El FMI alerta por la deuda global y advierte sobre los riesgos para el Gobierno de Milei

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • El FMI advierte que el endeudamiento elevado y las tasas de interés crecientes deterioran las cuentas públicas.
  • La deuda pública mundial podría superar el 100% del producto bruto interno global para 2030.
  • Los bonos soberanos a diez años del Grupo de los Siete registraron un aumento superior a un punto porcentual en sus rendimientos entre febrero y septiembre.
  • El déficit primario mundial proyectado para 2026 supera el nivel necesario para estabilizar la relación entre deuda y producto.
  • Las economías emergentes podrían perder condiciones favorables de financiamiento si aumenta la aversión internacional al riesgo.
  • El organismo reclama planes fiscales creíbles y advierte que retrasar los ajustes incrementará el costo de estabilizar la deuda.

El aumento del endeudamiento público, el encarecimiento del financiamiento y las tensiones geopolíticas están reduciendo el margen de maniobra de los gobiernos y amenazan con trasladar mayores costos a las economías emergentes. El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió que la combinación de tasas de interés elevadas, déficits fiscales persistentes y vencimientos de deuda cada vez más exigentes puede profundizar los desequilibrios presupuestarios. El escenario representa una señal de atención para el equipo económico de Javier Milei, que deberá planificar las necesidades de financiamiento del próximo año en un contexto internacional que podría volverse menos favorable.

La presión sobre las cuentas públicas responde a una combinación de factores. Los conflictos bélicos y las tensiones geopolíticas impulsan los precios de la energía, alimentan las expectativas inflacionarias y obligan a incrementar los presupuestos de defensa. Al mismo tiempo, los rendimientos de los bonos soberanos aumentan el costo de renovar los compromisos financieros. Esta dinámica reduce los recursos disponibles para infraestructura, políticas sociales y otras inversiones, mientras limita la capacidad de los gobiernos para responder ante una eventual desaceleración económica.

Un estudio del FMI sobre la interacción entre las políticas fiscal y monetaria advierte que los países con elevados niveles de endeudamiento enfrentan consecuencias más severas cuando suben las tasas de interés. El deterioro de las cuentas públicas puede ser mayor y persistente, especialmente cuando los gobiernos dependen de instrumentos de deuda con vencimientos cortos.

La investigación también señala que la estructura de vencimientos condiciona la transmisión de las decisiones monetarias hacia la economía real. Cuando una proporción importante de los compromisos vence en plazos reducidos, el aumento de las tasas oficiales se traslada con mayor rapidez al costo de refinanciamiento estatal. Esto puede profundizar los déficits, deteriorar las condiciones financieras y provocar caídas más pronunciadas de la producción, la inversión privada y la actividad económica. En cambio, los vencimientos más prolongados permiten amortiguar parte de esos efectos.

Las advertencias adquieren mayor relevancia ante el incremento de los rendimientos de la deuda soberana en las principales economías desarrolladas. Entre febrero y septiembre, el rendimiento promedio de los bonos gubernamentales a diez años del Grupo de los Siete aumentó más de un punto porcentual y alcanzó su nivel más alto en casi dos décadas. Entre los factores que explican esa evolución aparecen las tensiones energéticas, la persistencia de la inflación, las mayores necesidades de inversión y las expectativas de crecimiento futuro vinculadas con la inteligencia artificial.

Sin embargo, el organismo internacional subraya que los fundamentos fiscales también desempeñan un papel decisivo. El elevado endeudamiento, las presiones sobre el gasto y las perspectivas de nuevas emisiones de bonos incrementan la rentabilidad que exigen los inversores para financiar a los Estados. Además, el encarecimiento de los títulos de referencia en las economías avanzadas puede repercutir sobre otros países y agravar sus propias dificultades para sostener la deuda.

Las proyecciones reflejan la magnitud del desafío. Se estima que la deuda pública mundial superará el 100% del producto bruto interno global para 2030, un nivel que no se registraba desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Al mismo tiempo, el costo promedio efectivo de los intereses de la financiación pública aumentaría del 2,3% en 2021 al 3,7% en 2031.

En Estados Unidos, los pagos de intereses podrían pasar del equivalente al 2,8% del producto bruto interno antes de la pandemia al 5,7% en 2031. En los países de bajos ingresos, esas obligaciones ya absorben más del 15% de los ingresos fiscales, frente a un promedio cercano al 9% entre 2011 y 2019. El resultado es una creciente competencia entre el cumplimiento de los compromisos financieros y la atención de las necesidades económicas y sociales.

Otro indicador preocupante es la evolución del déficit primario mundial, que se ubicaría en torno al 3,3% del producto bruto interno en 2026. Para estabilizar la relación entre deuda y producción durante este año, sería necesario reducirlo aproximadamente al 2,6%. Como las proyecciones anticipan que el endeudamiento continuará aumentando, también se requerirían esfuerzos fiscales adicionales durante los próximos años.

El problema no se limita a las economías desarrolladas. Los mercados emergentes todavía encuentran condiciones relativamente favorables para obtener financiamiento, respaldados por una fuerte emisión soberana, precios elevados de las materias primas y diferenciales de riesgo reducidos. Sin embargo, el FMI considera que esa ventana de oportunidad podría cerrarse si cambia la disposición de los inversores a asumir riesgos. Un incremento de las primas exigidas por los mercados restringiría las posibilidades de emitir deuda y encarecería su renovación.

Las advertencias también encuentran respaldo en un análisis del Banco de Pagos Internacionales, que examina los riesgos asociados con la creciente participación de entidades financieras no bancarias en los mercados de deuda pública. Según sus conclusiones, los elevados niveles de endeudamiento pueden deteriorar las condiciones de liquidez y aumentar las probabilidades de episodios de disfunción financiera.

Frente a este panorama, el FMI reclama planes fiscales creíbles, supuestos económicos realistas y medidas concretas para estabilizar la deuda. Para las economías emergentes, recomienda reducir las vulnerabilidades y fortalecer la administración de los compromisos financieros. En los países de menores ingresos, considera prioritario mejorar la recaudación tributaria y la eficiencia del gasto público.

Para la Argentina, el escenario internacional introduce una variable que el Gobierno deberá incorporar a su estrategia económica. La posibilidad de acceder a financiamiento en condiciones favorables no está garantizada y dependerá, en parte, de la evolución de las tasas internacionales y del apetito de los inversores por los activos de mayor riesgo. En ese contexto, la administración de Javier Milei deberá compatibilizar sus objetivos fiscales con las necesidades de refinanciación y las condiciones del mercado.

El diagnóstico del organismo es contundente: postergar las correcciones aumenta el peso de los intereses, profundiza las vulnerabilidades y reduce las alternativas disponibles. Cuanto más tarde un país en ordenar sus cuentas, mayor será el esfuerzo que eventualmente deberá realizar para recuperar la sostenibilidad de su deuda.

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