Grandes Almacenes Ripamonti: entre la realidad y el relato político

RAFAELA Por Carlos Zimerman
carlos zimerman
Por Carlos Zimerman

La política tiene un gen que la diferencia del resto de la sociedad. Es un rasgo casi único. Mientras cualquier persona sentiría pudor de exagerar un logro o de presentar como terminada una tarea que recién comienza, el político suele hacer exactamente lo contrario: infla el pecho, multiplica los adjetivos y se apropia del triunfo como si hubiera concretado una transformación histórica.

Eso quedó reflejado en la recorrida que realizó el intendente Leonardo Viotti por la obra de recuperación de los Grandes Almacenes Ripamonti.

Escuchándolo, pareciera que Rafaela ya recuperó uno de sus edificios más emblemáticos y que el Centro Histórico está viviendo una revolución urbana. La realidad, sin embargo, es bastante más modesta.

Lo que hoy se está ejecutando es, fundamentalmente, la recuperación de la fachada y la consolidación estructural del edificio. Es importante, sí. Era necesario, también. Pero no deja de ser, por ahora, una cáscara vacía. El interior sigue sin destino concreto, sin actividad y sin la recuperación integral que un inmueble de semejante valor patrimonial merece.

Conviene no confundir el comienzo de una obra con la obra terminada.

Ahora bien, tampoco sería justo caer en el extremo opuesto.

Durante doce años, Luis Castellano prometió una y otra vez la recuperación de Ripamonti. Hubo anuncios, proyectos, renders y discursos. Pero el edificio siguió deteriorándose mientras las gestiones pasaban y las promesas se acumulaban.

Hoy, por primera vez en muchos años, algo efectivamente se está haciendo.

No alcanza para lanzar fuegos artificiales ni para hablar de una transformación histórica del centro de Rafaela. Pero tampoco corresponde minimizar que, después de décadas de abandono, finalmente comenzó una intervención concreta.

Ese es el punto justo.

Ni el relato épico que intenta construir el oficialismo ni el rechazo automático de quienes niegan cualquier avance.

La obra merece ser valorada porque rompe con una larga historia de inacción. Sin embargo, todavía falta muchísimo para afirmar que los Grandes Almacenes Ripamonti "volvieron a ponerse de pie". Esa frase podrá decirse cuando el edificio tenga vida, actividad, un uso definido y deje de ser solamente una hermosa fachada restaurada.

En política existe una tendencia permanente a vender el primer ladrillo como si fuera la inauguración del edificio completo. Es parte del oficio. El problema aparece cuando el marketing intenta reemplazar a la realidad.

Viotti tiene derecho a mostrar una obra que su gestión puso en marcha. Incluso puede exhibirla como una diferencia respecto de administraciones anteriores que nunca lograron avanzar. Lo que no debería hacer es exagerar su alcance.

La modestia también comunica.

Y probablemente genere más credibilidad que los discursos grandilocuentes.

Porque los rafaelinos no necesitan que les cuenten una epopeya. Alcanzaría con que les digan la verdad: se empezó una obra que llevaba demasiados años esperando. Es un buen primer paso. Ahora falta terminarla.

Si eso ocurre, entonces sí habrá motivos para celebrar. Mientras tanto, conviene mantener los pies sobre la tierra.

Después de todo, es política. Y cuando aparece una cámara, muchos dirigentes tienen esa extraordinaria capacidad de convertir una fachada recuperada en una obra casi terminada. Es un talento que difícilmente pueda encontrarse fuera de ese mundo.

ÚLTIMAS NOTICIAS
Te puede interesar
Lo más visto
PERIODISMO INDEPENDIENTE