Leche entera o deslactosada: qué recomienda un experto de Harvard

SALUD Y NUTRICIÓNAna COHENAna COHEN

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En supermercados y tiendas es común encontrar varias versiones de leche. Entre ellas, la entera y la deslactosada suelen generar dudas, especialmente porque muchas personas consideran que una es más saludable que la otra.

Sin embargo, investigadores de la Escuela de Salud Pública de Harvard sostienen que la elección depende de las necesidades de cada persona más que del producto en sí.

La leche deslactosada ganó popularidad en los últimos años y, para muchos consumidores, se percibe como una opción más liviana. No obstante, los especialistas aclaran que esto no implica que sea más saludable para toda la población.

¿Qué diferencia a estos productos?

La principal diferencia está en la lactosa, un azúcar natural presente en la leche. En la versión deslactosada se agrega la enzima lactasa, que descompone la lactosa para facilitar su digestión.

Por este motivo, suele recomendarse a personas con intolerancia a la lactosa, que pueden presentar síntomas como inflamación abdominal, gases, náuseas o diarrea tras consumir lácteos.

Este proceso también modifica levemente el sabor: al descomponerse la lactosa en azúcares más simples, la leche deslactosada puede percibirse más dulce, aunque no contiene azúcar añadida. A nivel nutricional, las diferencias entre ambas opciones son mínimas, ya que conservan proteínas, calcio, vitaminas y minerales esenciales.

Lo que muestra la evidencia

Las investigaciones citadas por Harvard indican que la leche entera puede tener beneficios en determinadas etapas de la vida.

En niños, adolescentes y personas con mayores requerimientos energéticos, sus grasas naturales favorecen la absorción de vitaminas A, D, E y K, además de aportar mayor saciedad.

A su vez, los estudios actuales no encontraron diferencias concluyentes entre tipos de lácteos en relación con colesterol, presión arterial o glucosa cuando forman parte de una dieta equilibrada. Por eso, el foco ya no estaría solo en el tipo de leche, sino en el patrón general de alimentación.

La calidad global de la dieta tiene un impacto mucho mayor en la salud cardiovascular, destacándose el consumo de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y grasas saludables como pilares protectores.

Los especialistas también recuerdan que existen otras fuentes de nutrientes como frutos secos y bebidas vegetales sin azúcar añadida.

En conclusión, más que buscar una única “mejor leche”, la recomendación es elegir la opción que mejor se adapte a la salud, tolerancia y hábitos de cada persona.

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