Febrero sin sobresaltos, pero con alertas latentes en dólar, tasas e inflación

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior
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  • Febrero se proyecta con estabilidad en dólar, inflación y tasas, sin grandes sorpresas.
  • La oferta de divisas y el carry trade sostienen la calma cambiaria.
  • Persisten riesgos externos que podrían generar volatilidad inesperada.
  • Las tasas cortas en pesos podrían volver a mostrar saltos puntuales.
  • La inflación seguiría por encima del 2%, con presiones estacionales y tarifarias.
  • El ancla inflacionaria se apoya en la recesión y en salarios reales rezagados.

Tras un enero marcado por la calma cambiaria y a la espera del dato oficial de inflación, febrero se perfila como un mes sin grandes sobresaltos en las variables macroeconómicas centrales. Así lo estiman distintos economistas, que coinciden en que el tipo de cambio, la inflación y las tasas de interés mantendrían una dinámica similar a la observada en las últimas semanas, aunque advierten que el escenario no está exento de riesgos, especialmente por factores externos y tensiones puntuales en el mercado de pesos.

En ese marco, el Gobierno encuentra en esta tríada uno de los puntos más sólidos de su política económica. La estabilidad del dólar aparece como uno de los principales logros, sostenida por un esquema cambiario más flexible y por una oferta de divisas que, al menos en el corto plazo, sigue mostrando fortaleza. La ampliación de la banda cambiaria y la estrategia de intervención del Banco Central lograron, según los analistas, contener al tipo de cambio incluso en un contexto de compras de reservas, un dato bien recibido por el mercado financiero.

Durante enero, la tranquilidad cambiaria estuvo apuntalada por varias fuentes de ingreso de dólares. A la reactivación del financiamiento privado mediante créditos y emisiones de deuda corporativa se sumó el ingreso estacional de divisas provenientes del tramo final de la cosecha de trigo. Ese “veranito” cambiario, como lo describen algunos economistas, podría extenderse durante febrero, con un aporte adicional derivado de la implementación de la ley de inocencia fiscal, que podría incentivar el ingreso de dólares al sistema bancario.

Las proyecciones coinciden en que, mientras exista una provisión constante de divisas, no hay razones para esperar una volatilidad significativa en el mercado cambiario. A esto se suma el atractivo de las estrategias de carry trade, que siguen funcionando como un amortiguador para el dólar, aunque dependen en gran medida de que el contexto financiero internacional acompañe.

Allí aparece uno de los principales focos de incertidumbre. Si bien el escenario base es de estabilidad, los analistas no descartan la aparición de “cisnes grises”, eventos inesperados que puedan alterar el equilibrio actual. La política económica de Estados Unidos y el rol de su liderazgo emergen como uno de los factores que podrían introducir ruido en los mercados globales y, por arrastre, en los activos de la región.

En el plano local, las miradas están puestas en las tasas de interés, particularmente en el segmento de muy corto plazo. Durante enero se observaron episodios de fuerte volatilidad en las cauciones, y para febrero no se descarta que vuelvan a registrarse saltos abruptos. La ausencia de una tasa de referencia explícita y el diseño del esquema monetario explican parte de esa dinámica, que responde más a cuestiones circunstanciales de liquidez que a señales de largo plazo.

Aun así, las tasas más largas muestran un comportamiento más ordenado. Los bonos ajustados por inflación y otros instrumentos de mayor plazo dejaron atrás la turbulencia electoral del año pasado y se estabilizaron en niveles considerados razonables. Para algunos economistas, el Banco Central cuenta con mayor experiencia y herramientas para moderar eventuales picos de tensión, ya sea mediante intervenciones directas o a través de las licitaciones del Tesoro.

En cuanto a la inflación, el consenso del mercado anticipa registros que se mantendrán por encima del 2%. Si bien diciembre habría marcado un techo, los próximos meses no mostrarían una desaceleración pronunciada. Factores como la estacionalidad del verano, los ajustes tarifarios postergados, el aumento de la carne y la suba de algunas commodities presionan sobre los precios.

La nueva metodología del índice de precios también introduce un elemento de cautela. Más allá de los cambios técnicos, los analistas coinciden en que el esquema oficial enfrenta un límite claro: al no utilizar el tipo de cambio como ancla nominal, el freno inflacionario descansa en la recesión y en salarios reales que corren por detrás de los precios. Esa combinación permite contener la inflación, pero dificulta una baja más rápida y sostenida.

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