J.P. Morgan recortó al 1,5% su pronóstico de crecimiento para Argentina en 2026

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • J.P. Morgan redujo al 1,5% su proyección de crecimiento para 2026 tras el fuerte retroceso de la actividad en julio.
  • La entidad prevé una contracción anualizada del 4% durante el tercer trimestre del año.
  • La industria, la construcción y el comercio encabezaron las caídas entre los principales sectores económicos.
  • El banco identificó factores extraordinarios que influyeron en julio, aunque mantuvo una visión cautelosa sobre los próximos meses.
  • El empleo urbano permaneció prácticamente estancado y continúa por debajo del nivel registrado un año atrás.
  • Para 2027 proyecta un crecimiento apoyado en las exportaciones, aunque con una recuperación desigual entre los distintos sectores.

El banco estadounidense J.P. Morgan redujo su estimación de crecimiento para la economía argentina en 2026, luego de que el nivel de actividad registrara una caída del 2,9% en julio respecto del mes anterior, un resultado que superó ampliamente las previsiones de la entidad y que encendió nuevas señales de cautela sobre la evolución de la economía en el corto plazo.

En un informe elaborado por los analistas Lucila Barbeito y Diego Pereira, la entidad explicó que esperaba un desempeño débil, en línea con la fragilidad observada durante el segundo trimestre, aunque reconoció que la magnitud del descenso informado por el Indec fue considerablemente mayor a la proyectada. El banco había anticipado una baja cercana al 1%, por lo que el resultado obligó a revisar sus cálculos para el resto del año.

Como consecuencia de ese escenario, la proyección de crecimiento anual fue reducida al 1,5%, mientras que para el tercer trimestre se espera una contracción anualizada del 4%. Según el análisis, el retroceso mensual de julio constituye el más pronunciado desde abril de 2020 y, dejando de lado los períodos marcados por la pandemia, la crisis financiera internacional de 2008 y las tensiones económicas de 2018 y 2019, representa una de las caídas más importantes registradas desde 2004.

Los datos también reflejaron que la actividad quedó por debajo de los niveles alcanzados meses atrás. En términos interanuales, julio mostró una disminución del 1,4%, mientras que, una vez corregidos los efectos estacionales, el nivel de producción quedó un 4,5% por debajo del pico registrado en marzo. Además, el crecimiento acumulado entre enero y julio se moderó hasta el 1,7%, después de ubicarse en 2,2% al cierre del primer semestre.

El informe atribuyó buena parte del deterioro a la composición del crecimiento económico. Si bien sectores vinculados a la minería y la energía continúan aportando producción destinada principalmente a los mercados externos, ese dinamismo no logra trasladarse con la misma intensidad al consumo interno ni al comercio mayorista y minorista.

La revisión también estuvo respaldada por el comportamiento de varias actividades clave. La industria manufacturera mostró una baja mensual del 3,6%, la construcción retrocedió un 4% y el comercio sufrió una caída del 5,5%. A esos resultados se sumaron desempeños inferiores a los previstos en áreas como la agricultura, el transporte y los servicios financieros.

No obstante, el banco aclaró que algunos factores extraordinarios pudieron haber amplificado el resultado de julio. Entre ellos mencionó la existencia de un día hábil menos respecto del mismo mes del año anterior debido al feriado puente del Día de la Independencia, la reducción de horas trabajadas asociada al Mundial de Fútbol, interrupciones en el suministro de gas y condiciones climáticas que afectaron distintas actividades productivas.

Más allá de esos elementos puntuales, la entidad sostuvo que persisten riesgos que podrían extender la debilidad durante los próximos meses. Los indicadores preliminares disponibles para agosto apuntan a nuevas dificultades en la industria y la construcción, mientras que el consumo continúa condicionado por el impacto que tuvo la aceleración inflacionaria del primer trimestre y por una desaceleración del crédito vinculada al incremento de la morosidad.

El mercado laboral tampoco ofrece señales de una recuperación contundente. El empleo urbano permaneció prácticamente sin cambios durante julio tras varios meses consecutivos de retrocesos y continúa por debajo del nivel observado un año atrás, un factor que, según el análisis, limita la capacidad de recuperación del gasto de los hogares.

De cara a 2027, J.P. Morgan mantiene una perspectiva más favorable, con una previsión de crecimiento del 2,5%. Esa mejora estaría impulsada principalmente por el aumento de las exportaciones, mientras que el consumo privado avanzaría de manera mucho más moderada. El banco también proyecta una continuidad en la desaceleración de la inflación y mejores condiciones para el financiamiento, aunque advierte que el crecimiento seguirá siendo heterogéneo entre sectores y que las políticas monetarias y fiscales contractivas podrían mantener ese sesgo incluso a medida que avance el calendario electoral.

El informe también puso el foco sobre el incremento de la pobreza, vinculándolo con el desfasaje entre la evolución del costo de la canasta básica y el crecimiento de los ingresos familiares durante el primer trimestre. Ese cuadro, combinado con la caída de la actividad y el incremento del riesgo país por encima de los 600 puntos durante septiembre, conforma un escenario que la entidad considera especialmente desafiante para la economía argentina en el corto plazo.

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