Las señales de un ACV que no hay que ignorar: cómo detectarlo a tiempo y salvar una vida

SALUD Y NUTRICIÓNAna COHENAna COHEN

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Cada año, alrededor de 50.000 personas sufren un accidente cerebrovascular (ACV) en Argentina, según datos del Ministerio de Salud. Se trata de una de las principales causas de muerte y discapacidad en adultos, pero también de una emergencia médica en la que actuar rápido puede marcar la diferencia entre una recuperación completa y secuelas permanentes.

La médica neuróloga Virginia Pujol, jefa del Servicio de Neurología Vascular de FLENI, explicó la importancia de reconocer los síntomas a tiempo, consultar de inmediato y adoptar hábitos saludables para reducir el riesgo de sufrir esta enfermedad.

El ACV puede aparecer de manera repentina

Uno de los principales problemas del accidente cerebrovascular es que suele manifestarse sin previo aviso.

“Lamentablemente, el ACV no da síntomas que antecedan. Ocurre de un momento a otro. Entonces, lo importante es reconocer los síntomas cuando aparecen para actuar rápido”, explicó Pujol.

Por eso, conocer las señales de alerta puede resultar fundamental para salvar una vida.

Los síntomas que deben encender la alarma

La especialista señaló que existen algunos signos característicos que requieren atención inmediata:

  • Pérdida de fuerza o sensibilidad en la cara, un brazo o una pierna.

  • Dificultad para hablar o comprender lo que se dice.

  • Pérdida repentina de la visión en uno o ambos ojos.

  • Problemas para caminar o coordinar movimientos.

  • Dolor de cabeza intenso y repentino sin causa aparente.

Además, explicó que existen maniobras sencillas que pueden ayudar a detectar rápidamente una alteración neurológica.

“Podemos pedirle a la persona que sonría y observar si un lado de la cara no responde correctamente. También que levante ambos brazos o preguntarle si está viendo bien”, indicó.

Un solo síntoma ya es suficiente para pedir ayuda

Pujol destacó que no es necesario presentar todos los síntomas al mismo tiempo para sospechar un ACV.

“Con uno solo de esos síntomas ya tenemos que activar la alerta. La sonrisa, los brazos, la visión o el habla. Con cualquiera de ellos hay que actuar”, remarcó.

La especialista insistió en que se debe considerar una emergencia médica.

“Hay que llamar inmediatamente y decir: ‘Puedo estar teniendo un ACV’. Esto es un código rojo”, afirmó.

Qué hacer ante la sospecha de un ACV

Ante cualquier síntoma compatible con un accidente cerebrovascular, la recomendación es comunicarse de inmediato con los servicios de emergencia.

Pujol aconsejó llamar al SAME (107), al 911 o al servicio de emergencias de la obra social o prepaga, según corresponda.

“Muchas veces el SAME es lo primero que recordamos. Lo importante es no esperar a ver si se pasa solo”, señaló.

Por qué cada minuto cuenta

La neuróloga explicó que existen dos tipos principales de ACV:

  • ACV isquémico, el más frecuente, que ocurre cuando un coágulo obstruye una arteria cerebral.

  • ACV hemorrágico, que sucede cuando un vaso sanguíneo se rompe y provoca una hemorragia.

En ambos casos, el cerebro deja de recibir sangre de manera adecuada.

“Las neuronas empiezan a fallar y a morir. Esto ocurre minuto a minuto. Se pierden millones de neuronas cada minuto”, explicó.

Por este motivo, el tiempo es un factor determinante.

El tratamiento que puede reducir las secuelas

Cuando el paciente llega rápidamente al hospital, existen tratamientos capaces de restablecer el flujo sanguíneo.

“Podemos administrar medicación que desobstruye las arterias y ayuda a recuperar la circulación. Esto puede salvar vidas y reducir significativamente las secuelas”, detalló.

El problema es que muchas personas no consultan a tiempo.

“La ventana terapéutica es de aproximadamente cuatro horas y media. Mientras antes llegue el paciente, mayores son las posibilidades de recuperación”, advirtió.

Según la especialista, cerca del 30% de los pacientes podrían acceder a estos tratamientos si llegaran dentro de ese período crítico.

El 80% del riesgo está relacionado con factores prevenibles

La buena noticia es que gran parte de los ACV pueden evitarse.

Pujol explicó que el 80% del riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular está asociado a factores modificables.

Entre los principales se encuentran:

  • Hipertensión arterial.

  • Tabaquismo.

  • Diabetes.

  • Colesterol elevado.

  • Sedentarismo.

  • Enfermedades cardíacas.

  • Estrés crónico.

“Todos estos factores van dañando progresivamente las arterias del cerebro y del corazón”, señaló.

Cómo prevenir un ACV

La especialista remarcó que la prevención no depende únicamente de los medicamentos.

“La medicación ayuda, pero no alcanza. Los hábitos saludables son fundamentales”, sostuvo.

Entre las principales recomendaciones destacó:

  • Realizar actividad física de forma regular.

  • Mantener un peso saludable.

  • Controlar la presión arterial.

  • Evitar el cigarrillo.

  • Reducir el consumo de alcohol.

  • Controlar la diabetes y el colesterol.

Actualmente, además de los ejercicios aeróbicos, también se recomienda incorporar trabajo de fuerza y musculación.

“Lo ideal es realizar actividad física al menos cinco días por semana. Pero si una persona no hace nada, empezar a caminar tres veces por semana durante media hora ya genera beneficios”, explicó.

La rehabilitación también es clave

Aunque el objetivo es prevenir y actuar rápidamente para evitar secuelas, la neuróloga recordó que quienes sufren un ACV también pueden mejorar su calidad de vida mediante tratamientos de rehabilitación.

“Todos luchamos para que el paciente quede sin secuelas. Pero cuando las hay, se puede hacer muchísimo para recuperar funciones y mejorar la autonomía”, afirmó.

El tabaquismo y el riesgo de aneurismas

Finalmente, Pujol también hizo referencia a los aneurismas cerebrales, una afección que puede provocar hemorragias graves.

Según explicó, el principal factor que favorece el crecimiento y la ruptura de un aneurisma es el tabaquismo.

“El cigarrillo sigue siendo uno de los mayores enemigos de la salud vascular”, concluyó.

Por eso, conocer los síntomas, actuar rápidamente y mantener hábitos saludables sigue siendo la mejor estrategia para prevenir una enfermedad que afecta a miles de personas cada año y en la que, muchas veces, cada minuto puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

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