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A ocho días de Milei

OPINIÓN 02/12/2023 Mónica Gutiérrez*
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Los días de la transición corren tempestuosos. Javier Milei llega a la Presidencia impulsado por una avalancha de votos. Ese es su enorme capital. Sin gobernador alguno que exprese a su fuerza política, con solo 37 diputados y 7 senadores propios está obligado a construir gobernabilidad en base a acuerdos con los que quedaron en el camino.

Este panorama obliga a negociar, a encontrar acuerdos con los otros bloques parlamentarios. Solo para sesionar necesita un quórum de 129 legisladores en la cámara baja y 37 en el Senado. El peronismo seguirá siendo la primera minoría en ambas Cámaras. En el Senado a solo dos bancas del quórum y en Diputados a 21.

La tarea se presenta, al menos hasta aquí, compleja. La ambulancia de Guillermo Francos corre sobre un camino escarpado. Una 4x4 a campo traviesa sobre un territorio político devastado hasta la demolición.

El apoyo explícito brindado hacia al balotaje por Mauricio Macri y Patricia Bullrich, que seguramente sumó muchos votos a la LLA, hoy aporta un ruido que ensordece, un barullo que amenaza complicarlo todo.

Mauricio Macri tensiona el escenario. El ex presidente pretende ejercer de mano propia el poder detrás del poder, aportando ideas y funcionarios. No quiere que ninguno de los suyos se corte solo. Se pretende presentar como el negociador en jefe. Esto no solo lo enojó con Patricia Bullrich, que dispone de línea propia con Milei, sino que también genera una creciente tensión con el designado ministro de Interior de Milei.

El libertario se respalda plenamente en Guillermo Francos. Lo considera una suerte de padre político. Se conocen desde hace años y Javier Milei lo trata de riguroso Ud desde siempre. Ha delegado en su hombre de mayor confianza el armado, la rosca política. El arremetedor impulso de Mauricio Macri por imponerse confronta con el empoderamiento del que dispone Francos, un dirigente con mucha historia política y contactos estrechos con el peronismo.

“No compró acciones en el gobierno”, dijo este viernes el designado ministro del Interior, en orden a reubicar a Mauricio Macri. “decir que Milei ganó por el apoyo de MM es hipotético, no tiene forma de comprobarse” aseguró.

Apenas una hora después de estas declaraciones, se conoció oficialmente la decisión mileísta de que Patricia Bullrich quede al frente del Ministerio de Seguridad de la Nación. Un mensaje al ex presidente que se pretendía arrogarse la condición de interlocutor privilegiado con el armado libertario

El malestar en la relación entre Patricia Bullrich y Mauricio Macri escaló a niveles de ruptura el jueves. La tragedia griega que los tiene como protagonistas tuvo un capítulo épico en el Teatro Colón, justamente en la función por la despedida de Horacio Rodríguez Larreta tras ocho años en la jefatura del gobierno de la Ciudad. Ambos llegaron solos, separados, con muy mala cara y sin hacer declaraciones.

La presidente del PRO anunció que llamará a elecciones para renovar las autoridades partidarias en los primeros meses de 2024. La decisión de cortarse sola confirmó las irreconciliables diferencias que la separan de Macri.

“Que Macri haga lo que quiera con el PRO”, se la escuchó decir. “Yo no me someto a Mauricio Macri”, fue la frase que marcó el final.

La confirmación de Patricia Bullrich como ministro de Seguridad de Milei, en la mañana de este viernes, sella la ruptura. También hace explícito que la conducción y el armado está en manos de los libertarios, con Francos y Milei a la cabeza.

Estos ruidos demoran definiciones trascendentes. En el centro de la disputa está la presidencia de la Cámara de Diputados. Una posición absolutamente clave para dar andamiaje e instrumental político a la hora de construir las mayorías parlamentarias indispensables para avanzar con los cambios.

Macri quiere imponer a Cristhian Ritondo. Francos es partidario de conceder ese lugar a Florencio Randazzo. Ya sobre el fin de semana suena fuerte Martín Menem. Es más, el mismísimo Menem aseguró que es el elegido. De confirmarse deja fuera de juego a Mauricio Macri.

Estos debates se dan en el contexto de un enorme desorden al interior de Juntos por el Cambio. El descalabro interno que afecta a la, hasta este momento, principal fuerza opositora se puso dramáticamente de manifiesto en la reunión de los gobernadores. Allí se hicieron explícitas las distintas posiciones.

