El 54% de los argentinos se atrasó en sus pagos por falta de dinero

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • El 54% de los argentinos dejó de pagar o se atrasó en alguna obligación por motivos económicos.
  • Las facturas de electricidad, gas, agua, Internet y telefonía encabezan los incumplimientos, con el 46% entre quienes registraron atrasos.
  • El 36% mencionó demoras en tarjetas de crédito y el 33% dificultades con préstamos u otras deudas.
  • El 58% afirmó que él o algún integrante de su hogar recurrió al crédito o financió gastos durante los últimos meses.
  • El 76% de los usos del financiamiento se concentró en alimentos, gastos cotidianos, servicios e impuestos y cancelación de deudas anteriores.
  • Solo el 34% de quienes tienen compromisos pendientes cree que podrá saldarlos, frente al 37% que considera que no podrá hacerlo.

Las dificultades para llegar a fin de mes están modificando la forma en que los hogares argentinos administran sus ingresos y enfrentan sus obligaciones. La morosidad, que ya había crecido en las deudas bancarias, las tarjetas de crédito y los préstamos personales, se extiende ahora al pago de servicios, impuestos y otros compromisos cotidianos. Una encuesta nacional de la consultora Casa Tres, dirigida por Mora Jozami, reveló que el 54% de los argentinos dejó de pagar o se atrasó en alguna obligación por motivos económicos.

El relevamiento muestra que los problemas financieros familiares exceden al sistema de crédito tradicional. Entre quienes reconocieron dificultades para cumplir con sus pagos, las facturas de servicios públicos y privados aparecen como el principal foco de incumplimiento, por encima de las tarjetas de crédito y los préstamos. La situación refleja las dificultades que enfrentan numerosos hogares para distribuir recursos insuficientes entre gastos esenciales y vencimientos acumulados.

El 46% de las personas que admitieron haberse atrasado señaló deudas por servicios como electricidad, gas, agua, Internet y telefonía. En segundo lugar se ubicaron las tarjetas de crédito, mencionadas por el 36%, mientras que el 33% indicó dificultades para cumplir con préstamos u otras deudas.

Los impuestos también forman parte de las obligaciones que las familias postergan cuando el presupuesto no alcanza. El 21% de los encuestados con atrasos mencionó compromisos tributarios impagos, mientras que el 18% reconoció demoras en obligaciones informales, entre las que podrían encontrarse compromisos con prestamistas o financieras no tradicionales.

Los alquileres y las cuotas escolares, universitarias o de otras actividades educativas representaron el 12% de las respuestas en cada caso. A su vez, el 9% señaló deudas personales o sociales, como préstamos entre amigos o familiares; el 6% mencionó expensas y el 2% otros compromisos.

La amplitud de las obligaciones afectadas evidencia que el deterioro de la capacidad de pago no se limita a los productos financieros. También alcanza gastos directamente vinculados con el funcionamiento cotidiano de los hogares, lo que obliga a las familias a establecer prioridades y postergar algunas cuentas para poder afrontar otras.

El endeudamiento aparece como otra dimensión del problema. Según la misma encuesta, el 58% de los argentinos respondió que él o algún integrante de su hogar tomó un préstamo, utilizó crédito o financió gastos durante los últimos meses. La proporción asciende al 63% entre las mujeres y al 65% en los sectores de menores ingresos.

Los motivos para recurrir al financiamiento permiten dimensionar las dificultades económicas. El 26% de quienes utilizaron crédito lo destinó principalmente a comprar alimentos, mientras que el 21% lo empleó para cubrir gastos cotidianos del hogar. Otro 15% recurrió a esa alternativa para pagar servicios, impuestos u otras obligaciones, y el 14% para cancelar deudas anteriores.

En conjunto, esas cuatro finalidades representan el 76% de los usos del financiamiento identificados en el relevamiento. Los datos muestran que, para una parte importante de los hogares, endeudarse dejó de estar asociado exclusivamente con la compra de bienes durables o la realización de gastos extraordinarios y pasó a funcionar como un recurso para sostener el consumo básico.

La utilización de nuevos créditos para cancelar compromisos anteriores también plantea un riesgo para las finanzas familiares. Aunque puede ofrecer un alivio inmediato, esa estrategia puede prolongar las dificultades cuando los ingresos no alcanzan para cubrir tanto los gastos corrientes como las obligaciones acumuladas.

Las expectativas sobre la posibilidad de regularizar las deudas tampoco resultan alentadoras. Apenas el 34% de los consultados con compromisos pendientes considera que podrá saldarlos. En contraste, el 37% cree que no conseguirá hacerlo y el 26% no sabe si estará en condiciones de cumplir.

El panorama combina atrasos en gastos esenciales, necesidad de financiamiento y dudas sobre la capacidad de pago futura. Si bien una menor inflación puede contribuir a mejorar la previsibilidad, el relevamiento señala que eso no garantiza una recuperación automática cuando los ingresos disponibles siguen siendo insuficientes. Las consecuencias también pueden trasladarse al consumo, porque los hogares con deudas acumuladas tienen menos margen para realizar nuevas compras.

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