La aceleración de la inflación en 2022 hizo subir la pobreza, pese a la recuperación del empleo

ECONOMÍA Por Mariano Boettner*
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El año de la inflación récord en tres décadas no derivó en un marcado aumento en en la tasa de pobreza e indigencia de los hogares, porque, según los expertos, actuó como atenuante la recuperación de los puestos de trabajo, aunque se trató en su mayor parte de empleos precarizados y con bajas remuneraciones, que posibilitaron recomponer en alguna medida los ingresos de las familias más vulnerables.

De todas formas, la generalizada pérdida de poder de compra del salario, hizo que se sostuviera la tendencia de leve de incremento en los índices de pobreza.

El último dato del valor de la Canasta Básica Total (CBT) que elabora de manera mensual el Indec, correspondiente a diciembre registró una suba de 4,5% y cerró con un incremento punta a punta en 2022 de 100,3%, es decir 5,5 puntos porcentuales por encima del 94,8% que marcó el Índice de Precios al Consumidor (IPC) a lo largo del año.

Tanto la canasta total como la canasta alimentaria son definitorias para que el Estado tenga en el radar la realidad de los indicadores sociales más sensibles, como son la pobreza y la indigencia. Eso sucede porque la primera se toma como parámetro para determinar el umbral de indigencia, y el segundo que incluye gastos básicos en ropa, salud, transporte o educación, determina la denominada “línea de pobreza”.

Es decir, los hogares con ingresos menores a la CBT son los que pasan a ser considerados pobres. De la misma manera, la canasta alimentaria -que tiene un alcance limitado a bienes de primera necesidad- es la que configura la “línea de la indigencia”: aquellas familias que no lleguen a cubrir los ingresos necesarios para adquirir la CBA.

Con el último dato de diciembre, el Gobierno elaborará la estimación de pobreza del segundo semestre de 2022, que el Indec dará a conocer en marzo próximo. Como referencia, según el último dato oficial, la pobreza fue del 36,5% de la población al cabo de la primera mitad de ese año, mientras que la indigencia alcanzó al 8,8% de los habitantes. De esta manera, poco más de 17 millones de habitantes son considerados “pobres” (incluye a los “indigentes”) por no poder cubrir con sus ingresos el costo de la canasta básica total.

Los expertos consultados por Infobae creen que la suba récord de los precios en 2022, que fue la más alta en tres décadas, hubiese tenido un impacto más pronunciado sobre los indicadores sociales si no fuera porque hubo un “efecto compensador” por la mejora -aunque parcial- del mercado laboral, que tuvo a lo largo del 2022 los números más favorables también en tres décadas pero con un avance notorio de la precarización.

Para Leopoldo Tornarolli, economista del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas), de la Universidad de La Plata, y que lleva adelante una medición a través de semestres móviles, explicó en diálogo con Infobae que la tendencia que se vio en los últimos dos trimestres, que identificó como de crecimiento de la pobreza “se va a a mantener”. “Espero un número cercano al 40%, posiblemente algo por encima”, estimó.

Su método de semestres móviles -es decir, tomar en consideración, por ejemplo, el tramo abril-septiembre como muestreo previo a los tradicionales enero-junio y julio-diciembre que hace el Indec- ya mostraba que para ese lapso la pobreza era dos puntos más alta que la del período previo, es decir 38,5% versus 36,5% que informó el organismo oficial de estadística.

“Si bien los últimos 2 meses se desaceleró un poco la inflación, había tenido un salto muy fuerte en octubre, particularmente en los valores de la canasta básica alimentaria y la total, lo que implica que al cierre del año las canastas crecieron más de 6 puntos porcentuales por encima de la inflación”, apuntó Tornarolli.

“De hecho, en los últimos tres meses del año se verificó que la variación interanual de la CBT estuvo claramente por encima de la inflación interanual, algó que no ocurría desde julio de 2021. En definitiva, es un escenario donde las mejoras en el empleo (en cantidad que no en calidad) en algo van a contribuir a que no haya un salto tan fuerte en la pobreza, pero la pérdida del poder adquisitivo de los ingresos (en especial contra la CBT) va a generar que se mantenga la tendencia a la suba”, concluyó el economista.

En ese sentido, el director del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), Agustín Salvia, consideró que “los datos del observatorio mostraron que la pobreza no cambió significativamente, aumentó levemente producto de la inflación pero compensó con el aumento de trabajo en los hogares más pobres”, dijo en diálogo con Infobae.

“La pobreza crece porque las clases medias y medias bajas de ingreso que no logran tener más capacidad de generar trabajo ni más horas ocupadas son los que caen en la pobreza. En los sectores populares una mayor ayuda social -porque hubo incremento de transferencias de ingresos y números de beneficiarios- hizo que la pobreza no crezca”, continuó el sociólogo.

“El problema es que quienes consiguen trabajo lo hacen en puestos informales de muy baja remuneración. La pobreza tiende a aumentar en la medida en que no hay capacidad de crear más trabajo y mejor ingreso. Los sectores formales acompañaron a la inflación y por lo tanto se vieron levemente afectados”, añadió Salvia.

Como conclusión, Agustín Salvia remarcó que “a pesar de los niveles inflacionarios que padecimos en 2022 no hubo ninguna catástrofe en los indicadores sociales. El crecimiento económico y la política social han contenido en equilibrio la situación, aunque sea un equilibrio poco deseable, con una pobreza levemente por debajo del 40% e indigencia por debajo del 10% de la población”.

Un informe de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) a fines de 2022, a cargo del economista Martín González Rozada, estimó una tasa de pobreza de 40,2% de los habitantes para el semestre de julio a diciembre últimos.

“Esta proyección sugiere que el 40% de las personas viven en hogares urbanos pobres. La población urbana capturada por la EPH en el semestre de julio a diciembre de 2022 se estimó en alrededor de 29 millones de personas lo que implica que alrededor de 11,7 millones viven en hogares urbanos pobres”, sintetizó el estudio.

“Tener un indicador de la tasa de pobreza es fundamental para monitorear la efectividad de las políticas económicas y sociales. En la Argentina, la disponibilidad de microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) permite estimar la incidencia de la pobreza monetaria en la población urbana semestralmente pero su publicación se hace tres meses después de terminado el semestre”, concluyó el economista.

 

 

* Para www.infobae.com

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