


RESUMEN
- Los Juegos Suramericanos terminaron y comienza la etapa del día después.
- Habrá que definir mantenimiento, seguridad y costos de la infraestructura.
- Los nuevos espacios deberán tener uso permanente y planificación.
- El gran desafío será encontrar mecanismos para generar recursos y evitar que se conviertan en un gasto permanente.
- Leonardo Viotti tendrá ahora una de las tareas más difíciles: demostrar qué se hará con el legado de los Juegos cuando las luces ya se apagaron.
Los Juegos Suramericanos terminaron. Se apagaron las luces, se retiraron las delegaciones, se fueron los deportistas y Rafaela vuelve a su ritmo habitual.
Y ahora comienza la verdadera competencia.
Porque organizar los Juegos fue un desafío enorme, pero mantener lo construido y darle utilidad después de la fiesta puede ser un desafío todavía mayor.
Ahora llega la hora de las preguntas incómodas. ¿Quién se hará cargo del mantenimiento de los estadios? ¿Cuánto costará mantenerlos en condiciones? ¿Quién garantizará la seguridad? ¿Qué actividades tendrán? ¿Cómo se utilizarán durante el año? ¿Quién pagará las cuentas? Y, fundamentalmente, ¿cómo se hará para que toda esta infraestructura no termine convirtiéndose en un elefante blanco?
Ese es, desde ahora, uno de los grandes desafíos que tiene Leonardo Viotti.
Durante los Juegos hubo luces, movimiento, visitantes, delegaciones, autoridades, espectáculos y cámaras. Todo eso terminó. Y justamente por eso comienza la etapa más importante: demostrar que lo construido puede tener vida propia y no depender de un acontecimiento deportivo internacional para funcionar.
Porque un estadio vacío es muy lindo en las fotografías, pero también puede convertirse rápidamente en un problema si nadie sabe qué hacer con él.
Rafaela necesita que esos espacios tengan actividad, que sean utilizados por clubes, escuelas, federaciones y vecinos. Que puedan albergar competencias, espectáculos y eventos. Que exista una planificación seria para su mantenimiento y, si es posible, un esquema que permita generar recursos para sostenerlos.
No alcanza con cortar cintas.
Tampoco alcanza con celebrar el éxito de los Juegos.
Ahora hay que administrar el después.
Y allí es donde se verá la capacidad de gestión. Porque una cosa es organizar una fiesta y otra muy distinta es pagar las cuentas cuando la fiesta terminó.
El desafío para Viotti es enorme: que el legado de los Juegos no sea solamente un recuerdo, algunas fotografías y estadios nuevos.
Se apagaron las luces de los Juegos. Ahora se tienen que encender las ideas.
Porque recién ahora empieza el partido más difícil: hacer que todo lo construido siga sirviendo a Rafaela y no termine siendo una pesada mochila para los vecinos.











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