Entre el triunfalismo político y una realidad que sigue igual

OPINIÓN Por Carlos Zimerman

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Por Carlos Zimerman

Hay algo que conviene decir, aunque a algunos políticos no les guste escucharlo: los Juegos Suramericanos son un acontecimiento deportivo importante, pero no son la solución mágica para los problemas de Rafaela.

Y mucho menos han producido esa supuesta revolución económica y social que algunos discursos oficiales parecen querer instalar.

Desde R24N apoyamos los Juegos, celebramos que Rafaela sea sede y valoramos que la ciudad pueda recibir delegaciones, deportistas y visitantes de distintos países. Todo eso está muy bien. El deporte siempre es una buena noticia.

Pero una cosa es apoyar un acontecimiento deportivo y otra muy distinta es prenderse a una ola triunfalista que pretende convertir los Juegos en una especie de antes y después de la historia de Rafaela.

Y ahí aparece la exageración.

Porque basta caminar por la ciudad, hablar con los vecinos y conversar con los comerciantes para advertir que la realidad cotidiana está bastante lejos de esa fiesta permanente que algunos discursos oficiales pretenden mostrar.

Los comerciantes consultados por R24N fueron claros: las ventas no se dispararon ni mucho menos. Hubo movimiento, por supuesto. Hay visitantes, deportistas, familias y circulación de gente. Pero de ahí a sostener que los Juegos produjeron una explosión económica extraordinaria hay una distancia enorme.

No hace falta ser economista para entenderlo.

Si los negocios de la ciudad no están registrando un cambio sustancial en sus ventas, habrá que preguntarse dónde está ese supuesto derrame económico gigantesco del que algunos hablan.

Porque la política tiene una vieja costumbre: cuando llega un acontecimiento importante, rápidamente aparecen funcionarios dispuestos a adjudicarse todos los beneficios posibles.

Y Leonardo Viotti y Maximiliano Pullaro no parecen escapar de esa lógica.

Los discursos grandilocuentes hablan de legado, transformación, proyección internacional y oportunidades históricas. Todo muy lindo. Todo muy atractivo. Todo muy políticamente rentable.

Pero mientras se pronuncian esos discursos, Rafaela sigue teniendo los mismos problemas de siempre.

La inseguridad no desapareció.

Los accidentes de tránsito tampoco.

Los problemas de higiene siguen presentes.

Las calles continúan llenas de baches y, en muchos sectores, los pozos parecen agrandarse con cada semana que pasa.

Y no hay evento deportivo, escenario, medalla ni ceremonia que pueda tapar esa realidad.

Los Juegos duran unos días. Los problemas de los rafaelinos duran todo el año.

Ese es el punto que no hay que perder de vista.

No estamos diciendo que los Juegos sean inútiles. Todo lo contrario. Pueden dejar infraestructura, experiencia organizativa, vínculos deportivos y una imagen positiva de la ciudad. Ojalá así sea.

Pero una cosa es el legado que eventualmente pueda quedar y otra muy diferente es utilizar el evento como una gigantesca operación de marketing político.

Porque mientras algunos se sacan fotos, cortan cintas y hablan de una Rafaela que supuestamente está entrando en una nueva era, hay vecinos que siguen esperando respuestas concretas sobre cuestiones mucho más elementales.

Quieren caminar por calles en condiciones.

Quieren circular sin jugarse la vida en cada esquina.

Quieren una ciudad limpia.

Quieren sentirse seguros.

Quieren que los impuestos que pagan se traduzcan en servicios municipales eficientes.

Eso también es gestión.

Y, posiblemente, sea bastante menos glamoroso que recibir una delegación extranjera o aparecer en una ceremonia deportiva.

El problema es que gobernar no consiste solamente en organizar eventos. Gobernar consiste, fundamentalmente, en resolver problemas.

Por eso sería bueno que después de los Juegos se apaguen las luces, se desmonten los escenarios, vuelvan los deportistas a sus países y la política deje de vivir de la fotografía.

Porque entonces Rafaela volverá a mirarse al espejo.

Y ahí van a seguir estando los pozos, la inseguridad, los accidentes, la suciedad, los problemas del tránsito y todas esas cuestiones que ningún discurso triunfalista puede hacer desaparecer.

No necesitamos populismo barato.

Necesitamos gestión.

Necesitamos funcionarios que trabajen.

Necesitamos soluciones.

Los Juegos son muy lindos. Hay que disfrutarlos y apoyarlos.

Pero la vida de los rafaelinos no va a cambiar para siempre porque se haya disputado una competencia deportiva. Va a cambiar cuando el Estado municipal empiece a resolver, de una vez por todas, los problemas concretos de la gente.

Todo lo demás puede ser espectacular para la televisión.

Pero para el vecino que tiene que esquivar un pozo, teme que le roben o ve cómo se acumula la basura frente a su casa, lamentablemente, sigue siendo inocuo.

Y convendría que la política lo entienda.

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