Brasil: Bolsonaro quedó a las puertas del poder y ahora debe unir a toda la derecha

INTERNACIONALES Por Carlos Zimerman

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Por Carlos Zimerman

RESUMEN

  • Bolsonaro quedó primero y Lula segundo, dejando al candidato de derecha en una posición de enorme fortaleza para el balotaje.
  • El desafío inmediato será unificar a las distintas fuerzas de derecha y conseguir que sus votos confluyan en la segunda vuelta.
  • Resulta difícil imaginar que el electorado de derecha que quedó fuera del balotaje termine acompañando masivamente a Lula.
  • Para el oficialismo, la remontada aparece como una tarea política de enorme dificultad.
  • Brasil tiene por delante una definición que puede marcar un cambio profundo en su orientación política y económica.

Hay resultados electorales que no necesitan demasiadas explicaciones. Se miran los números, se observa el mapa político y aparece una conclusión que puede resultar incómoda para algunos, pero que es imposible ignorar: Bolsonaro tiene la Presidencia de Brasil servida en bandeja.

El resultado de ayer dejó a Lula contra las cuerdas y a Bolsonaro primero. Ahora habrá balotaje, sí. Formalmente, la elección todavía no terminó. Pero políticamente el escenario cambió de manera contundente.

Porque una cosa es comenzar una segunda vuelta desde atrás y otra muy distinta es hacerlo después de haber demostrado que la mayoría del electorado que no votó al oficialismo está ubicada en el espacio político que enfrenta al PT.

Y allí aparece la gran tarea de Bolsonaro.

Tiene que sentarse con los dirigentes de los demás partidos de derecha, negociar, acordar y conseguir que los votos que quedaron fuera de la segunda vuelta terminen confluyendo en su candidatura.

No debería ser una tarea imposible.

De hecho, resulta bastante más difícil imaginar que esos votantes, que eligieron otras alternativas de derecha, decidan ahora entregar su voto a Lula.

¿Van a votar por el dirigente del PT quienes ayer votaron por candidatos de derecha?

¿Van a cambiar de modelo político de manera tan abrupta?

¿O terminarán entendiendo que la segunda vuelta transforma la elección en una disputa mucho más sencilla: continuidad o cambio?

Ahí está la clave.

Bolsonaro no necesita inventar una mayoría. Necesita ordenar y concentrar una mayoría política que ya demostró existir.

Lula, en cambio, necesita recuperar terreno.

Y necesita hacerlo frente a un candidato que llega a la segunda vuelta con el envión político de haber terminado primero.

Por eso resulta tan difícil pensar en una remontada del expresidente y actual mandatario. No porque matemáticamente sea imposible —el balotaje existe precisamente para definir una mayoría— sino porque el escenario político que dejaron las urnas resulta extraordinariamente adverso para el oficialismo.

Ahora comienza la etapa de los acuerdos.

Bolsonaro deberá dejar de lado cualquier tentación de encerrarse en su propio núcleo duro. Tendrá que hablar con los sectores que no lo acompañaron ayer, ofrecer garantías, construir puentes y demostrar que entiende que para gobernar Brasil necesitará algo más que los votos de sus seguidores históricos.

Si consigue hacerlo, el camino hacia el Planalto quedará extraordinariamente despejado.

Y del otro lado está Lula.

El candidato del PT necesita producir una remontada electoral de enormes proporciones. Necesita convencer a millones de brasileños que ayer eligieron otras opciones de que ahora deben acompañarlo. Necesita, además, evitar que el voto opositor se transforme en un voto anti-Lula.

Ese es su verdadero problema.

Porque una segunda vuelta no se gana solamente sumando los votos propios. También se pierde cuando los votos de los demás terminan confluyendo contra uno.

Y ese es precisamente el escenario que Bolsonaro intentará construir.

Brasil está ante una definición trascendental.

Durante años, el país quedó atrapado en una disputa política que excedió largamente a sus dos protagonistas. El enfrentamiento entre Lula y Bolsonaro terminó representando dos concepciones diferentes sobre el papel del Estado, la economía, la seguridad, las relaciones internacionales y el lugar de Brasil en el mundo.

Ahora esa disputa vuelve a aparecer con una fuerza extraordinaria.

Y si Bolsonaro logra cerrar los acuerdos que necesita, Brasil podría dejar atrás el ciclo político que representa Lula y comenzar una nueva etapa orientada hacia una mayor apertura internacional, una relación más estrecha con las democracias occidentales y una agenda económica de mayor integración con el mundo.

Brasil tiene todo para hacerlo.

Es una potencia económica, territorial y demográfica. Tiene recursos naturales extraordinarios, una enorme capacidad industrial, un sector agropecuario de dimensiones globales y una posición estratégica que ningún país serio debería desaprovechar.

Lo que necesita es transformar ese potencial en crecimiento, inversiones, empleo y desarrollo.

Por eso el balotaje será mucho más que una elección entre dos candidatos.

Será la discusión sobre qué Brasil quiere ser durante los próximos años.

Y hoy, después del resultado de la primera vuelta, la sensación política es inequívoca: Bolsonaro tiene la oportunidad histórica al alcance de la mano.

Solo necesita hacer una cosa bien: unir a la derecha, sumar sus votos y no cometer errores.

Lula, mientras tanto, necesita hacer exactamente lo contrario de lo que muestran los números de ayer: dar vuelta una elección que comenzó con Bolsonaro arriba.

Y eso, aunque todavía sea matemáticamente posible, aparece como una tarea política extraordinariamente difícil.

Brasil tiene la palabra.

Y el 25 de octubre puede comenzar una nueva página de su historia.

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