



RESUMEN
- La concejal rafaelina contó públicamente que fue diagnosticada con dislexia durante su adultez.
- Explicó que durante años tuvo dificultades que no lograba comprender y que atribuía a una falta de esfuerzo.
- Señaló que conocer el diagnóstico significó una experiencia liberadora y le permitió entender parte de su trayectoria.
- Buscó visibilizar la dislexia y generar conciencia, especialmente entre niños, padres y docentes.
- Remarcó que la dislexia no determina la capacidad intelectual ni pone un límite a los proyectos personales y profesionales.
La concejal de Rafaela Carla Boidi decidió contar públicamente una experiencia personal que durante muchos años no había podido explicar. En el marco del Día Internacional de la Dislexia, que se conmemora cada 8 de octubre, reveló que recibió el diagnóstico en su adultez.
“Soy disléxica. Y lo descubrí de adulta”, expresó la edil a través de sus redes sociales, donde compartió parte de su historia y explicó cómo determinadas dificultades que había experimentado durante años finalmente encontraron una explicación.
Boidi relató que leer, escribir, concentrarse frente a determinados textos o poner en orden algunas ideas podían demandarle un esfuerzo considerable. Durante mucho tiempo interpretó esas situaciones como una cuestión personal y llegó a pensar que simplemente debía esforzarse más que los demás.
El diagnóstico, según explicó, modificó esa mirada. Encontrar una explicación para aquellas dificultades le permitió comprender situaciones que durante años había interpretado de otra manera.
“Hace poco tiempo recibí mi diagnóstico de dislexia y, para mí, fue un proceso liberador y también muy enriquecedor”, contó.
La decisión de hacer pública su experiencia no estuvo vinculada únicamente con compartir una cuestión personal. Boidi entendió que su historia podía servir para que otras personas, especialmente niños y sus familias, puedan reconocer situaciones similares y buscar respuestas.
“Sentí que compartirlo podía ayudar también a otras personas, especialmente a niños, madres y familias que están atravesando un diagnóstico o que quizás todavía están tratando de encontrar una explicación”, señaló.
Cuando una dificultad termina afectando la autoestima
En el video que publicó junto con su mensaje, la concejal hizo referencia a distintas situaciones que atravesó a lo largo de su vida. Habló de dificultades relacionadas con los idiomas, la pronunciación, la memoria y la necesidad de volver varias veces sobre determinados textos.
También recordó la frustración que puede generar intentar comprender algo y sentir que el esfuerzo realizado no alcanza.
La experiencia, explicó, tuvo consecuencias sobre su propia percepción. Esa sensación de tener que leer nuevamente, de necesitar más tiempo o de no comprender algo con la rapidez esperada puede terminar generando cuestionamientos personales.
Sin embargo, el diagnóstico también le permitió modificar esa mirada.
“Simplemente necesito mis tiempos y mi proceso”, resumió Boidi, al explicar que comprender su condición le permitió aceptar que no todas las personas aprenden o procesan la información de la misma manera.
Su mensaje buscó además apartarse de la idea de que la dislexia representa una incapacidad. Por el contrario, destacó que puede convivir con distintas fortalezas y que no impide desarrollar una trayectoria educativa, laboral o profesional.
“Me siento orgullosa de todo lo que fui creciendo y de no tener un límite”, afirmó.
La importancia de detectar y acompañar
Boidi también puso el foco en el ámbito educativo. Señaló que existen numerosos chicos con dislexia y que, en muchos casos, la condición puede pasar inadvertida.
La identificación temprana puede permitir que docentes y familias comprendan mejor las necesidades de cada estudiante y puedan incorporar herramientas y estrategias adecuadas.
Por eso, la concejal planteó la necesidad de hablar más sobre el tema, informarse y comprender qué implica realmente la dislexia.
La dificultad para leer o escribir no debe confundirse con falta de capacidad, inteligencia o voluntad.
En ese sentido, su experiencia personal se transformó también en un mensaje de concientización. La intención fue mostrar que detrás de determinadas dificultades puede existir una condición que necesita ser reconocida y acompañada.
Una condición que puede permanecer durante toda la vida
La dislexia es una dificultad específica del aprendizaje que afecta principalmente la lectura y la escritura. Puede manifestarse a través de problemas para reconocer palabras con precisión y fluidez, dificultades de ortografía o una mayor necesidad de tiempo para procesar determinados textos.
No todas las personas presentan las mismas características ni con igual intensidad. Además, sus manifestaciones pueden variar de acuerdo con la edad, las exigencias académicas o laborales y las herramientas que tenga disponible cada persona.
Aunque suele detectarse durante la infancia, la dislexia puede permanecer sin diagnóstico durante años y ser identificada recién en la adolescencia o la adultez.
En personas adultas pueden aparecer, entre otras situaciones, la necesidad de releer textos, dificultades para procesar información escrita, errores ortográficos frecuentes, confusión entre palabras similares o problemas para recordar determinados nombres, fechas o secuencias.
Esto no significa que todas esas características estén presentes en todas las personas con dislexia.
Uno de los puntos centrales es que la dislexia no determina la inteligencia de una persona. Las dificultades relacionadas con la lectura y la escritura pueden presentarse en personas con capacidades y perfiles cognitivos muy diversos.
Una realidad que alcanza a millones
Las estimaciones sobre la cantidad de personas con dislexia varían de acuerdo con los criterios utilizados para identificarla y con las poblaciones estudiadas. Una cifra frecuentemente mencionada ubica su presencia alrededor del 10% de la población, aunque los porcentajes pueden cambiar según los estudios y métodos de evaluación.
Detrás de esos números existen personas de distintas edades que enfrentan desafíos diferentes y que, en algunos casos, llegan a la adultez sin haber recibido una explicación para determinadas dificultades.
La detección y el acompañamiento adecuados pueden contribuir a reducir esas dificultades y favorecer mejores estrategias de aprendizaje.
Pero el diagnóstico también puede llegar mucho después, como ocurrió con Carla Boidi.
La concejal eligió contar su historia precisamente para abrir esa conversación. Para mostrar que una dificultad no necesariamente representa una barrera definitiva y que comprender aquello que ocurre puede cambiar la manera en que una persona se mira a sí misma.
Su mensaje apunta a una idea sencilla pero fundamental: tener una dificultad no significa tener un límite.
Y en su caso, descubrir la dislexia en la adultez no significó encontrar una explicación para detenerse, sino una nueva manera de comprender todo el camino recorrido.











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