Venezuela como espejo de la interna opositora: Bullrich, Larreta y la disputa por el tono frente a Maduro

POLÍTICA Agencia de Noticias del Interior
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  • Patricia Bullrich se burló de Horacio Rodríguez Larreta por su postura “tibia” sobre Venezuela.
  • Larreta celebró la caída de Maduro, pero cuestionó una salida impuesta desde el exterior.
  • Bullrich defendió una posición sin matices frente a las dictaduras y alineada con EEUU.
  • El cruce expuso una nueva interna dentro del arco opositor.
  • Javier Milei y Manuel Adorni ironizaron sobre Maduro y Trump en redes sociales.
  • La crisis venezolana volvió a funcionar como espejo de disputas políticas internas.

La crisis en Venezuela y la caída del régimen de Nicolás Maduro volvieron a funcionar como un catalizador de tensiones en la política argentina. Esta vez, el foco no estuvo puesto únicamente en el posicionamiento del Gobierno nacional, sino en un cruce público que dejó al descubierto una nueva fractura dentro del arco opositor. La senadora Patricia Bullrich se burló de Horacio Rodríguez Larreta por considerar “tibia” su postura frente al desenlace venezolano, reavivando una disputa que combina diferencias ideológicas, estrategias de poder y estilos de liderazgo.

El detonante fue un extenso mensaje publicado por Rodríguez Larreta en redes sociales. Allí calificó al chavismo como una “narcodictadura” y celebró la salida de Maduro del poder, pero introdujo una advertencia que marcó el eje de la polémica: sostuvo que la solución para Venezuela no puede surgir de una imposición externa que viole la soberanía de los Estados. En ese marco, reclamó una transición democrática con elecciones libres, protagonizada por los propios venezolanos y validada institucionalmente.

La respuesta de Bullrich fue inmediata y cargada de ironía. “Dios, qué tibio”, escribió, y remató con una frase que buscó ubicar a su adversario interno en un lugar incómodo: “¿Cómo se siente coincidir con el kirchnerismo, Horacio?”. Más allá del tono burlón, el mensaje condensó la lógica del ala dura del oficialismo libertario y de sus aliados: no hay margen para matices cuando se trata de regímenes autoritarios acusados de violaciones sistemáticas a los derechos humanos.

El cruce expuso dos miradas contrapuestas sobre cómo pararse frente a la crisis venezolana y, por extensión, frente al nuevo orden internacional que se reconfigura tras la captura de Maduro. Rodríguez Larreta optó por una postura institucionalista, anclada en el Derecho Internacional y en la tradición diplomática argentina de defensa de la soberanía y la no intervención. Bullrich, en cambio, reivindicó una posición más confrontativa, alineada sin ambigüedades con el accionar de Estados Unidos y con una narrativa de “cero tolerancia” frente a las dictaduras.

La disputa no quedó circunscripta a ese intercambio. En paralelo, el presidente Javier Milei y el ex vocero presidencial Manuel Adorni se sumaron a las repercusiones con un tono irónico que también funcionó como señal política. Milei publicó un mensaje en el que advirtió, con sarcasmo, sobre los riesgos de “pedir” ciertos desenlaces, acompañado por un video propagandístico en el que Nicolás Maduro desafiaba públicamente a Donald Trump. La secuencia, editada en clave de burla, mostraba primero al líder chavista lanzando su desafío y luego imágenes del despliegue militar estadounidense.

Adorni replicó el mismo material con su ya habitual cierre lacónico, reforzando la línea oficial. Ambos posteos dejaron en claro la posición del Gobierno nacional: respaldo explícito a la caída de Maduro y legitimación del accionar estadounidense, sin mayores consideraciones sobre las objeciones jurídicas o diplomáticas que plantean otros sectores.

El episodio revela algo más profundo que un simple cruce en redes sociales. La situación venezolana se convirtió en un terreno simbólico donde se dirimen identidades políticas dentro de la oposición no kirchnerista. Para el sector que encarna Bullrich, la moderación es vista como debilidad y como una concesión discursiva a quienes relativizaron durante años al chavismo. Para el espacio que representa Rodríguez Larreta, en cambio, el énfasis está puesto en preservar reglas, consensos internacionales y salidas institucionales, aun frente a regímenes autoritarios.

En ese contraste se juega una discusión de fondo sobre el rumbo político y discursivo de la Argentina en el escenario global. La caída de Maduro no solo reordenó el mapa regional, sino que también dejó al descubierto que, puertas adentro, la grieta no se limita al oficialismo y al kirchnerismo: atraviesa, cada vez con más fuerza, a la oposición misma.

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