Los Odesur nos hará millonarios

RAFAELA R24N

hoy

Dicen que los Juegos ODESUR todavía no empezaron. Pero eso debe ser una simple cuestión de calendario. Porque, según algunos relatos, los beneficios económicos ya son tan extraordinarios que Rafaela está a punto de convertirse en la nueva Dubái del oeste santafesino.

Los bares ya no saben dónde guardar tantas reservas.

Los restaurantes están ampliando sus cocinas porque calculan que habrá filas de cuadras para conseguir una mesa.

Los comerciantes ya empezaron a hacer lugar en las cajas fuertes para guardar semejante lluvia de dinero.

Las PyMES, esas que durante años hicieron malabares para pagar impuestos, cargas sociales, tarifas y sueldos, por fin podrán respirar. De hecho, varias ya habrían dejado señadas camionetas 0 kilómetro y otras directamente se animaron a cambiar el auto. Total, con semejante "efecto derrame", ¿quién va a preocuparse por las cuentas?

Las agencias de viajes tampoco quieren quedarse afuera.

Dicen que muchos empresarios locales ya están averiguando paquetes para Miami, convencidos de que, terminado el evento, las ganancias serán tan extraordinarias que unas vacaciones en la Florida serán apenas un pequeño premio al esfuerzo.

Algunos incluso sostienen que los bancos están preparando cajas especiales para recibir semejante catarata de depósitos.

Las inmobiliarias ya calculan un boom histórico.

Los mozos harán cola para comprar departamentos.

Los kiosqueros abrirán sucursales.

Los taxistas cambiarán el coche.

Los peluqueros contratarán asistentes.

Los panaderos ampliarán los hornos.

Y los almaceneros ya estarían pensando en abrir franquicias.

Porque, claro, cuando se habla de gastar, solo en comida, más de mil millones de pesos en la ciudad, el dinero debería multiplicarse mágicamente y hacer ricos a todos.

¿O no era así?

También aseguran que los turistas quedarán tan enamorados de Rafaela que volverán todos los fines de semana durante los próximos veinte años.

Las fábricas trabajarán las veinticuatro horas.

El desempleo desaparecerá.

Los impuestos bajarán solos.

Las calles se arreglarán por generación espontánea.

Y las cuentas municipales cerrarán con superávit gracias al poder casi sobrenatural del "efecto derrame".

Maravilloso.

Lástima que la economía no suele funcionar con discursos.

La realidad, generalmente, tiene la desagradable costumbre de aparecer cuando terminan los actos, se apagan las luces y se van las cámaras.

Entonces vuelven las mismas preocupaciones de siempre.

Las tasas siguen llegando.

Los impuestos no desaparecen.

Las ventas vuelven a ser las de todos los días.

Los restaurantes continúan dependiendo de sus clientes habituales.

Las PyMES siguen haciendo cuentas para llegar a fin de mes.

Y los comerciantes vuelven a abrir sus persianas esperando que la jornada sea un poco mejor que la anterior.

Porque los eventos pasan.

La vida cotidiana queda.

Ojalá los Juegos ODESUR dejen un verdadero legado para Rafaela. Ojalá generen inversiones, turismo sostenido y oportunidades reales. Nadie podría estar en contra de eso.

Pero vender la idea de que unos pocos días de competencia transformarán para siempre la economía local es, como mínimo, un ejercicio de optimismo difícil de sostener.

La verdadera herencia de un evento no debería medirse por los discursos inaugurales ni por las fotografías oficiales.

Debería medirse algunos meses después.

Cuando los restaurantes vuelvan a contar cubiertos.

Cuando los comerciantes hagan el balance.

Cuando las PyMES revisen sus cuentas bancarias.

Y cuando los vecinos sigan pagando los impuestos de siempre.

Porque, probablemente, una vez que termine la fiesta, todo siga exactamente igual.

O quizás no.

Quizás haya una diferencia.

Tal vez los únicos bolsillos que terminen realmente mucho más gordos sean los de algunos funcionarios.

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