El Niño pone a Santa Fe ante un doble desafío: más lluvias, mejores cosechas y prevención

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El fenómeno de El Niño vuelve a instalarse en el escenario climático de Santa Fe con una particularidad: lejos de ser solamente motivo de preocupación, también puede representar una oportunidad importante para la producción agropecuaria. La clave estará en la capacidad de anticiparse a sus posibles efectos y reducir los riesgos asociados al exceso de lluvias y las crecidas.

Los antecedentes estadísticos muestran que las campañas agrícolas pueden presentar diferencias significativas según la fase climática que atraviese el Pacífico. En Santa Fe, los años asociados a El Niño suelen favorecer los rendimientos de los principales cultivos, especialmente en las regiones centro y norte de la provincia.

De acuerdo con estimaciones del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral), la diferencia entre una campaña marcada por El Niño y otra bajo condiciones de La Niña puede alcanzar hasta 23 puntos porcentuales en los rendimientos del maíz, mientras que en la soja la brecha ronda el 20%.

A nivel nacional, el impacto económico potencial de una campaña favorecida por El Niño podría acercarse a los US$ 4.000 millones, siempre dependiendo de que las condiciones climáticas permitan desarrollar normalmente las distintas etapas del ciclo productivo.

Santa Fe, entre la prevención y la oportunidad

Los economistas Juan Manuel Garzón y Valentino Costamagna, autores del análisis del Ieral, remarcan que el comportamiento histórico muestra un marcado diferencial en la provincia.

En promedio, durante los años de El Niño, los rendimientos agrícolas santafesinos se ubican aproximadamente 11% por encima de los niveles habituales. En contraste, las campañas desarrolladas bajo condiciones de La Niña registran una disminución promedio cercana al 12%.

El escenario, por lo tanto, presenta una paradoja para el sector productivo. La mayor disponibilidad de lluvias puede mejorar las perspectivas para los cultivos y generar mejores resultados económicos, pero al mismo tiempo aumenta la necesidad de contar con infraestructura y planificación suficientes para enfrentar eventuales excesos hídricos.

La experiencia indica que los pronósticos climáticos no permiten determinar con precisión absoluta dónde, cuándo ni cuánto lloverá. Tampoco pueden anticipar por sí solos el comportamiento de los ríos y los posibles desbordes. Por eso, la preparación resulta fundamental para transformar un escenario potencialmente favorable en una verdadera oportunidad productiva.

El clima también pone a prueba la infraestructura

Para Santa Fe, el desafío excede al campo. Un período de mayores precipitaciones obliga a reforzar los mecanismos de prevención y respuesta ante posibles inundaciones, especialmente en zonas urbanas y rurales vulnerables.

La aparición de El Niño vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de combinar información meteorológica, planificación territorial, obras hidráulicas y protocolos de emergencia.

En el sector agropecuario, mientras tanto, el fenómeno es seguido con expectativa. Si las lluvias se distribuyen de manera favorable y no aparecen episodios extremos que interrumpan la siembra o la cosecha, las condiciones podrían traducirse en mejores rindes y en un importante impulso para la economía provincial.

Así, El Niño llega a Santa Fe con una doble cara: puede traer más agua y también mejores números para el campo, pero obliga a prepararse para que esa abundancia no termine convirtiéndose en un problema.

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