FMI, actividad, gasto en elecciones, indicadores sociales y dólar: las 5 claves para la economía para el nuevo año

ECONOMÍA Por Mariano BOETTNER
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El año que comienza será especial para la economía por la llegada de una nueva instancia electoral presidencial, que configurará la temperatura de política durante los próximos meses y que también tendrá una influencia decisiva sobre la economía.

Algunos de los aspectos que marcarán el pulso de la actividad económica serán la evolución del dólar, una de las variables que actúan como medida de la sensación de incertidumbre en el mercado. También estarán en el tope de la lista el desarrollo del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y la dinámica electoral.

Economía real: el semáforo de sectores
 
El equipo económico espera que la economía continúe con el sendero de avance del PBI que ya registró en 2021 y 2022. En este caso, se trataría de una expansión económica un poco más leve. Si bien en el Presupuesto 2023 se planteó un horizonte de crecimiento de 2%, en el Ministerio de Economía esperan que pueda estar bien por encima de esa proporción.

Entre los analistas del sector privado, la perspectiva de mejora del Producto es menor a la oficial. “La economía apenas crecerá (1%), el consumo acompañará esa dinámica (+1,7%) y la inflación se mantendrá muy elevada (85,5%)”, estimó la consultora Abeceb.

“La política de cuidar las escasas reservas seguirá siendo una de las principales preocupaciones del gobierno, que continuará con la estrategia de tres ejes: devaluar al ritmo de la inflación, tasas reales más altas y minuciosa política de administración de las cantidades de dólares e incentivos puntuales al ingreso de divisas”, mencionó Abeceb.

Según Ecolatina, el 2022 le dejó al 2023 “un menor arrastre en materia de actividad económica (menos de 1 punto porcentual frente a los 3 puntos que dejó 2021 para 2022); un mayor piso inflacionario (en el último trimestre la inflación promediaría más de 5% mensual, frente a poco más de 3% en el último trimestre de 2021); una trayectoria de consolidación fiscal en marcha (aunque en materia de gasto el 2023 es exigente); un perfil de vencimientos en pesos desafiante y un nivel de reservas netas algo más abultado que a fin de 2021″.

“A nivel sectorial, el panorama es cada vez más heterogéneo pero la macro los condiciona a todos (incluso a los más dinámicos) y las inversiones están en ‘wait & see’. El denominador común es que, hasta los que fueron motores del crecimiento durante este año, perderán combustible en 2023″, continuó la consultora Abeceb.

En ese plano, analizó que “la escasez de insumos importados puede generar incentivos –probablemente transitorios– para actividades de sustitución de importaciones como en el caso de la industria automotriz, turismo, textil y confecciones, metalmecánica y maquinaria agrícola que ocuparon posiciones con la industria nacional por el cepo importador”, dijo la consultora que fundó Dante Sica.

“Es posible que el ahorro busque nuevas alternativas para conservar valor ante la alta inflación y se refugie en el sector inmobiliario, la construcción y/o la compra de bienes de semi durables; el turismo y el consumo (hoteles, restaurantes) puede salir favorecido por mayor turismo local ante aumentos en los costos de salida”, continuó.

Y por último, consideró que la nueva situación global revaloriza el rol de países con ventajas comparativas en energía y alimentos y está en marcha una relocalización de cadenas de valor que otorga mayor peso a los criterios geopolíticos”, cerraron.

Dólar e inflación
La evolución del tipo de cambio y de los precios será otro de los elementos centrales que influirán en la economía en 2023. El Gobierno busca que el dólar mayorista, administrado por el Banco Central, se mueva en términos generales en la misma medida que avance la inflación, que está presupuestada en 60% anual para todo 2023.

El año terminará con un índice de precios mensual cercano al 5% y en el equipo económico confían en poder hacerlo desacelerar por etapas, que imaginan separados por tramos de 75 días (dos meses y medio) para bajar el ritmo del IPC un punto porcentual.

El Banco Central, en su informe de balance de 2022 y de objetivos para el 2023 planteó que “se espera que la inflación continúe con el sendero de desaceleración gradual evidenciado en la última parte del año. La mejora gradual del tipo de cambio real y la calibración de las tasas de interés en un terreno positivo en términos reales, de manera de garantizar una mayor disponibilidad de instrumentos de ahorro que permitan a las y los argentinos obtener rendimientos acordes con la evolución de la inflación y del tipo de cambio, contribuirán a anclar las expectativas cambiarias favoreciendo el proceso de desinflación”.

En ese sentido, también remarcó que “todo esto se suma a los esfuerzos del Gobierno Nacional por coordinar precios y salarios a través de la política de ingresos, con el fin de morigerar la elevada inercia inflacionaria”, mencionaron desde la entidad que conduce Miguel Pesce.

En el equipo económico la lectura sobre el plan inflacionario tiene cuatro puntas: además de los programas de control de precios, inscriben en esa lista el ordenamiento fiscal a través de un déficit fiscal más bajo y menor emisión monetaria para financiar al Tesoro, el fortalecimiento de reservas vía préstamos internacionales y exportaciones y el sostenimiento de la tasa de interés positiva para las inversiones en pesos.

