

El acuerdo con Estados Unidos abre oportunidades, pero enciende alertas en la industria automotriz
ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior
- El acuerdo generó reacciones contrapuestas entre el Gobierno y especialistas
- La industria automotriz aparece como uno de los sectores más expuestos
- Se habilita un cupo de 10.000 vehículos estadounidenses sin arancel
- No hay beneficios equivalentes para las exportaciones argentinas de autos
- Analistas advierten sobre asimetrías en las obligaciones asumidas
- El impacto final dependerá de políticas complementarias y del contexto regional
El acuerdo comercial alcanzado entre la Argentina y Estados Unidos generó un abanico amplio de reacciones en el ámbito económico y productivo. Mientras el Gobierno y economistas alineados con una visión liberal destacan el entendimiento como un paso decisivo hacia una mayor integración internacional, distintos especialistas y referentes sectoriales advierten sobre posibles desequilibrios en las concesiones asumidas y el impacto negativo que podría tener sobre ramas sensibles de la industria local.
Entre los sectores que miran el acuerdo con mayor preocupación aparece la industria automotriz, que atraviesa un escenario complejo desde hace más de un año. A la caída de la demanda proveniente de Brasil se suma el avance de los vehículos chinos en la región y un proceso de apertura comercial que incrementa la presión competitiva. Según datos oficiales, el rubro de vehículos y autopartes registró una contracción del 23,2% entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025, ubicándose entre los sectores industriales más golpeados del período.
Las cifras sectoriales confirman la tendencia. Durante diciembre, tanto las exportaciones como las ventas a concesionarios mostraron fuertes retrocesos interanuales, mientras que el mercado interno de autopartes acompañó la baja de actividad de las terminales. En ese contexto, el nuevo entendimiento comercial introduce cambios que, para algunos analistas, profundizan los desafíos existentes.
El acuerdo contempla la eliminación de aranceles para más de doscientas posiciones arancelarias, la reducción de gravámenes para un conjunto adicional de productos —principalmente autopartes— y la habilitación de cupos para determinados bienes. En el caso específico del sector automotor, se otorgará a Estados Unidos un cupo de 10.000 vehículos que ingresarán sin pagar arancel, bajo el compromiso argentino de aceptar estándares técnicos y de seguridad norteamericanos.
Desde el Gobierno relativizan el impacto de ese volumen. Funcionarios sostienen que se trata de una cifra acotada frente a un mercado que comercializa cientos de miles de unidades por año y que el incremento de la competencia contribuirá a bajar precios y modernizar el parque automotor. Bajo esta lógica, la apertura aparece asociada a mejoras en seguridad vial y eficiencia, en línea con una estrategia de reducción de impuestos y barreras regulatorias.
Sin embargo, desde sectores vinculados a la producción advierten que el problema no radica solo en la cantidad de vehículos importados, sino en la asimetría del acuerdo. Señalan que, mientras la Argentina habilita cupos y reconoce homologaciones extranjeras, Estados Unidos no ofrece condiciones similares para los vehículos producidos localmente ni reduce aranceles que hoy alcanzan niveles elevados, especialmente en segmentos como las pickups.
Otro punto de debate es el modo de asignación de los cupos. Especialistas alertan que el esquema podría beneficiar a quienes accedan primero a la cuota desde el exterior, sin garantizar que las terminales radicadas en el país obtengan ventajas concretas. La experiencia previa con cupos para autos híbridos y eléctricos refuerza esas dudas, ya que la distribución no siempre se tradujo en un impulso a la producción local.
El acuerdo podría favorecer a empresas de capital estadounidense con presencia en la Argentina, aunque también habilita a otras compañías que fabriquen en territorio norteamericano y cumplan con los estándares técnicos exigidos. En cualquier caso, los vehículos representan una porción significativa de las importaciones desde Estados Unidos, lo que convierte al sector en uno de los más expuestos a los efectos del nuevo marco comercial.
Más allá de la industria automotriz, algunos analistas plantean reparos de carácter más estructural. Señalan que el texto del acuerdo establece un número considerablemente mayor de obligaciones para la Argentina que para Estados Unidos, lo que refuerza la percepción de un entendimiento desequilibrado. Desde esta mirada, el desafío no es solo productivo, sino también estratégico, en términos de la capacidad del país para negociar condiciones que protejan su entramado industrial.
Así, el acuerdo con Estados Unidos se instala como un punto de inflexión: para el Gobierno, una oportunidad de inserción global y modernización; para sectores productivos, un riesgo que podría acelerar procesos de desindustrialización si no se acompaña con políticas activas.



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