Cobre: la Argentina busca convertir sus reservas en dólares

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • El cobre se convirtió en un insumo estratégico para la electrificación y las nuevas tecnologías.
  • La Argentina posee importantes yacimientos, pero no produce cobre a gran escala desde 2018.
  • Las exportaciones mineras alcanzaron un récord de 4.742 millones de dólares durante el primer semestre de 2026.
  • Los proyectos cupríferos serán determinantes para alcanzar las proyecciones de crecimiento de las exportaciones mineras.
  • El RIGI y el aumento de la inversión extranjera reflejan un mayor interés por el potencial minero argentino.
  • La exploración, la infraestructura, los proveedores y la coordinación federal aparecen como desafíos centrales para desarrollar el cobre.

El cobre volvió a ocupar un lugar central en la minería mundial y la Argentina aparece ante una oportunidad que podría modificar la escala de su actividad extractiva. La expansión de las redes eléctricas, los autos eléctricos, los centros de datos, la inteligencia artificial, las energías renovables y los sistemas de almacenamiento incrementan la demanda de un metal considerado estratégico para la economía vinculada con la electrificación.

El escenario internacional plantea una tensión entre una demanda creciente y una oferta que requiere largos períodos de maduración. Una mina de cobre puede demandar décadas entre la exploración inicial y el comienzo de la producción, mientras que las nuevas tecnologías avanzan a un ritmo mucho mayor. Las proyecciones del sector estiman que el mundo necesitará 70% más cobre hacia 2050.

La Argentina parte de una situación particular. Cuenta con yacimientos considerados de clase mundial, pero no produce cobre a gran escala desde el cierre de Bajo de la Alumbrera, en 2018. La posibilidad de recuperar ese perfil productivo depende ahora de una cartera de proyectos que incluye desarrollos como Vicuña, Los Azules, Taca Taca y El Pachón.

El crecimiento minero argentino ya comenzó a reflejarse en las exportaciones. Durante el primer semestre de 2026 alcanzaron los 4.742 millones de dólares, con el oro como principal producto y el litio en segundo lugar. Sin embargo, el cobre todavía no forma parte de los embarques y allí aparece uno de los principales desafíos para transformar el crecimiento actual en un salto de escala.

Las proyecciones plantean una expansión significativa. La Argentina podría pasar de exportaciones mineras por unos 10.000 millones de dólares en 2026 a 18.500 millones en 2030 y más de 35.000 millones en 2035. Para alcanzar esos niveles, el avance de los proyectos cupríferos será determinante.

El país tiene actualmente una cartera amplia, aunque concentrada en distintas etapas de desarrollo. Entre los proyectos en factibilidad aparecen cinco vinculados con el cobre, mientras que otro se encuentra en prefactibilidad y 21 están en exploración. La cuestión central, por lo tanto, consiste en transformar esos proyectos en emprendimientos productivos.

El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones aparece como una de las herramientas destinadas a atraer capital. De los proyectos presentados bajo ese régimen, una parte importante corresponde a la minería. Al mismo tiempo, la inversión extranjera directa minera también aumentó y alcanzó un stock de 24.849 millones de dólares en marzo de 2026.

La experiencia de Chile y Perú aparece como referencia para la Argentina, aunque con modelos diferentes. Chile logró construir una industria de gran escala combinando recursos minerales, inversión, infraestructura, instituciones especializadas y reglas sostenidas. Perú desarrolló una estructura con fuerte participación privada y mecanismos específicos para captar parte de la renta minera y distribuir recursos entre distintas regiones.

La Argentina todavía enfrenta obstáculos. La exploración resulta limitada en comparación con sus vecinos y existen diferencias importantes en infraestructura, permisos, coordinación entre jurisdicciones y desarrollo de proveedores. El desafío no consiste únicamente en atraer a las grandes compañías, sino también en construir el entramado industrial capaz de acompañar los proyectos.

Una mina genera demanda de caminos, energía, transporte, construcción, servicios, mantenimiento, logística y equipamiento. Por eso, el desarrollo cuprífero podría extender sus efectos más allá de la extracción. El sector proyecta decenas de miles de empleos directos y una cantidad considerablemente mayor de puestos vinculados indirectamente con la actividad.

El cobre, finalmente, plantea una discusión que excede el precio internacional del metal. La Argentina dispone de recursos y proyectos, pero necesita convertir esa ventaja geológica en producción sostenida. Para hacerlo deberá combinar inversiones, infraestructura, exploración, proveedores competitivos, reglas previsibles y coordinación entre el Estado nacional y las provincias.

La oportunidad internacional ya está planteada. El desafío argentino consiste en determinar si podrá transformar sus recursos de cobre en producción, exportaciones, empleo y divisas durante los próximos años.

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