El sector privado espera una tasa de inflación anual más alta que el Presupuesto 2023. Según LatinFocus Consensus, que reúne la opinión de consultoras, fondos de inversión y bancos, para 2023 el mercado cree que el IPC en promedio llegará a 95%, frente al 60% prometido por el Gobierno en el presupuesto, aunque Eco Go se estiró hasta 135%, seguido por Empiria con 125,6% y C&T con 125,4 por ciento. El Relevamiento de Expectativa de Mercado (REM) que realiza el Banco Central, por su parte, también midió que en 2023 la inflación anual será de 96,6 por ciento.

Para el dólar, la dinámica de acumulación de reservas será uno de los factores que incidan en la dinámica cambiaria del año electoral. Una de los elementos en ese sentido es el ritmo de depreciación del peso que habilitará el Banco Central y que tiene influencia decisiva en la competitividad externa. Sobre ese tema se refirió también el BCRA en su balance anual.

“Preservar los niveles de competitividad externa, readecuando gradualmente la tasa de crawl en el marco del régimen vigente de flotación administrada a un nivel acorde con el ritmo de la inflación”, fue mencionado en ese documento como uno de las metas que perseguirá la entidad, junto con “fortalecer la posición de reservas internacionales a través de la acumulación del superávit externo reflejado en el mercado de cambios”.

También mencionó en ese plano “gestionar prudentemente las regulaciones cambiarias con el fin de adaptarlas a las necesidades de la coyuntura, favoreciendo la estabilidad monetaria y cambiaria. En la medida que las condiciones macroeconómicas lo permitan se irán flexibilizando gradualmente las regulaciones, con el objetivo de mantener en el mediano y largo plazo un conjunto de normativas macroprudenciales compatibles con la dinamización de los flujos de capitales orientados a la economía real”.

El REM del Banco Central arriesgó que en 2023 el dólar avanzará por debajo de la inflación esperada, por lo cual el tipo de cambio, según esa visión, intentará actuar como “ancla” de precios. “La variación del tipo de cambio nominal prevista por los participantes del REM es de 69,2% interanual para diciembre de 2022. Respecto de la encuesta previa, se evidenciaron correcciones al alza en los meses siguientes entre febrero y abril de 2023″. Por su parte, se prevé que para diciembre de 2023 el dólar oficial tenga un valor promedio de $320,39, con una suba interanual de 85,8%, por debajo del 99% que se espera de inflación en el mismo período”, apuntó el informe.

FMI: el acuerdo en medio de las elecciones
El Gobierno deberá reducir en 2023 el déficit fiscal primario desde 2,5% del PBI con el que habría terminado 2022 hasta 1,9% del PBI, con un techo de emisión monetaria para asistir al Tesoro de 0,6% del PBI y una meta de acumulación de reservas en el Banco Central de USD 4.800 millones.

El FMI planteó ya algunas preocupaciones sobre el año que comienza. La sequía, en ese sentido, aparece como uno de los riesgos centrales que identifica el organismo. “La intensificación de la sequía en curso podría reducir las exportaciones agrícolas y las entradas de divisas, avivando la inflación y poniendo en peligro los objetivos del programa. Los riesgos de implementación del programa siguen siendo elevados dada la muy compleja situación económica, social y política interna”, mencionó en su último staff report.

La consecuencia central que tendría la seca sería la de reducir el flujo de ingreso de divisas netas a las reservas, lo que dispararía, según la hipótesis del Fondo, distintas consecuencias en la macro.

La hoja de ruta que propuso el Gobierno y aprobó el directorio del Fondo en octubre implica que en el primer trimestre del 2023 el BCRA debería sumar USD 500 millones, mientras que el mínimo de acopio de divisas para el tramo abril-junio, por cuestiones estacionales es el momento de mayor liquidación de exportaciones agrarias, ascendería a nada menos que USD 3.100 millones netos. Ya para el tercer y cuarto trimestre el objetivo de acumulación sería de USD 100 y USD 900 millones, respectivamente.

Un informe de Invecq consideró que “las amenazas que enfrenta el programa para establecerse como ancla para la estabilidad de cara al 2023 tal como espera el Directorio del Fondo. Entre ellas se destaca la desafiante meta del 1,9% de déficit fiscal primario, difícil de cumplir dado el ajuste necesario para alcanzarla en el marco de un año electoral, e incompatible con una fuerte reducción de la inflación que imposibilite la licuación de los gastos”.

“También en el plano monetario se anticipan complicaciones en vistas del año próximo, con un mercado de deuda que termina el 2022 exigido, y una monetización de la economía que presenta 2 bases monetarias contenidas en Leliqs y Pases devengando intereses a un ritmo del 6% anual en términos del PBI, siendo que para el año entrante se anticipa un crecimiento nulo del producto”, mencionó la consultora.

