


El "efecto Mundial" y la cautela del agro adormecen al mercado cambiario en el arranque de julio
ECONOMÍA Dante HERRERA
El mercado de cambios argentino inició julio bajo un manto de inusual calma que contrasta abiertamente con la fuerte volatilidad cambiaria experimentada durante junio. Esta repentina tregua en las mesas de dinero responde a una combinación de factores singular: por un lado, el desinterés transitorio que genera el frenesí del Mundial 2026, que parece haber restado participantes a las pantallas de operaciones; por el otro, un persistente y preocupante retraso en la liquidación de divisas por parte del sector agroexportador.
La apatía en el volumen de negocios es evidente tanto en el segmento oficial como en las cotizaciones financieras. Diversos operadores de la City porteña coinciden en que la actividad transcurre a media máquina debido al letargo mundialista, pero advierten que el verdadero problema de fondo es de carácter estructural. La oferta de divisas se mantiene en niveles acotados porque los productores agrícolas prefieren retener su mercadería, especulando con una futura devaluación o mejoras en los rendimientos en pesos, mientras buscan cobertura frente a la incertidumbre del segundo semestre.
Los números del sector agropecuario exponen con claridad esta postura conservadora. A la fecha, los productores han vendido apenas el 42% de la cosecha total, una cifra que se ubica diez puntos porcentuales por debajo de lo registrado en el mismo período del año pasado. De hecho, en el caso específico de la soja, las ventas alcanzan tan solo el 40,8% de la producción esperada, el registro más bajo para esta época en las últimas seis campañas. Aunque el complejo cerealero-oleaginoso liquidó 3.007 millones de dólares en junio, el monto representa una caída interanual del 18% respecto a junio de 2025, año que estuvo fuertemente influenciado por esquemas de incentivos fiscales temporales que adelantaron las ventas.
Pese a que las cotizaciones internacionales acompañan —con la soja rozando los 440 dólares por tonelada, su valor más alto desde mayo—, el campo no muestra apuro por comercializar. El maíz evidencia un comportamiento similar: aunque el grano tardío sumó volumen, solo el 27% de la cosecha total tiene precio fijado, la proporción más baja en tres décadas. De cara a la última parte del año, restan ingresar entre 13.000 y 16.000 millones de dólares. De la capacidad del equipo económico para destrabar este flujo dependerá que el mercado cambiario recupere su dinamismo o continúe adormecido bajo el anestésico clima deportivo.






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