El ecosistema invisible: la urgencia de proteger los pastizales naturales en Argentina

NOTICIAS DE INTERES Marian SANZOTTI

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Un pastizal suele percibirse como un simple llano de hierba, pero bajo su apariencia uniforme se esconde un ecosistema complejo e indispensable para el equilibrio ambiental y el desarrollo productivo. Según Manuel Jaramillo, director general de la Fundación Vida Silvestre, estas tierras ofrecen servicios ecológicos fundamentales: regulan los ciclos del agua, conservan la calidad del suelo, almacenan grandes cantidades de carbono y proveen forraje natural. En el país, los pastizales ocupan casi la mitad del territorio nacional, estrechamente vinculados a la historia y a la actividad ganadera argentina.

La región de las Pampas alberga cerca del 60% de estos entornos, que también se extienden por el Chaco Húmedo, el Espinal y la zona de Campos y Malezales. Sin embargo, el avance de las fronteras productivas ha transformado drásticamente el paisaje: se estima que alrededor del 80% de los pastizales pampeanos fue convertido a la agricultura o ganadería intensiva, mientras que menos del 4% cuenta con protección formal. Esta alteración drástica del hábitat acorraló a especies autóctonas emblemáticas como el venado de las pampas, cuya supervivencia depende hoy de reducidos refugios naturales, como el Parque Nacional Campos del Tuyú en la provincia de Buenos Aires.

Más allá del valor biológico, estos biomas cumplen un rol crucial en la prevención de desastres ambientales. En regiones como la Pampa Deprimida y los Bajos Submeridionales, la vegetación nativa actúa como una esponja capaz de absorber excedentes hídricos y amortiguar el impacto de lluvias intensas. La pérdida de más de 3 millones de hectáreas de pastizales naturales en las últimas décadas no solo fragmentó el ecosistema, sino que incrementó la vulnerabilidad de las poblaciones rurales ante inundaciones y eventos climáticos extremos.

La coyuntura actual representa un momento clave para replantear la relación entre producción y medio ambiente, impulsada por la declaración de las Naciones Unidas del 2026 como el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores, bajo la coordinación de la FAO. Para la Argentina, el reto principal radica en diseñar esquemas productivos sustentables que permitan compatibilizar la rentabilidad económica con la conservación. Reconocer que los pastizales son ecosistemas vivos y no simples extensiones de tierra es el primer paso para resguardar el agua, la biodiversidad y el futuro de las comunidades que dependen de ellos.

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