Créditos UVA: por qué el nuevo financiamiento puede abrir una oportunidad para acceder a una vivienda

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • El crédito hipotecario volvió a expandirse desde mediados de 2024 después de años de fuerte retracción.
  • El Gobierno busca ampliar el financiamiento mediante hasta $2 billones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad destinados a los bancos.
  • La relación actual entre la UVA y el dólar se encuentra por encima de su promedio histórico y puede favorecer a quienes compran propiedades valuadas en moneda estadounidense.
  • La tasa cercana a UVA más 7,5% puede ampliar la oferta, aunque el nuevo fondeo no necesariamente se traducirá íntegramente en nuevos préstamos.
  • La principal condición para acceder y sostener un crédito UVA es contar con ingresos estables capaces de acompañar la evolución de la cuota.
  • El futuro del sistema dependerá de la inflación, los salarios, el dólar y la estabilidad macroeconómica, además de la capacidad de los bancos para ampliar el financiamiento.

El crédito hipotecario volvió a recuperar protagonismo en Argentina después de varios años de fuerte retracción. Desde mediados de 2024, la desaceleración de la inflación, una mayor estabilidad macroeconómica y un escenario cambiario más previsible llevaron a los bancos a relanzar las líneas ajustadas por UVA, cuyo capital evoluciona de acuerdo con la inflación.

La recuperación, sin embargo, parte de niveles muy bajos. El crédito hipotecario había quedado prácticamente paralizado después de la crisis cambiaria de 2018, cuando el deterioro de las condiciones económicas, la inflación y la pérdida de previsibilidad afectaron tanto a la oferta como a la demanda. Por eso, aunque actualmente existe una expansión, el mercado todavía se encuentra lejos de los niveles alcanzados durante la primera etapa de los créditos UVA, entre 2017 y 2018.

El mercado inmobiliario de la Ciudad de Buenos Aires también mostró una recuperación significativa. Luego de alcanzar unas 63.000 escrituras en 2017 y cerca de 56.000 en 2018, las operaciones descendieron con fuerza durante 2019 y 2020. Posteriormente comenzó una recuperación que tuvo su mayor impulso en 2025, cuando se concretaron alrededor de 70.000 escrituras, con 13.953 operaciones respaldadas por hipotecas.

Durante 2026, la actividad inmobiliaria mantuvo buena parte de ese impulso. Entre enero y julio se registraron 35.528 escrituras, apenas 1,8% menos que en igual período del año anterior, aunque las operaciones hipotecarias experimentaron una disminución más pronunciada.

En paralelo, la evolución de la construcción aparece como un factor determinante para el futuro del mercado. La incorporación de nuevas viviendas permite ampliar la oferta disponible y genera oportunidades adicionales para operaciones financiadas mediante préstamos hipotecarios. El sector mostró una recuperación irregular: la actividad creció 4% interanual en junio y acumuló una mejora de 2,8% en los primeros seis meses, aunque retrocedió 4,1% respecto de mayo.

En este contexto, el Gobierno anunció un mecanismo destinado a canalizar hasta $2 billones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de ANSES hacia los bancos. El objetivo es ampliar el fondeo disponible para préstamos hipotecarios y favorecer nuevas líneas con un costo máximo de UVA más 7,5%.

La medida apunta a resolver una de las dificultades estructurales del sistema financiero argentino: los bancos captan fondos principalmente a plazos mucho más cortos que los 20 o 30 años de duración de un crédito hipotecario. Sin embargo, el nuevo financiamiento no necesariamente se traducirá en igual cantidad de préstamos adicionales, ya que algunas entidades podrían utilizarlo para reemplazar fuentes de financiamiento que actualmente obtienen mediante otros instrumentos.

El otro factor que vuelve particularmente interesante al crédito UVA es la relación entre la unidad indexada y el dólar. La fuerte diferencia entre la evolución de los precios y el tipo de cambio permitió que la UVA se encareciera considerablemente frente a la moneda estadounidense. Actualmente, esa relación se encuentra por encima de su promedio histórico.

Para quienes adquieren una propiedad cuyo precio está expresado en dólares, esa situación puede representar una oportunidad. Si en los próximos años el dólar aumentara más rápidamente que la inflación, el valor de la deuda medida en moneda estadounidense podría reducirse en relación con el precio del inmueble.

Pero esa posibilidad no elimina los riesgos. El crédito UVA continúa siendo una herramienta de largo plazo y su conveniencia depende fundamentalmente de la evolución de los ingresos del deudor. Una familia cuyos salarios acompañan la inflación y que mantiene cierta capacidad de ahorro enfrenta una situación muy diferente de aquella cuyos ingresos se actualizan con retraso o tienen escaso margen para afrontar aumentos de la cuota.

Por ese motivo, no existe una tasa universal que determine cuándo conviene o deja de convenir tomar un crédito. Las actuales condiciones, cercanas al 7% sobre UVA en algunas entidades, pueden resultar competitivas dentro de un mercado hipotecario que todavía tiene una profundidad reducida.

El principal riesgo aparece si la cuota comienza a crecer por encima de los ingresos familiares durante períodos prolongados. En cambio, si la inflación continúa descendiendo, los salarios mantienen su capacidad de acompañarla y el mercado cambiario conserva cierta estabilidad, la relación entre cuota e ingresos puede resultar más previsible.

El nuevo fondeo, por lo tanto, puede contribuir a ampliar la oferta hipotecaria, pero no resolverá por sí solo las restricciones de acceso. La estabilidad macroeconómica, la evolución de los salarios, el comportamiento del dólar y la capacidad de cada hogar para sostener el compromiso financiero serán determinantes para definir si esta nueva etapa del crédito UVA consigue convertirse en una expansión duradera o vuelve a ser una ventana temporal para acceder a la vivienda propia.

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