A cinco años del 28-D, el día en que la Argentina se quedó sin plan contra la inflación

ECONOMÍA Por Fernando MEAÑOS
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Si alguien preguntara, a la manera de Mario Vargas Llosa en Conversaciones en la Catedral, ¿cuándo se jodió la gestión económica del gobierno de Mauricio Macri?, la conferencia de prensa del 28 de diciembre de 2017 seguramente formará parte de la respuesta. El 28-D, del que hoy se cumplen 5 años, fue una convocatoria para anunciar una modificación en las metas de inflación pero los mercados leyeron en ella una intervención sobre el BCRA de un gobierno que había prometido lo contrario. Y con el paso del tiempo, la propia conferencia fue más recordada que las decisiones que se anunciaron en ella.

Cuatro funcionarios expusieron y respondieron preguntas de los medios a lo largo de una hora y media en la Casa Rosada. El jefe de gabinete, Marcos Peña, los ministros de Hacienda y Finanzas, Nicolás Dujovne y Luis Caputo, y el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger.

 
Tal vez pensando en relajar las tasas de interés, se anunció que la meta para 2018 no sería del 8 al 12% sino del 15% y que para 2019 la pauta inflacionaria no sería del 5% sino del 10%. Así, el objetivo de llegar a un dígito de inflación se corría de 2019 a 2020. “Uno tendría que tener como objetivo no modificar las metas de inflación”, señaló Dujovne ese día mientras anunciaba lo contrario, alegando que la “recalibración” de las metas obedecía a que el gobierno tenía más información que al asumir.

En estos cinco años, los analistas económicos nunca dejaron de hacerse la misma pregunta. ¿Qué fue peor? ¿Cambiar las metas de inflación o hacer participar de la conferencia de prensa al banquero central que juraba que nunca se cambiarían, dentro de un gobierno que pregonaba la independencia del BCRA como una verdad indiscutible?

Pocas semanas atrás, Demian Reidel, entonces vicepresidente segundo del BCRA, había lanzado la frase ante la prensa: “Cambiar la meta de inflación es lo mismo que no tenerla”. En privado, a quienes le pedían justificación sobre su convicción en no modificar el plan, les replicaba con una pregunta de respuesta obvia: “Si mañana la meta de inflación se modifica y sube, tus expectativas de inflación, ¿suben o bajan?”.

De modo tan previsible como la respuesta a ese ejercicio, comenzaron a suceder los hechos y cada actor económico fue subiendo sus expectativas. Y la inflación empezó a subir. En ese diciembre de 2017, en el que diez días antes de esa foto en la Casa Rosada arreciaron las piedras contra el Congreso para frenar una reforma previsional, la inflación interanual fue del 24,8%. Seis meses después, en junio, saltó al 29,5%. Un año después, en diciembre de 2018, la inflación escaló a 47,6%.

Atrás había quedado el modelo a seguir por Sturzenegger para vencer la inflación: Israel. El titular del BCRA había recibido en julio de ese año a la banquera central israelí, Kanit Flug. En un seminario organizado por el Central, Flug explicó la receta aplicada en su país -que había tenido hiperinflación en 1984- que difería de la de su anfitrión en dos aspectos cruciales. Para pasar de una inflación del 20% al 5% anual, Israel tardó más de 10 años; además, lo hizo con un amplio acuerdo político detrás. El plan de Cambiemos aspiraba a hacerlo en solamente 4 años y ni siquiera tenía consenso dentro del propio Gobierno.

La génesis de las metas de inflación aplicadas por Cambiemos estuvo atravesada por las diferencias internas. Si bien al asumir Sturzenegger anunció que se inclinaría por un esquema de inflation-targeting, en los primeros días de enero de 2016 el ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, se adelantó a Sturzenegger y fijó los números del plan para los cuatro años siguientes. Si bien establecer las metas en algunos casos puede considerarse una atribución del Poder Ejecutivo, el desacuerdo fue tan evidente que el exigente número dispuesto por Prat Gay para 2016 (25%) ni siquiera fue tomado en cuenta por el BCRA. Y la inflación de ese año llegó al 40,3%.

Dos decisiones de ese 2016 impulsaron ese salto en la inflación. La primera fue la salida del cepo para unificar el tipo de cambio, algo que ocurrió sin sobresaltos y que causó que tanto desde el BCRA como desde el Palacio de Hacienda se atribuyeron méritos. La segunda: los aumentos en los servicios públicos, para los que no abundó la coordinación con el área de Energía necesaria para compatibilizar la imprescindible actualización de las tarifas con su impacto en los precios. Cinco años después, y con un gobierno de otro signo político, la Argentina sigue sin resolver el sinsentido de que los ricos reciban subsidios por la luz y el gas.

Durante 2017, el plan hizo bajar más de 15 puntos porcentuales el índice de inflación pero estuvo lejos de ubicarse dentro de la meta. Al 28-D se llegó con la diferencia que marcan los manuales: un banco central que quiere tasas altas para bajar la inflación versus un poder político que quiere bajarlas para sostener el nivel de actividad económica. La jefatura de Gabinete no solo le torció el brazo al Banco Central, sino que además decidió televisarlo.

Después del 28-D la historia ya es conocida: sucesivas corridas cambiarias, la inflación fuera de cualquier parámetro, problemas con los pasivos monetarios y la deuda pública, y el récord de dos programas con el FMI con pocos meses de diferencia. Sturzenegger fue relevado de su cargo -reemplazado por otro protagonista de la foto, Caputo- el mismo día en que había puesto su firma en la carta de intención del primero de esos programas ante el Fondo.

Tras el amplio triunfo de Alberto Fernández en las PASO de agosto de 2019, las condiciones económicas empeoraron, lo que obligó a intensificar el cepo y reperfilar la deuda. Pero para entonces la inflación ya se había desatado. En esa elección, los argentinos fueron a votar con una inflación interanual superior al 54 por ciento.

Mauricio Macri entregó el gobierno con prácticamente el doble de inflación de la que recibió del gobierno anterior, un logro que podría repetir Alberto Fernández si se cumple el pronóstico de la mayoría de los economistas. Cinco años después de la conferencia de prensa, el problema central de la economía argentina sigue sin tener un plan por delante.

Fuente: Infobae

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