Irlanda y la refinería que abastece indirectamente a la maquinaria bélica rusa

INTERNACIONALES Simón DERONDA

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Irlanda ha mantenido una postura firme de respaldo a Ucrania mediante apoyo financiero y la adhesión a los castigos económicos de la Unión Europea. Sin embargo, existe una contradicción en su propio territorio. La refinería Aughinish Alumina, ubicada en el oeste del país, suministra un volumen vital de alúmina a la industria del aluminio rusa, material que termina siendo utilizado en la fabricación de misiles, tanques y aviones de combate desplegados en el conflicto bélico.

La planta es propiedad de Rusal, conglomerado ruso fundado por el oligarca Oleg Deripaska, un empresario sancionado por sus estrechos vínculos con el Kremlin. Pese al contexto geopolítico, las exportaciones de la refinería hacia Rusia experimentaron un salto drástico, pasando de representar un 24% de sus ventas en 2021 a un 68% en 2025. Esta alúmina se transforma en aluminio utilizado por intermediarios como la firma ASK, proveedora de más de un centenar de contratistas de defensa rusos que producen desde motores para cazas Sukhoi hasta sistemas para los misiles balísticos Iskander-M y de crucero Kh-101.

A pesar de estos lazos, Aughinish Alumina ha permanecido exenta de las sanciones de la Unión Europea. La dirección de la empresa argumenta que un bloqueo obligaría al cierre de la instalación, afectando la producción de aluminio en Europa y la provisión de energía para unos 200.000 hogares irlandeses. Sin embargo, análisis del sector señalan que las fundiciones comunitarias operan al 30% de su capacidad y que la planta solo aporta una pequeña fracción del consumo europeo, por lo que el mercado continental podría abastecerse a través de otros proveedores sin sufrir un desabastecimiento crítico.

La controversia suma un componente de alta tensión diplomática en momentos donde se debate un nuevo paquete de medidas coercitivas en Bruselas. Mientras varios Estados miembros buscan prohibir la venta de alúmina a Moscú, Irlanda ocupa la presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea, una posición que vuelve incómoda cualquier defensa de la refinería frente a sus socios comunitarios. El gobierno irlandés enfrenta así la disyuntiva entre proteger los 1.000 empleos directos de la planta en el ámbito local o cerrar una vía de suministro clave para la industria militar rusa, recuperando la coherencia en su política exterior.

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