El avance de los gobernadores, que se perciben en una posición tan cauta como ambivalente y que pretenden estar no tan cerca que queme ni tan lejos que hiele, dejó a la intemperie el resquebrajamiento del espacio. Quieren tener las manos sueltas para ejercer el “toma y daca” que demandarán los consensos.

Un enorme desorden interior afecta al PRO. Mientras el sector más puro y duro quiere apoyar de manera fuerte al gobierno libertario, las palomas de la desmembrada coalición se proponen como oposición lisa y llana. Sostienen que en las urnas la sociedad los ubicó en ese rol. En esa línea se inscriben Horacio Rodríguez Larreta, Rogelio Frigerio, María Eugenia Vidal y Emilio Monzó entre otros. En estrecha proximidad con la posición de los radicales de Martín Lousteau y los suyos. Prefieren reservarse como una alternativa para el caso de que la propuesta de Milei no funcione.

Juntos por el Cambio ya aparece como definitivamente roto. Algunos prefieren hablar de un profundo proceso de transformación. Lo primero a definir es si quieren ser parte del oficialismo o de la oposición. Una cuestión de identidad. Está claro que no se puede estar al mismo tiempo en la misa que en la procesión. Milei funciona como un parteaguas.

La reconfiguración del sistema político enfrenta una dificultad. Dónde debe ubicarse la oposición. Un tema para nada menor si se tiene en cuenta que Javier Milei anunciará el mismo días de su asunción un paquete de medidas que apuntan a una profunda transformación. Quién, que se precie democrático, podría negarle apoyo inicial para el conjunto de iniciativas que con toda crudeza fueron explicitados en la campaña.

La herencia que recibe el nuevo gobierno es dramática. Milei asegura que entramos en estanflación y Guillermo Francos deja en claro que “no hay plata”. Diana Mondino le aconseja a los industriales ir comprando equipos generadores para no quedar paralizados frente a los cortes de prestación de energía eléctrica.

Un dato que da cuenta de la gravedad de la hora lo da el hecho del inminente agotamiento de los insumos para diálisis. La vida de 30 mil pacientes depende de ellos para sobrevivir.

Sin dólares disponibles ni nadie que atienda el teléfono, la angustia aumenta hora a hora entre los necesitados y sus familias.

Mientras de diversos sectores se insta a encontrar la manera de salir de la grieta, los principales referentes de la polarización política que dominó la vida política del país insisten en permanecer en escena. Cristina y Macri no se quieren ir. Ambos aparecen complicando, obturando consensos. Se resisten a abandonar el escenario.

Ninguno de los dos ex mandatarios quiso poner el propio cuerpo en las elecciones. Sabían que los números no les daban. Aún sin jugarse personalmente ambos perdieron las elecciones. Lo de Massa no funcionó y lo de Patricia, desgastada por la forzada lucha interna, tampoco. Macri, no obstante, se siente triunfador.

Mauricio Macri no vacila en romper el PRO para subirse al nuevo gobierno. Para él ganó el cambio. Lo explicitó la noche de las PASO cuando sumó los votos de Patricia Bullrich con los de Javier Milei para atribuir a sus ideas el 48% de las voluntades y se autopercibe oficialista tras el aplastante triunfo de MIlei en el balotaje. Desde esa posición pretende influir en el armado del libertario.

Macri termina la semana tan enojado con Patricia Bullrich como molesto con Javier Milei.

El ex presidente emitió un mensaje en X felicitando a Patricia Bullrich y Luis Caputo por integrarse al gabinete del nuevo gobierno. Lo hizo sin arrobarlos y calificó expresamente de decisiones personales las relacionadas con la aceptación de los cargos. Toma distancia.

Cristina, entretanto tiktokea. Reaparece, obligada por sus funciones institucionales, dispuesta a plantarse en el rol de oposición. La catástrofe social y la estanflación la excitan.

Cómo si nada tuviera que ver este estado de cosas con su devastador paso por el poder, la Vicepresidente se pavonea en la red social en modo teenager. Es el pasado el que lucha por sobrevivir.

A una semana de la toma de posesión del nuevo gobierno hay todavía mucho por definir. Resta saber cómo se reconfigurará el escenario político. El 10 de diciembre se pasará de los dichos a los hechos. El presidente electo ha sido crudo y explícito: lo que viene es muy duro. No habrá espacio para vacilaciones.

No habrá luna de miel para Milei, ni siquiera una sencilla noche de bodas. Los gestos amorosos para con la nueva gestión se agotaron en los abrazos y palmaditas en la escena de la proclamación de la fórmula. Se acerca el momento de la verdad.

 

 

* Para www.infobae.com

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