Juan Carlos de Pablo advirtió sobre el riesgo de una “enfermedad holandesa” por la llegada masiva de dólares

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • Juan Carlos de Pablo alertó sobre el riesgo de una posible enfermedad holandesa en Argentina.
  • El economista vinculó ese fenómeno con la creciente llegada de dólares provenientes de la energía y el agro.
  • Vaca Muerta permitió que el país volviera a registrar superávit en el sector energético.
  • La cosecha proyectada de 160 millones de toneladas refuerza el ingreso de divisas por exportaciones.
  • El Banco Central busca absorber parte de los dólares para evitar desequilibrios cambiarios.
  • El desafío económico pasa por administrar la abundancia de divisas sin afectar la competitividad productiva.

La economía argentina atraviesa una transformación que hasta hace pocos años parecía improbable. Luego de décadas marcadas por la escasez de divisas y las recurrentes crisis cambiarias, el país enfrenta ahora un escenario opuesto: una creciente abundancia de dólares impulsada por el auge energético y la recuperación del sector agropecuario. En ese contexto, el economista Juan Carlos de Pablo alertó sobre la posibilidad de que Argentina experimente un fenómeno conocido como “enfermedad holandesa”, una situación en la que el exceso de divisas termina generando desequilibrios en la estructura productiva.

El concepto hace referencia a un episodio ocurrido en los Países Bajos durante la década de 1960, cuando el descubrimiento de importantes yacimientos de gas en el Mar del Norte produjo una fuerte entrada de dólares. Lejos de convertirse únicamente en una ventaja, aquel proceso provocó una apreciación de la moneda local que redujo la competitividad de numerosos sectores industriales frente a los productos importados.

Según De Pablo, la Argentina comienza a reunir condiciones similares. El economista sostuvo que el país atraviesa una etapa en la que las fuentes de ingreso de divisas se multiplican y generan una presión creciente sobre el mercado cambiario.

Uno de los factores centrales detrás de este fenómeno es el desarrollo de Vaca Muerta. La expansión de la producción de petróleo y gas permitió revertir una situación que durante años fue considerada una debilidad estructural. Después de convertirse en importador neto de energía, el país volvió a registrar superávits en el sector y a consolidarse como un exportador relevante.

La transformación energética se complementa con el desempeño del agro. Las proyecciones productivas para la actual campaña ubican la cosecha total en torno a las 160 millones de toneladas, uno de los niveles más elevados de la historia. Esa producción se traduce en un fuerte incremento de las exportaciones y, en consecuencia, en una mayor oferta de dólares para la economía.

Para De Pablo, la combinación entre el crecimiento energético y el récord agrícola genera una situación inédita. El flujo de divisas provenientes de ambos sectores fortalece el frente externo, pero al mismo tiempo plantea nuevos desafíos para la política económica.

En ese marco, el Banco Central aparece como uno de los actores clave. Según explicó el economista, la autoridad monetaria viene interviniendo para absorber parte de esos dólares y evitar que la abundancia de oferta genere efectos indeseados sobre el tipo de cambio y la competitividad de otros sectores productivos.

La estrategia oficial también contempla una acumulación de reservas que permita fortalecer la posición financiera del país de cara a los próximos años. Desde la visión de De Pablo, el Gobierno aprovechó la mejora del contexto externo para construir un colchón de liquidez que le permita afrontar eventuales episodios de volatilidad.

El economista destacó que las condiciones actuales presentan desafíos diferentes a los de décadas anteriores. Mientras durante gran parte de la historia reciente el principal problema consistía en conseguir dólares suficientes para sostener la actividad económica y cumplir compromisos financieros, ahora el interrogante pasa por administrar adecuadamente una oferta creciente de divisas.

Otro aspecto que, según De Pablo, evidencia el cambio de escenario es la evolución de la inflación. El analista consideró que los niveles actuales se encuentran muy por debajo de los registros que caracterizaron a los años recientes y sostuvo que la discusión económica ya no gira exclusivamente en torno a la aceleración de precios.

Aun así, advirtió que la abundancia de dólares no garantiza por sí sola un desarrollo equilibrado. El riesgo de una apreciación excesiva del peso podría afectar a sectores que compiten con importaciones o que dependen de mercados externos para colocar su producción.

Respecto de las perspectivas políticas, el economista se mostró optimista sobre las posibilidades electorales del oficialismo hacia 2027. Sin embargo, remarcó que las decisiones empresariales deberían basarse en análisis concretos de rentabilidad, costos y riesgos, más allá de las especulaciones vinculadas al futuro político.

La advertencia de De Pablo pone sobre la mesa un debate poco habitual en la Argentina contemporánea. Después de años en los que la falta de dólares fue uno de los principales obstáculos para el crecimiento, la economía enfrenta ahora el desafío inverso: administrar una creciente bonanza de divisas sin que esa fortaleza termine debilitando la competitividad de otras actividades productivas.

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