“Es este escenario de estancamiento para 2023 lo que suma una dificultad adicional que no estuvo presente en el 2022 a la hora de implementar el programa del Fondo. Sin el dinamismo de la actividad, que cerrará este año con un crecimiento superior al 5% anual, los costos del ajuste serán más visibles el año próximo”, aseguró Invecq.

Una duda que sobrevuela el mercado es cuál será el margen que tendrá el Poder Ejecutivo para ceñirse a las metas del acuerdo con el FMI en medio de un año eleccionario que tendrá grandes presiones para propiciar una expansión del gasto público.

Es, sin ir más lejos, una preocupación que manifestó el propio Fondo Monetario en su último informe de staff. “El descontento social podría aumentar y el apoyo político al programa podría disminuir, especialmente a medida que se acercan las elecciones. En este contexto, la planificación de contingencias y la adecuación ágil de políticas serán fundamentales para salvaguardar la estabilidad y asegurar el cumplimiento de los objetivos del programa. El Fondo sigue afrontando importantes riesgos”, aseguró el equipo técnico del organismo. “Sigue siendo esencial un amplio apoyo político para el programa, especialmente a medida que se acercan las elecciones”, planteó.

Deuda en pesos y programa financiero
El Gobierno afrontará en 2023 un perfil desafiante de vencimientos de deuda en pesos y para eso buscará realizar distintos canjes a lo largo de año para intentar “patear” obligaciones de pago hacia adelante. La primera operación, sin ir más lejos, será este martes, cuando intentará con una serie de bonos duales (que siguen a la inflación o al tipo de cambio) concretar la primera conversión de activos.

En este primer ensayo, en que espera una tasa de aceptación superior al 60%, estarán incluidos bonos y letras que vencen en los primeros tres meses del año. Será, según afirmó un alto funcionario del Ministerio de Economía a Infobae, una dinámica que se repetirá en otras instancias del año.

Para la consultora Equilibra, “el desafío fiscal/monetario del primer bimestre de 2023 es significativo: el Tesoro afronta vencimientos de títulos en moneda extranjera por 1.115 millones de dólares y por 2,5 billones de pesos, mientras que la reversión de la estacionalidad de la demanda de dinero hará que el BCRA tenga que esterilizar más de $1 billón para que el excedente de pesos no presione a los mercados financieros”.

Para PxQ, por su lado, “La dinámica de la deuda doméstica determinará el flujo de pesos y la capacidad del Gobierno de financiar el déficit. Si la refinanciación merma, se podrían ver consecuencias sobre la brecha con su consecuente impacto sobre los precios domésticos”, mencionó la consultora del ex viceministro de Economía Emmanuel Álvarez Agis.

Por su parte, LCG indicó que “en 2023 las necesidades financieras en pesos del Tesoro ascienden a 11,6% del PBI. Esto incluye vencimientos de capital e intereses por 9,7% del PBI por la deuda emitida hasta el momento y un déficit primario de 1,9% PBI según lo comprometido con el FMI”.

Y especificó que “las fuentes de financiamiento por fuera del mercado no abundan, podrá contar solo con el financiamiento intra sector público por aproximadamente 0,8% del PBI y el margen de emisión vía Adelantos Transitorios habilitado en el acuerdo con el FMI (0,6% PBI)”, detalló LCG.

De todas formas, una cuenta global refleja que “a priori la brecha a financiar es de 10,2% del PBI (unos $16 billones). Sin embargo, la nueva deuda emitida para cubrir esta brecha devengará también intereses dentro del mismo año: asumiendo una tasa de colocación del 80% TNA, esto implicará sumar intereses por otro 4,1% del PBI en 2023. Así, en total, el Tesoro deberá rollear los vencimientos en 1,5 veces”, concluyó la consultora.

Indicadores sociales
La dinámica de los indicadores sociales en un año de elecciones presidenciales también será mirado de cerca por parte del Gobierno nacional. Los números de desempleo se mantienen en mínimos en tres décadas pero con una situación de avance de la precariedad laboral. El salario real, si bien terminaría en términos promedio con una mejora en 2022, tiene como sector más postergado a los empleados informales, que pierden por una buena distancia contra la inflación.

Sobre el mercado laboral el año que comienza, la consultora LCG estimó que “para 2023 sin un crecimiento económico que traccione no esperamos mejoras en este mercado”. “Entendemos que la oferta laboral seguirá estando en máximos a partir de la necesidad de los hogares de complementar ingresos dada la caída sostenida del poder adquisitivo”, consideró.

“Por otro lado, el escenario de continuidad con administración de las restricciones atenta directamente contra la inversión y por ende contra la creación genuina de empleo. En este contexto, no esperamos grandes cambios, salvo que el mero crecimiento vegetativo sin una creación de empleo paralela impondrá una suba de la tasa de desempleo, que estimamos volverá a ubicarse por encima del 8%”, concluyeron.

Fuente: Infobae

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