Alivio por partida doble: la baja de la inflación en Argentina y Estados Unidos fortalece el plan oficial

ECONOMÍA David FRENKEL

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El reciente "súper martes" de estadísticas macroeconómicas trajo un fuerte alivio para la gestión gubernamental. La confluencia de datos positivos, tanto en el plano local como en el internacional, consolida la estrategia del oficialismo. Por un lado, el Indec confirmó que la inflación de junio perforó la barrera del 2% por primera vez en el año, registrando tres meses consecutivos de desaceleración. Por el otro, el sorpresivo retroceso de los precios en Estados Unidos mejora sustancialmente las perspectivas de financiamiento externo para el país.

En el escenario global, la inflación minorista estadounidense registró una histórica caída del 0,4% en junio, un retroceso muy superior al proyectado por Wall Street que ubicó la inflación interanual en el 3,5%. Este enfriamiento, impulsado por el abaratamiento del combustible, aleja la posibilidad de nuevas subas de tasas de interés por parte de la Reserva Federal. Como consecuencia, el rendimiento de los bonos del Tesoro a diez años descendió al 4,58% anual. Para la Argentina, que busca volver al crédito internacional tras ocho años de exclusión, que esta tasa se aproxime al 4% resulta clave, especialmente con un riesgo país que ya presiona cerca de los 400 puntos básicos. No obstante, el reciente repunte del petróleo Brent a 85 dólares por tensiones en el Golfo Pérsico plantea un desafío para la sostenibilidad de este proceso global.

A nivel doméstico, el IPC de junio demostró una notable desaceleración en la composición interna de los precios. El rubro de Alimentos y bebidas mostró una fuerte moderación al ubicarse en 1,3%, mientras que la inflación núcleo retrocedió de forma contundente al 1,6%. Este comportamiento permite prever que el índice de julio mantenga una dinámica similar, en torno al 1,9%, a pesar de las presiones estacionales de las vacaciones de invierno y el cobro del medio aguinaldo.

Esta tregua de los precios comienza a generar un impacto tangible en la economía real. La desaceleración está propiciando una paulatina recuperación del salario real y del consumo interno, que habían sufrido un fuerte deterioro a comienzos de año. El escenario se completa con una marcada estabilidad cambiaria, donde el dólar oficial retrocedió por debajo de los $1.500 y las cotizaciones financieras perdieron presión, devolviendo oxígeno a la imagen del Gobierno de cara al segundo semestre.

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