Los beneficios nutricionales de las semillas de calabaza

SALUD Y NUTRICIÓNAna COHENAna COHEN

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Pequeñas, fáciles de incorporar a distintas comidas y con un perfil nutricional interesante, las semillas de calabaza se destacan por su contenido de proteínas vegetales, grasas insaturadas, fibra y minerales como el magnesio, zinc, hierro y potasio.

Sin embargo, que un alimento sea nutritivo no significa que pueda consumirse sin límites. En el caso de las semillas de calabaza, la cantidad es importante debido a su elevada densidad calórica.

Una porción de alrededor de 30 gramos puede ser una forma práctica de incorporarlas a la alimentación cotidiana. La cantidad exacta de nutrientes varía según el tipo de semilla, si tiene cáscara, el procesamiento y la marca.

Una pequeña porción concentra proteínas, grasas y minerales

Las semillas de calabaza aportan una combinación de nutrientes que explica su lugar dentro de una alimentación variada. Entre sus componentes se encuentran proteínas vegetales, ácidos grasos insaturados, fibra, magnesio, zinc, hierro y potasio.

Uno de sus minerales más destacados es el magnesio, un nutriente que interviene en numerosas funciones del organismo, entre ellas el funcionamiento muscular y nervioso, la producción de energía y diferentes procesos metabólicos.

Además, las semillas contienen grasas insaturadas, que forman parte de un patrón de alimentación asociado con beneficios para la salud cardiovascular cuando reemplazan fuentes de grasas saturadas.

Su contenido de proteínas y fibra también puede contribuir a generar mayor sensación de saciedad, especialmente cuando se incorporan junto con otros alimentos nutritivos.

Qué relación tienen con el colesterol

Las semillas de calabaza contienen fitoesteroles, compuestos de origen vegetal cuya estructura es similar a la del colesterol. Estos pueden competir con el colesterol por su absorción en el intestino.

La evidencia disponible indica que los fitoesteroles pueden contribuir a reducir el colesterol LDL, aunque los efectos observados en estudios clínicos dependen de la cantidad consumida y de la fuente. Una revisión reciente de estudios y metaanálisis encontró reducciones moderadas del LDL con el consumo de fitoesteroles, mientras que otras fuentes señalan que las cantidades utilizadas para lograr estos efectos suelen alcanzarse mediante alimentos enriquecidos o suplementos.

Por eso, no debe interpretarse que comer una pequeña porción de semillas de calabaza por sí sola reduce el colesterol de manera significativa. Su aporte puede formar parte de un patrón alimentario saludable, pero no reemplaza el tratamiento indicado para una persona con colesterol elevado.

Por qué es importante controlar la cantidad

Uno de los principales aspectos a tener en cuenta es su densidad energética. Las semillas concentran una cantidad importante de calorías en un volumen pequeño debido, principalmente, a su contenido de grasas.

Esto hace que sea fácil comer más de lo previsto cuando se consumen directamente desde el paquete. Por eso, medir la porción antes de comerlas puede ayudar a controlar la cantidad total de energía incorporada.

Una porción de aproximadamente 30 gramos puede agregarse a una ensalada, un yogur, una sopa, una crema de verduras o una granola casera sin necesidad de utilizar grandes cantidades.

Mejor naturales o tostadas sin exceso de sal

El procesamiento también merece atención. Las semillas tostadas y saladas pueden contener cantidades considerables de sodio, por lo que quienes necesitan controlar su consumo de sal pueden optar por versiones naturales o tostadas sin sal agregada.

Además, consumir una cantidad muy grande de semillas de una sola vez puede generar pesadez o molestias digestivas, especialmente en personas que no están acostumbradas a ingerir grandes cantidades de fibra y grasa.

Cómo incorporarlas a la alimentación

Las semillas de calabaza son versátiles y pueden utilizarse tanto en preparaciones dulces como saladas. Algunas opciones sencillas son:

  • Agregar una porción a ensaladas para sumar textura y nutrientes.
  • Incorporarlas a yogures o avena.
  • Utilizarlas en granolas caseras.
  • Añadirlas a sopas y cremas de verduras.
  • Incorporarlas a panes y otras preparaciones caseras.

En definitiva, las semillas de calabaza pueden ser un alimento nutritivo dentro de una alimentación equilibrada, especialmente por su aporte de proteínas, grasas insaturadas, fibra y minerales.

La clave está en incorporarlas en porciones moderadas, preferentemente sin exceso de sal y como parte de una dieta variada, en lugar de considerarlas un alimento capaz de producir por sí solo efectos terapéuticos.

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