


Berni cuestiona el rumbo de la seguridad y agita el debate interno del peronismo
POLÍTICA Agencia de Noticias del Interior
- Berni cuestionó la política de seguridad por su sesgo represivo y falta de equilibrio técnico.
- Reivindicó la profesionalización y la responsabilidad política en el accionar policial.
- Criticó el protocolo antipiquetes por no contemplar la cadena de mando civil.
- Destacó el rol político de Patricia Bullrich como sostén del gobierno de Milei.
- Se definió como peronista y de derecha, y rechazó el progresismo.
- Atribuyó la fragmentación del peronismo a la pérdida de su identidad histórica.
El ex ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires y actual senador bonaerense, Sergio Berni, volvió a escena con definiciones que combinan crítica técnica, reconocimiento político y una toma de posición ideológica que reaviva las tensiones dentro del peronismo. En una entrevista reciente, el dirigente analizó la política de seguridad impulsada por el Gobierno nacional, marcó reparos sobre el enfoque represivo y, al mismo tiempo, destacó el rol que cumplió Patricia Bullrich en los primeros meses de la gestión de Javier Milei. En paralelo, dejó definiciones tajantes sobre su identidad política y el rumbo que, a su juicio, desdibujó al justicialismo.
Berni cuestionó el actual esquema de seguridad al que definió como una política de “exceso de represión”. Sin embargo, aclaró que su mirada no parte de un rechazo ideológico a los protocolos vigentes, sino de una crítica técnica. Para el ex funcionario, el equilibrio entre orden público y derechos ciudadanos no depende exclusivamente de normas escritas, sino de la calidad del procedimiento policial. En ese sentido, remarcó que la profesionalización, el cumplimiento estricto de los protocolos y, sobre todo, la correcta selección del personal son factores decisivos para evitar abusos como los casos de gatillo fácil.
Según Berni, incluso el mejor diseño normativo puede fallar si quienes lo ejecutan no están a la altura de la responsabilidad que implica el uso de la fuerza estatal. Desde esa lógica, señaló una de las principales falencias del protocolo antipiquetes impulsado por el Gobierno: la ausencia de una clara asignación de responsabilidad política. A su entender, la conducción civil no puede quedar al margen cuando se evalúan las consecuencias de una política de seguridad, ya que cargar todo el peso sobre los efectivos que actúan en la calle distorsiona la cadena de mando y diluye responsabilidades.
Más allá de las críticas, Berni sorprendió al destacar el papel que cumplió Patricia Bullrich dentro del oficialismo. A su juicio, su aporte más relevante no estuvo tanto en la gestión operativa de la seguridad como en su rol político. Consideró que la actual ministra fue una figura clave para otorgarle “oxígeno” al gobierno libertario en sus primeros meses, cuando la fragilidad política y la falta de estructura propia representaban un desafío central para la administración de Milei. En ese marco, valoró su capacidad para sostener al Ejecutivo en un contexto de alta conflictividad y resistencia opositora.
Las definiciones de Berni no se limitaron al análisis de la coyuntura. También se adentró en el debate ideológico que atraviesa al peronismo. Con un tono frontal, se autodefinió como “peronista y de derecha”, y reafirmó su histórica distancia del progresismo. Recordó que durante años esa etiqueta fue considerada una mala palabra en la política argentina, pero sostuvo que nunca ocultó su posicionamiento. Para él, el problema central del Partido Justicialista radica en haber cedido espacio a corrientes progresistas que, según su visión, terminaron desplazando los valores tradicionales del movimiento.
En ese punto, Berni vinculó la crisis de identidad del peronismo con su actual fragmentación. La falta de una síntesis que conforme a la mayoría, sostuvo, es consecuencia directa de esa infiltración ideológica que alteró el equilibrio interno del partido. Desde su perspectiva, el progresismo adquirió un peso desmedido, en detrimento de una concepción más clásica del peronismo, asociada al orden, la autoridad y una mirada pragmática del Estado.
Las declaraciones del senador bonaerense reavivan debates de fondo en dos planos simultáneos. Por un lado, la discusión sobre el modelo de seguridad que impulsa el Gobierno nacional y los límites entre control, represión y responsabilidad política. Por otro, la disputa ideológica dentro de un peronismo que busca redefinirse tras la derrota electoral y que enfrenta dificultades para articular un liderazgo y un proyecto común. En ambos frentes, Berni se posiciona como una voz incómoda, crítica del oficialismo pero también de su propio espacio, en un escenario político todavía en plena reconfiguración.






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