada completa a proyectar una imagen de institucionalidad republicana. Para ello, recibió a los jefes del Poder Judicial, del Legislativo, a los jefes de las Fuerzas Armadas y a los 27 gobernadores. Entre los presentes, también estaban los que son más estrechos aliados del expresidente Bolsonaro, los gobernadores de São Paulo, Paraná y Minas Gerais. En su discurso, el mandatario les dijo: “En nombre de la defensa de la democracia no vamos a ser autoritarios con nadie, pero tampoco vamos a ser, como diría yo, tibios. Vamos a investigar y vamos a averiguar quién lo financió (…) Y lo vamos a descubrir porque fue muy difícil para ustedes y para mí conquistar la democracia en este país”.

Concluida la reunión, Lula invitó a los representantes de los poderes político y judicial a dar un corto pero simbólico paseo. Juntos cruzaron la plaza de los Tres Poderes desde la sede de la Presidencia hasta la sede del Supremo.

Fuente: El País

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