El drama que vivió Jenny Williams cuando un mal diagnóstico le impidió moverse por dos años

ESPECTÁCULOAna COHENAna COHEN

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Jenny Williams atravesó durante dos años una etapa que cambió por completo su vida. Una operación en los pies que inicialmente tenía prevista una recuperación de apenas seis semanas terminó provocándole dolor constante, dificultades para movilizarse y una larga incertidumbre sobre si podría volver a caminar y bailar con normalidad.

Hoy, a los 40 años, la actriz recuerda aquel período como una experiencia que la obligó a empezar de nuevo. En medio de la recuperación encontró en el pilates una herramienta para recuperar fuerza y movilidad, pero también una nueva profesión.

Mientras reconstruía su relación con el cuerpo, también comenzó a recuperar su carrera artística. Después de varios años entre Argentina y México, decidió volver a instalarse en el país y reencontrarse con una de sus grandes pasiones: el escenario.

Una carrera que comenzó desde muy joven

Williams inició su carrera como modelo a los 17 años, después de varios años de formación en disciplinas como acrobacia, baile y música.

Sus primeros trabajos como actriz llegaron con participaciones en Casi ángeles y Floricienta, además de diferentes campañas publicitarias en Argentina y otros países.

Su mayor reconocimiento llegó con Atracción x4, donde interpretó a Paula Lacalle, una de las villanas principales de la ficción juvenil. Después formó parte de proyectos como Malparida, Terra ribelle, Historias de la primera vez, Cruzadas, Graduados y Sos mi hombre.

Por su trabajo en Graduados, además, recibió una nominación a los premios Martín Fierro en la categoría revelación.

También incursionó en el teatro musical con La niña, el diablo y el molino, obra escrita y dirigida por Olivier Py, y posteriormente participó en otros proyectos teatrales y audiovisuales, entre ellos la miniserie Madame Requin, protagonizada por Flavia Palmiero.

El momento en que decidió dejar Argentina

Con el paso de los años, las oportunidades laborales comenzaron a disminuir y Williams atravesó una etapa de frustración profesional.

“Mi carrera tuvo como un bache en donde frenó bastante todo y fue muy frustrante para mí”, recordó.

A los 30 años tomó entonces una decisión importante: mudarse a México. Primero probó suerte en Ciudad de México, pero fue un viaje a Tulum el que terminó cambiando sus planes.

Lo que iba a ser una estadía de una semana se extendió primero a 15 días, luego a un mes y finalmente terminó convirtiéndose en una nueva vida.

En ese período también pudo desarrollar otra de sus pasiones. Trabajó como cantante y llegó a presentarse con su propia banda en un hotel frente al mar.

“Tuve la experiencia de poder cantar con mi banda propia en la orilla del mar. Esas cosas que decís: ‘No, esto es un sueño’”, contó sobre aquella etapa.

Una operación que terminó convirtiéndose en una pesadilla

Después de sus años entre México y Argentina comenzaron los problemas en sus pies. Según explicó Williams, realizaba mucha actividad física y bailaba intensamente, algo que se combinó con un problema congénito y una mala mecánica al pisar que terminó afectando el cartílago.

La actriz decidió someterse a una operación que, según su relato, posteriormente fue cuestionada por otros profesionales médicos.

“Fue una operación que no era necesaria tener”, sostuvo al recordar aquella intervención en ambos pies.

La recuperación que inicialmente debía durar unas seis semanas terminó prolongándose durante dos años.

El dolor se volvió permanente y llegó a afectar actividades cotidianas. Caminar, salir, viajar o encontrarse con amigos se transformaron en situaciones difíciles.

“Literalmente, caminar era una tortura”, relató.

Durante ese período también apareció el miedo a no recuperar nunca su movilidad.

“En ese momento la sensación era que nunca iba a salir de ahí. Que no iba a poder moverme, que no iba a poder caminar, que no iba a poder recuperar mi movilidad, poder volver a bailar”, contó.

El pilates fue clave en su recuperación

En medio de ese proceso apareció una actividad que terminaría teniendo un papel fundamental: el pilates.

Williams llegó a esta disciplina casi por casualidad y rápidamente descubrió que podía ayudarla a recuperar fuerza. El trabajo con el reformer le permitió fortalecer progresivamente los músculos de los pies y comenzar a recuperar movilidad.

Con el tiempo, los pequeños avances se transformaron en grandes logros. Volvió a utilizar calzado que no fuera ortopédico e incluso pudo volver a ponerse zapatos con taco.

La experiencia también modificó la manera en que se veía a sí misma.

“Aprendí de mí misma que yo no me rindo, que no bajo los brazos, que soy mucho más fuerte de lo que me imaginaba y que yo me saqué adelante”, reflexionó.

Aquella recuperación terminó abriendo una nueva etapa profesional. El pilates dejó de ser solamente parte de su rehabilitación y se convirtió también en una actividad laboral: actualmente tiene su propio estudio, Moon.

Para Williams, además, el ejercicio adquirió un significado emocional: “El ejercicio físico es un acto de amor propio”, sostuvo.

El regreso a la Argentina y una nueva oportunidad en el teatro

Después de aproximadamente una década entre México y Argentina, la actriz decidió volver definitivamente al país. La familia, los amigos y sus raíces comenzaron a pesar cada vez más.

“Después de diez años, el corazón tira, la sangre tira, el país tira”, explicó.

En octubre del año pasado se instaló nuevamente en Argentina y poco después apareció una nueva oportunidad para retomar la actuación.

Actualmente protagoniza La bomba, una comedia de Juan Paya, dirigida por Gabi Villalba y compartida con Paco Massarini en el Teatro El Grito.

El proyecto comenzó a tomar forma a partir de una conversación entre Williams y Massarini. Luego encontraron la obra, se contactaron con Paya y comenzaron los ensayos.

La respuesta del público terminó superando sus expectativas. “Estamos a sala llena cada función, gente que se queda afuera”, contó con entusiasmo.

Para la actriz, volver al escenario después de todo lo vivido tiene un significado especial. No se trata solamente de recuperar una profesión, sino también de reencontrarse con una parte de su identidad.

“Uno es actor o actriz y no deja de serlo nunca. A lo sumo, no estás actuando”, reflexionó.

Ahora, después de atravesar una larga recuperación, vivir en otro país, descubrir una nueva profesión y volver a empezar en Argentina, Williams disfruta nuevamente de las luces del escenario.

“Hoy puedo vivir una carrera que viví en mi edad más temprana, pero con una experiencia y una madurez ya de una mujer bien adulta”, expresó.

Su regreso representa así una nueva etapa profesional, pero también el cierre de un período personal marcado por el dolor y la incertidumbre. Esta vez, con una diferencia: volvió a encontrar en el escenario el lugar donde siempre se sintió en casa.

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